Domingo, abril 11, 2021

El mal fin del buen fin

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La medicina representa una profesión en la se entrelazan la ciencia y el arte en una forma verdaderamente exquisita. Además de la destreza diagnóstica, que depende de muchos factores que se expresan en una forma mucho más extensa que el simple acúmulo de conocimientos, es determinante ejercer un tacto especial para poder establecer procesos de comunicación que van mucho más allá de las palabras, utilizando prácticamente todos los sentidos.

Para que un médico sea considerado verdaderamente completo, debe de practicar la asistencia, es decir, tratar enfermos; debe de establecer procesos de enseñanza, si no es con alumnos, es necesario que sea con sus propios pacientes; requiere estar sometido cotidianamente a procesos de aprendizaje por medio de lecturas y experiencias, pero, sobre todo, debe de estar constantemente participando en investigar para poder mejorar la calidad de juicios.

En este momento, todos los médicos estamos sometidos a un proceso de presión de un carácter extraordinariamente complejo, a nivel mundial. La pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2 que es la causante de la Covid-19 nos tiene en una polarización de un carácter verdaderamente ilimitado, incalculable, cuantioso y sobre todo de alta confrontación. Nos debatimos entre decisiones que se revuelven entre lo científico y lo empírico, con el terrible dilema de “qué hacer”, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) plantea que no hay tratamientos específicos para esta enfermedad que se hayan comprobado eficaces y al mismo tiempo, una ilimitada información en redes sociales (no necesariamente de carácter serio) que proponen remedios que van desde el “Dióxido de Cloro” del que por cierto, nunca he leído un buen documento científico con una prueba aleatorizada de casos y controles (esto no lo entiende el común de la gente) y sin embargo, en una forma absurdamente empírica, sé de médicos que lo recomiendan sin que imaginen ni siquiera remotamente, cómo es que pudiese tener un efecto antiviral, con un desconocimiento absoluto de la microbiología y la virología.

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Nos encontramos en un momento en el que gradualmente percibo al SARS-CoV-2 cada vez más cerca. No solamente me entero de conocidos enfermos sino de un número creciente de fallecimientos que incluyen  individuos aparentemente con bajas probabilidades de complicarse. Gente joven que no cuenta con los factores de riesgo que se habían considerado como altos. Individuos que en una forma extraordinariamente rápida, pasan a formar parte de esas escalofriantes cifras de fallecidos.

Nunca he ido a un centro comercial para buscar ofertas en el denominado “buen fin” que es una copia mal hecha y diametralmente opuesta a la que se lleva a cabo en Estados Unidos, donde he sabido que efectivamente se llevan a cabo descuentos reales de una gran variedad de artículos, en donde sobresale la venta de ropa. En México, ante las condiciones económicas de las que resalta la falta de liquidez, se proponen una serie de estrategias mercadotécnicas dentro de las que destacan, en primer lugar, los pagos con tarjetas de crédito a meses sin intereses o mentiras como errores comunes en las que por traspiés en los puntos decimales de ciertos productos, se adquieren objetos a precios risibles. Este engaño convoca a cantidades de personas que son seducidas, pensando en hallar esas equivocaciones, en las que yo definitivamente no creo.

Lo peor del caso es que si a esta oportunidad de compra se le denomina buen fin, es porque se debe de circunscribir a un fin de semana con apertura de tiendas por horas que sobrepasan con mucho los horarios comunes y corrientes, haciendo ventas nocturnas.

Este año, aprovechando el “puente largo” y considerando la pandemia por SARS CoV-2, se abrieron grandes almacenes durante 11 días, lo que implicó una aglomeración de gente por un periodo particularmente largo. No es difícil imaginar que el incremento de casos por la Covid-19 tuvo como factor importante este fenómeno, que se ajusta en una serie de evidencias enmarcadas por una crisis económica que limitará las opciones de pagos mensuales con un endeudamiento impredecible en su magnitud pero definitivo en el pronóstico.

Desde mi punto de vista, debió haberse detenido este año la venta de esos centros comerciales y así, por supuesto, estaríamos enfrentando menos casos de los que se van dando ahora. No nos queda otra más que recrudecer las medidas de aislamiento y distanciamiento social, conscientes de que este año tuvimos un “mal fin”, surgido de un absurdo, ilógico, desatinado e inadmisible “buen fin”.

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