Jueves, agosto 18, 2022
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El Pico por la Norte

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que cuál sea su destino”

Alexander Von Humboldt

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Esta es una historia que merece ser contada, porque ahí, en el Citlaltepetl a 5,747 msnm, 4 hombres y una mujer fueron valientes; Paco, Pablo, Amanda, René y este humilde redactor. Corría la madrugada del domingo en las faldas del Pico de Orizaba, rasgaban las dos de la madrugada, sonaban las alarmas, aunque para ser honestos, no duermes muy profundo en un campamento; te sales de la bolsa de dormir, estás en la casa de campaña y de inmediato te golpea el frío, te sumas capas de ropa, al menos dos; comienzas a preparar tu mochila, comes algo, la fisiología apremia y te hace salir de ese pequeño refugio.

Afuera el cielo esta estrellado, un cielo así ya no puede verse desde la ciudad, tienes la sensación de que la noche se ha estacionado en la montaña y que se volvió infinita; quisiera saber de las estrellas para poder reconocerlas. Empiezas a ver luces en la ladera de la montaña, otros montañistas ya están subiendo; a pesar de ello, en el camino no nos cruzamos con nadie.

Para subir El Pico por la ruta Norte podemos distiguir dos secciones, la primera que consta de una vereda poco visible entre enormes montoculos de rocas, tan altos como edificios, esta se extiende desde el albergue de Piedra Grande hasta “el hombro”; y la segunda,  desde “el hombro” atravezando el glaciar de Jamapa hasta la cumbre. Antes de llegar al hombro existe una zona conocida como “los laberintos” donde es muy fácil perder el camino y extraviarse, además, se trata de una caminata bastante técnica, pues ímplica diferentes tipos de suelo, ya sea de rocas, arenisca, algunas zonas con nieve y otras con hielo. Al regreso, los laberintos nos harán ver nuestra suerte.

Al filo de las 3:00 am emprendemos la marcha, estamos a  -14° centigrados; la caminata es constante pero cada paso nos agota; este es un momento importante ¿cuándo detenerte? En condiciones normales cualquier deportista que se agota, se detiene, toma un respiro y valora si continua; en la montaña no hay muchas oportunidades para detenerse, si descansas no puede ser por mucho tiempo, la tempratura es tan baja que te puede dar hiportermia, lo que significa que tu cuerpo pierde calor más rápído de lo que produce, así que las paradas son contadas; llegamos al hombro al filo de las 7:00 de la mañana, hemos visto clarear el alba. Aquí en el hombro hacemos una parada larga para revisar suministros, comer algo, hidratarnos y ponderar nuestras posibilidades hacía la cumbre.

René nos dirige, él es el más fuerte de todos,  saca la cuerda, para caminar sobre el glaciar íremos en cordada; es decir, nos amarraremos los unos a los otros en grupos de maximo 3 y minimo 2; con 5 metros de distancia unos de otros; en la montaña tu vida depende de tu cordada, si alguien tropieza o resbala los demás harán las maniobras de autodetención para poder frenarlo. En ninigún otro deporte, depositas la vida en manos de tu compañero. Nos encordamos, estoy nervioso, esto es un sueño, pero nadie te dice que los sueños no son color de rosa. 

Con el equipo completo comenzamos a formarnos guantes,  botas, crampones, areneras, arneses, chamarras, casco y piolet. René se pone al frente, señala la cumbre, sí, desde el hombro se ve la cumbre, se ve tan cerca que parece que la puedes acariciar; no obstante, se dirige a nosotros: serán alrededor de 3 horas de camino, nos va a costar, no podemos detenernos en mitad del glaciar, si logramos llegar a la cima, van a saber que todo valió la pena y celebraremos. Así que paso a paso, comenzamos a avanzar hacia arriba, hacia la cumbre; no es mucho lo que puedo recordar, pero algo que tendré presente toda la vida es que en una ocasión estando comiendo todos juntos, nos preguntamos ¿por qué hacemos esto? Un poco a broma, un poco a interrogante profunda. 

El montañismo es un deporte costoso, costoso en equipo y costoso en esfuerzo, no es algo que practiques por casualidad, es un encuentro; y el de cada uno ha sido tan diferente que no existe una sola respuesta a ¿Por qué hacemos esto? Pero en mitad del glaciar, cuando mis pies ya no podían más, cuando no sabia si tenia sed, hambre, agotamiento o mal de montaña; resonaron en mi estás palabras: es tu sueño, alcanzalo, ahí lo tienes, tómalo, vive tu propio sueño, vuélvete realidad.

Los ojos se te llenan de lagrimas, los psicologos dicen que es una forma de agradecimiento, y le damos las gracias a la montaña, por dejarnos estar ahí, por dejarnos mirar, respirar y sentir; esta es la mejor parte, la plenitud. Ya estás mas cerca, quieres que se termine, pero no quieres que se termine, quieres llegar pero el camino también es épico; un paso a la vez, respiras, das otro paso, sigues a tu cordada, y entonces ya no hay más camino hacía arriba. Estás en la cumbre, cumpliste tu sueño, estás ahí con tus mejores amigos, te abrazas, te felicitas, te sientes vivo. Entiendes que todas esas emociones que experimentaste sobre la marcha, se funden y el resultado es felicidad. 

Estamos en el techo de México, subimos el Citlaltepetl, Paco nos regala un caballito con cognac ¿se les ocurre algo mejor para ese momento? descansamos, hoy nos sentimos mejor que nunca, no hay dudas, todo se nos muestra tan claro, le preguntaste a la montaña y la montaña respondió; ahora todos los pasos andados y el deseo de claudicar, tienen sentido, te has sobrepuesto a ti mismo; es curioso, tu cuerpo esta agotado, pero tu mente es más fuerte, porque pudiste abandonar, pero seguiste adelante. 

Alrededor del medio día comenzamos el decenso; volvemos el camino andado, se debe tener precaución, los accidentes ocurren frecuentemente en los decensos, porque uno baja la guardia; así que vamos muy concentrados hasta llegar al albergue; esta oscureciendo cuando llegamos, detrás de nosotros esta el Citlaltepetl; parece increible ¿me pregunto si todo esto ocurrió en realidad?

Somos el Club de Montaña Ixpomalin, siguenos en redes sociales:

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