Domingo, agosto 7, 2022
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El gobierno estatal saquea el rico acervo del Museo Bello en beneficio del MIB

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No es un rumor. Para diciembre el Museo José Luis Bello y González cerrará las puertas que durante 70 años estuvieron abiertas para entregar su valioso acervo artístico al Museo Internacional Barroco (MIB), proyecto impulsado por el gobernador Rafael Moreno Valle que costará alrededor de mil 390 millones de pesos y causará una deuda pública de más de 23 años.

Los rumores, una vez más en el caso de la administración estatal, se vuelven a confirmar. No lo hacen por la vía oficial, sino por la vía ciudadana, por quienes laboran, investigan y están cercanos al devenir de la cultura en Puebla.

Lo dicho por este diario hace algunos días sobre el despido de trabajadores del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Puebla (CECAP) fue solo la “punta del iceberg” de la que significa la política cultural del Estado, caracterizada por el nulo apoyo a la creación y la clausura de espacios significativos que son importantes para la identidad por el patrimonio que conservan.

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En breve, el edificio de la esquina de la 3 Poniente y la 3 Sur marcado con el número 302 quedará cerrado para que la mayoría de las piezas que integran sus 22 colecciones llenen, en una curaduría desconocida, el enorme espacio expositivo del criticado y poco fundamentado MIB.

Lo anterior fue confirmado por esta reportera al realizar una visita al inmueble que reabrió en enero de 2005, tras un largo proceso de restauración iniciado tras el sismo de 1999 y encabezado por la entonces Secretaría de Cultura, quien erogó 16 millones de pesos para tal labor.

Durante el recorrido, a primera vista es notoria la falta de piezas clave de cada una de las salas que conforman el Museo Bello y que excusan su ausencia por una supuesta “restauración”; sin embargo, esto no es así, como confirmaron trabajadores que prefirieron permanecer en el anonimato debido a lógicas represalias del gobierno.

En realidad, explicaron, se trata de la “selección” y el saqueo oficial de las piezas, en una suerte de proyecto hormiga que ocurre cuando el museo está cerrado.

Incluso como se pudo apreciar en el recorrido, ya está cerrado el tercer nivel del inmueble, pues ya se han extraído y trasladado las piezas para que serán exhibidas en el oneroso MIB.

El saqueo de las piezas, informaron, se da de manera indiscriminada y sin precisar cuál es su destino: si en un almacén, si en espacios de particulares o en manos del gobierno estatal.

Por ahora, contaron, el Museo Bello –como comúnmente se le conoce– permanecerá abierto hasta el mes de diciembre para luego cerrarlo, y en una estrategia gubernamental solo abrir la parte baja del inmueble con una “selección” de la obra, quizá aquella que no funciona para los desconocidos fines del MIB.

Un museo que debe ser unidad por ley

El 12 de julio de 1940 el gobierno de Puebla declaró la casa y la colección de la familia Bello y González como “monumento artístico”, designación con la que desde hace más de 70 años se protege y se garantiza el cuidado tanto de su acervo como del edificio ubicado en la calle 3 Poniente 302 para que permanezcan como “unidad”.

Dicha declaratoria, la cual se califica como pionera e innovadora en su época debido al “andamiaje legislativo” creado para perpetuar y salvaguardar la colección, sirvió para consolidar un 21 de julio de 1944 el llamado Museo José Luis Bello y González.

La declaratoria y la Promulgación de la Ley Orgánica del Museo José Luis Bello y González, en la cual se indica que la “colección y la casa de la 302 de la 3 Poniente no se deben enajenar”, permiten proteger al recinto de cualquier intento de despojo.

No obstante, las piezas barrocas podrían extraerse de la colección sólo con una derogación de la declaratoria que, desde 1940, lo cataloga como Monumento artístico gracias a la labor del entonces gobernador Gustavo Ariza y el recién creado Instituto Nacional de Bellas Artes, fundado el mismo año, que empezaba a emitir primeras declaratorias de protección al patrimonio.

Más de 3 mil piezas

La colección de José Luis Bello y González (1822–1907), heredada por su hijo José Mariano Bello y Acedo (1869–1938), quien continuó incrementándola tras el deceso de su padre, fue donada en un primer término a la Academia de Educación y Bellas Artes del Estado de Puebla.

Después de la muerte de su esposa, Guadalupe Grajales, en 1941, el gobierno del estado adquirió el edificio de la calle 3 Poniente 302, que fue declarado monumento artístico un año después. Finalmente, el 21 de julio de 1944 el inmueble fue inaugurado como museo público.

En él se encuentran más de 3 mil piezas de talavera, herrajes, marfiles, pinturas de Juan Cordero, Agustín Arrieta, Bartolomé Esteban Murillo, Juan Tinoco y Miguel Jerónimo Zendejas, además de muebles e instrumentos musicales, objetos de marfil, taraceados, cerámica y artes aplicadas.

Su acervo contiene piezas únicas en el mundo como el ánfora romana del siglo I antes de Cristo, o un arco filipino “Pabellón flotante” que tiene la imagen del mapa más antiguo de la misma ciudad.

Asimismo, se exhiben cinco obras del pintor Agustín Arrieta (1803–1874) y un hermoso cuadro realizado en la técnica del arte plumaria que representa a San Antonio de Padua.

También están las salas de los Marfiles, la sala Oriental y la de Música, una de las más importantes, donde se encuentran valiosos instrumentos musicales como el órgano tubular barroco (1720).

Una de las salas más interesantes e importantes es la sala Talavera que fue decorada con azulejos de talavera y ladrillos, así como las piezas de azul y blanco o la loza policromada, vasijas que fueron realizadas por los primeros loceros de Puebla en el siglo XVI.

La sala resguarda piezas realizadas en Calamina que es una curiosa mezcla metálica que se parece al latón que se utilizó en la época Virreinal.

Otra de las salas que sobresale es la Pinacoteca ya que contiene obras de pintores europeos de Giuseppe Molteni (1800–1867) y José de Ribera Bernardino Gagliardi (1609–1660), entre otros.

Este museo, construido en sus orígenes como casa habitación en el corazón de la ciudad, destaca, además, porque se fue adaptando a las necesidades de la colección, tanto arquitectónicamente como en lo que se refiere a mobiliario e iluminación.

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