Viernes, agosto 19, 2022

El Gran Varón

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En esta entrega debo reconocer varios pecados, unos graves y otros no tanto. Primero que nada, debo decir que apenas hace unos días escuché con atención la canción “El Gran Varón”, escrita por Omar Alfanno e inmortalizada por el enorme Willie Colón. Es decir, la había escuchado una infinidad de ocasiones, la he bailado -o he intentado hacerlo-, e incluso he entonado el coro: “no se puede corregir, a la naturaleza; palo que nace doblado, jamás su tronco endereza”. Pero en realidad nunca había puesto atención a la letra. Pecado terrible, aunque no grave, pienso. El otro pecadillo que debo reconocer es que de salsa sé en verdad muy poco. Puedo identificar a grandes artistas como Willie Colón o Rubén Blades, pero hasta ahí llegaba mi conocimiento del tema. Para ser de un país donde se baila y donde se baila mucha salsa, eso también es un pecado. Pero, a final de cuentas, tampoco es tan grave. Lo grave, eso sí, es la siguiente confesión: reconozco que una buena parte de mi vida fui homofóbico, pecado, creo, que es profundamente grave. En efecto, fui formado en una familia y en una sociedad esencialmente patriarcal, clasista, racista y con tintes homofóbicos (a veces abiertos, a veces ocultos). Recuerdo que mi abuelita daba gracias a Dios de que ninguno de sus hijos le había “salido” homosexual. Hasta dónde sé, ninguno de mis parientes cercanos se ha definido homosexual, pero puedo asegurar que más de uno en la familia los criticaría si lo hicieran. Es más, espero que, si alguno o alguna decide asumir alguna preferencia distinta a la heterosexual, sea bisexual, no binaria, homosexual o lo que sea, podamos nosotros como familia, estar a su altura. Pero, por mi historia de vida, pienso que no les será tan fácil.

Por mi parte, he de decir que creo haber superado tan detestable fobia y hoy soy partidario de que cada uno haga con su vida lo que le venga en gana. Estoy a favor del matrimonio igualitario, del cambio de identidad y de sexo, de lo binario y no binario, de la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, del derecho a decidir y una larga lista que va relacionada con las personas, así, sin clasificaciones. Lo repito, para que quede claro, estoy a favor de las personas. Creo que el meollo del asunto se encuentra en lo que consideramos lo normal. Ana Gabriela Márquez Aquino en su ensayo llamado “Discursos sobre el cuerpo monstruoso en Errata [todos los puntos del bordado] de Nicté Toxqui (polifonía de Bajtin)”, después de hacer una breve descripción histórica de la concepción del cuerpo y la concepción de lo normal y lo anormal (principalmente desde los griegos) hasta llegar a la voz de la ciencia que construye y respalda estos conceptos, afirma que  “no solo los discursos médicos legitiman lo anormal frente a lo normal; el sustento, en realidad, son un cúmulo de discursos religiosos, jurídicos, sociales y culturales que han formado un entramado de tejidos acumulados por los siglos, transmitidos y emitidos a través de distintos medios comunicantes como la oralidad, la literatura y las artes plásticas, el cine y la televisión, ahora las redes sociales, que van unificando las ideas sobre lo que difiere de la norma, el otro, el extraño, el antinatura, lo no humano, lo monstruoso”. En efecto, lo monstruoso es ostentado como una consecuencia de lo inopinado, lo inviable, lo incorrecto. Como se lee, médicos, biólogos, psiquiatras, científicos en general, danzan de la mano de clérigos, políticos conservadores de derecha, izquierda y centro, jefes de familia y una amplia nómina de personas que ven desde una pretendida altura moral al que no es igual a ellos. Recordemos que fue hasta 1990 que la OMS eliminó a la homosexualidad de su lista de enfermedades psiquiátricas. “Por lo tanto, (continúa Márquez) los monstruos son aquellos cuerpos con diversidad funcional y sexualidad diversa, aquellos que no cumplen con los parámetros de cuerpos idealizados (discapacitados físicos, mentales, sensoriales) conductas correctas, prácticas sexuales y sexualidad aceptada (heterosexualidad obligatoria en términos de Adrian Rich), o como dice Platero ‘Esta vigilancia fascinante y que ‘espectaculariza’ la rareza es especialmente evidente para el cuerpo sexualmente divergente, como son: la persona intersexual, el sujeto invertido, el sodomita, el varón afeminado y la mujer masculina, todo un conjunto de cuerpos, sexualidades y comportamientos entendidos como desviados, pecaminosos, antinaturales o simplemente fuera de la naturaleza y el orden social que exigen una especial tutela, estudio y vigilancia”. Lo normal, sancionado por los normales, aquellos y aquellas que viven la normalidad, lo correcto, lo apropiado. Si se nace con pene, se es varón; si con vagina, se es mujer. Y ambos, nacen con el fin último de la reproducción y para ello, ha de formar familia. En esto coinciden, sorpresivamente, lo religioso y lo civil, los primeros porque necesitan feligreses, los segundos porque necesitan ciudadanos que paguen impuestos. Por tanto, el anormal y en este caso, aquella conducta distinta a lo heterosexual ha de ser erradicada, como si fuera una enfermedad o una desviación producto de las tentaciones satánicas (de ahí las terapias de conversión).

