El INE se hace… trampa

El viejo régimen se reíste a desaparecer, se atrinchera en los organismos autónomos, no para servir al país, sino para servirse de ellos y militar contra la 4T. Uno de esos organismos es el Instituto Nacional Electoral (INE), participante activo en dos de los más grandes fraudes electorales habidos en el país (2006 y 2012) y que ha mantenido una actitud beligerante contra el gobierno de la República desde que se negaron a asumir la austeridad republicana, argumentando su autonomía para conservar sus agraviantes y obscenos sueldos.

El INE, controlado por Lorenzo Córdova, ha cometido un nuevo fraude a la democracia, ahora contra sí mismo al reelegir, el 6 de febrero, a Edmundo Jacobo Molina como secretario ejecutivo por seis años más, con lo que este burócrata, que concluirá su segunda gestión el 10 de abril, sumaría 18 años en ese puesto.

Pero, ¿por qué la prisa de Córdova para adelantar la elección de su fiel servidor que lo ha acompañado a lo largo de su gestión y lo sobrevivirá si el golpe se consuma? De los 11 consejeros integrantes del INE, el próximo 3 de abril cuatro de ellos (Pamela San Martín, Marco Antonio Baños, Enrique Andrade y Benito Nacif), concluyen su encargo y la Cámara de Diputados habrá de elegir, a más tardar el 31 de marzo, a quienes los sustituyan para tomar posesión el tres de abril, de manera que ya participarían en la elección de nuevo secretario ejecutivo. De ahí el albazo.


El procedimiento de elección, que se inicia esta semana, se realiza en la Cámara de Diputados y se necesita mayoría calificada (dos tercios de los asistentes a la asamblea plenaria) para elegir a los nuevos consejeros. Los candidatos son propuestos por un Comité Técnico que evaluará a cada uno de ellos y los presentará al pleno de la Cámara. El Comité lo integran siete personas: tres, propuestas por los diputados; por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y, dos, por el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información.

La burocracia del INE teme que los nuevos consejeros escapen al control de Córdova, quien ya enfrentó el rechazo del consejero Roberto Ruiz Saldaña, quien se opuso al adelanto de la reelección de Jacobo, de manera que decidió no correr riesgos y elegir, apresuradamente a un burócrata de confianza que le permita a Córdova tener injerencia en el instituto cuando deje la presidencia.

Es de esperar que la elección inicie la recuperación del carácter ciudadano del INE y vuelva a ser lo que en sus prometedores inicios fue: el garante de la democracia electoral. Para ello, la elección deberá ser transparente, abierto y apegado a la ley, y lograr perfiles independientes, honestos, y si tienen experiencia mejor. Pero más allá de a quienes se elija, dice el astillero, Julio Hernández, “lo que sí es seguro, es que el modelo faccioso y proclive al fraude electoral del IFEINE está por cambiar, al igual que directivas ejecutivas como la que hoy encabeza Lorenzo Córdova.” Así sea.