Lunes, agosto 2, 2021

El panista que devolvió la presidencia al PRI y desertó de AN vino a apoyarlos a Puebla

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Felipe de Jesús Calderón Hinojosa volvió de súbito a la vida partidista en Acción Nacional. Ayer el panista, quien tras dos sexenios le devolvió la presidencia de la República al PRI, estuvo en Puebla para pedir el voto a favor del tricolor, del albiazul -al que abandonó hace dos años y medio-, del PRD -que en 2006 tomó la Cámara de Diputados en un intento de impedirle la asunción al Poder Ejecutivo-, y de los partidos locales que fundó el fallecido gobernador de negra memoria Rafael Moreno Valle Rosas.

Las cosas han cambiado mucho desde que el PAN era el partido todo poderoso en México y eso se notó este miércoles en la casa de campaña de Eduardo Rivera Pérez, el candidato de la Alianza Va por Puebla al que el michoacano vino a apoyar exprofeso.

Será cosa de la epidemia, que obliga protocolos de recato, o la lejanía del poder y el erario, pero en el cuartel general del abanderado opositor se extrañó la característica enjundia de las huestes derechistas, similar al ambiente festivo de los grupos católicos que preparan para la primera comunión, pero empleada en tareas proselitistas que vuelven a buscar la realización de la “patria generosa”, esa que no pudieron forjar a lo largo de 12 años y ahora lloran.

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Antes el enemigo jurado del panismo era el priismo, pero ahora el enemigo de mi nuevo enemigo es mi amigo e incluso militantes, dirigentes y candidatos de Acción Nacional admiten a los rijosos que otrora llamaban despectivamente “tribus”, como si fueran también sus hermanos amarillos, sus hermanos del PRD.

Cual si estuviera regresando a la vigilia, Felipe Calderón inicia su discurso admitiendo que está fuera de forma y luego menciona lo extraña que resulta esta amalgama electoral opositora, pero la considera como signo de los tiempos y recurre a la ligera demagogia de decir que es necesaria porque México padece la “dictadura” (sic)  de Andrés Manuel López Obrador.

El expresidente dedica apenas unos minutos de su arenga a Eduardo Rivera y los postulantes a diputaciones que lo acompañan. Sus palabras se ocupan principalmente en tratar de convencer que su gobierno fue mejor que el del tabasqueño e incluso sale en defensa de su ex correligionario, Vicente Fox Quesada, y del priista, Enrique Peña Nieto, asegurando que sus administraciones fueron superiores a la que cursa.

Hay aplausos, sí, pero son breves y hasta parecen calculados, tanto que destaca el entusiasmo con el que choca manos Xitlálic Ceja, conspicua militante del PRI, al que un par de veces se le escapan las palmas como si identificara en el panista al líder que falta en su partido.

De vez en cuando Ana Teresa Aranda Orozco trata de imprimirle al acto el toque que la casa tuvo en los tiempos idos, aclamando a Calderón y al resto de los oradores, pero nadie la sigue. Terminada la arenga, Guadalupe Leal, otra candidata a una curul, grita: “¡democracia!”, pero se queda sola en el clamor.

Al final panistas, priistas, perredistas y anexos se juntan para la foto de familia con Calderón.

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