Ya con este preámbulo, vuelvo a la canción de Alfanno interpretada por Colón. Para quien lea esto y no sepa, la canción habla de Simón, que nació en un hospital: “Es el verano del ’56. El orgullo de don Andrés, por ser varón. Fue criado como los demás, con mano dura, con severidad. Nunca opinó. Cuando crezcas vas a estudiar, la misma vaina que tu papá, óyelo bien. Tendrás que ser, un gran varón”. Sin embargo, Simón viaja fuera del país y “Lejos de casa, se le olvidó aquel sermón. Cambio la forma de caminar. Usaba falda, lápiz labial, y un carterón. Cuenta la gente que un día el papá, fue a visitarlo sin avisar… ¡Vaya qué error! Y una mujer le habló al pasar, le dijo hola, ¿qué tal papá?, ¿cómo te va? No me conoces yo soy Simón, Simón, tu hijo, el gran varón”. Por supuesto, como es de esperarse, el padre renegó del hijo y ni siquiera estuvo para acompañarlo en el trágico final. “En la sala de un hospital, de una extraña enfermedad, murió Simón. Es el verano del ’86. Al enfermo de la cama 10 nadie lloró. Simón, Simón, Simón”. Y he aquí otra sorpresa que me llevé. Resulta que la canción, además, habla de una enfermedad que para esos años era considerada la “epidemia de los homsexuales” pues esta comunidad se había visto particularmente afectada por el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), que puede ser una consecuencia de adquirir el virus del VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana). Con el tiempo, nos dimos cuenta que cualquiera puede adquirir el virus y que se transmite lo mismo por vía sexual, intravenosa o hereditaria en algunos casos. Pero el daño estaba hecho. Por ejemplo, había un chiste que se contaba a cuento del contagio de Magic Johnson, insigne basquetbolista de los Lakers de Los Ángeles y que admitió publicamente que tenía VIH lo que ponía fin a su carrera. Era lo mismo racista que homofóbico: “ya se supo quién fue la negra que le pegó el sida a Magic Johnson… y se dice que mide 18 pulgadas…” Vaya. Por supuesto, el basquetbolista no es homosexual y mostró claramente que cualquiera puede contagiarse. Desde ese momento, ha sido portavoz de varios movimientos de prevención del VIH. Lo más terrible del asunto, es que hoy siguen pasando cosas como esta. Hace unos días, en un foro de la OMS creado para discutir la llamada “viruela del mono”, especialistas barajaron la posibilidad de que la enfermedad se transmitiera por vía sexual. Según una nota publicada en el portal del diario español La Razón, “Para despejar interrogantes, estos expertos defendieron la necesidad de analizar más muestras de semen para conocer mejor el virus. Una de las preguntas que se realizan los investigadores es por qué en países endémicos como Nigeria se contagia más en hombres que en mujeres. (…) Este análisis coincide también con el del Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades, que en su último informe sobre la situación en Europa subraya que la mayoría de los casos registrados en la UE tuvieron lugar entre hombres que había tenido relaciones sexuales con otros hombres, «lo que sugiere que la transmisión debe tener lugar durante las relaciones íntimas»”. ¿En serio van a estigmatizar ahora la homosexualidad a través de la viruela del mono? ¿Debemos seguir castigando, segregando, anormalizando la homosexualidad desde la religión o la ciencia?

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Y, sin embargo, volviendo a “El Gran Varón”, la idea central no es el VIH, sino como lo comenté líneas arriba, es la anormalidad y su rechazo. Y la pertinencia de su discurso es pasmosa. Hoy, en pleno siglo XXI, en 2022, la vida de las personas, su sexualidad y todo lo relacionado siguen siendo temas. Y lo que es peor, la normalidad se ve reforzada por todos lados. Melania Mosco, citada por Marquez afirma que lo “normal se nos impone como un ideal en la sociedad contemporánea: desde los reality shows poblados por numerosos personajes liminares, que desde lo grotesco nos reconfortan al confirmar que somos uno más, hasta las revistas para padres, que informan con precisión milimétrica de cuáles son los umbrales de desarrollo que cabe esperar en cada momento, la pretensión de ser normales regula nuestra conducta y se ha convertido en parámetro de éxito social, a menudo calificado como integración. La presión social por conquistar la normalidad nos invita a incluir en nuestro proyecto vital roles sociales que apenas una generación atrás eran imperativos sociales y que ahora se muestran más bien como logros personales, elementos indispensables para nuestra autorrealización”. En efecto, Hollywood, las televisoras y el mercadeo son estupendos para apropiarse de los discursos y estandarizarlos en la normalidad que ellos deciden aceptar. Ya se habla de “Simón” en series, películas y un largo etcétera. Pero hay que analizar el verdadero impacto que eso está teniendo. La realidad nos abofetea con fuertes dosis de crímenes homofóbicos, transfóbicos, misóginos (es escandalosa la escalada de feminicidios). Y vale preguntarse como yo lo hice después de años de conocer “El Gran Varón” sin saber de qué trataba, ¿qué tanto impacto tuvo? ¿Ayudó a la causa o sólo se convirtió en otra genial pieza bailable? Lo cierto es que todavía hoy existen personas que mueren solas, en su casa, en un hospital, en la calle, solas porque aquellos que dijeron quererlos por sobre todas las cosas cuando nacieron, simplemente les dieron la espalda. Triste, triste y cabrón. ¡Vaya mierda!

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