Domingo, diciembre 14, 2025

EL GOBERCIANTE

Un mafioso es un ser humano que condensa lo mejor del capitalismo: la codicia. Gustavo Petro

La historia y el pueblo de Estados Unidos (EU) colocarán a Donald Trump como su peor presidente, a pesar que varios ocupantes de la Casa Blanca de infausta memoria -no sólo para los estadounidenses sino para el mundo- podrían disputar con elevados méritos esa designación. Empresario metido a político, con avidez de hacer negocios utilizando el cargo presidencial para amasar fortuna familiar; al frente de una oligarquía ambiciosa y corrupta, haciendo de la guerra -comercial, arancelaria, diplomática, ideológica, económica y, con las armas- forma privilegiada de diplomacia internacional; enarbolando una trastornada concepción de la soberanía de su país que aplasta, por la fuerza, la de otros. Su lema de acción gubernamental parece ser: “This is not a country, it’s a business”. Este no es un país, es un negocio. Un modelo de concepción de la conducción política que convierte a su promotor en auténtico “goberciante”. El apoyo económico que otorgó al argentino Javier Milei tiene, para Trump, un solo objetivo: “Simplemente ayudando a que una gran filosofía se apodere de un gran país”. A esta “filosofía”, del gobierno como instrumento de negocio, se apegan las derechas en todo el mundo.

A menos de un año de su gobierno, el resto del mundo se enfrenta a la posibilidad, casi inminente, de una tercera guerra mundial de carácter nuclear, en la que el poderío militar de EU y la irrefrenable insensatez del goberciante, juegan papel determinante. (Trump ordena empezar a probar las armas nucleares de EU). El periodista David Brooks ha dicho: Debería ser inaceptable para todos en este mundo que dos líderes de naciones armadas con suficientes bombas nucleares para destruir al planeta varias veces estén jugando a la guerra;. El republicano gusta de sostener que EU “tiene más armas nucleares que cualquier otro país; seguido por Rusia y China en un distante tercer lugar. Tales afirmaciones, con independencia de su certeza, revelan que el magnate no tiene idea cabal del poder destructivo de las armas nucleares y supone que, en caso de guerra, el país victorioso será el que tenga más armas de tal naturaleza, es decir, EU. Significa, también, que la fortaleza de la economía se sigue asentando predominantemente en la industria armamentista cuyo negocio esencial es, por antonomasia, el exterminio de los seres humanos.

A la vista de los acontecimientos, el conflicto en Gaza seguirá siendo el genocidio impune perpetrado por Israel con base y apoyo en las armas, todavía calificables de convencionales, que le proporciona EU. La guerra en Ucrania sostenida artificialmente (La Jornada: Trump confirma que EU manda armas a Ucrania a través de la OTAN), a juicio de Emmanuel Todd en su libro La derrota de Occidente ha conducido, paradójicamente, a una trampa a EU, que ahora tiene también un problema de supervivencia, mucho más allá de posibles ganancias marginales, una situación peligrosa que le ha llevado a reinvertir constantemente en la guerra. Esa trampa radica en que la pretensión de mantener la hegemonía de EU como potencia, está desfondada por la preeminencia que vino adquiriendo el capital financiero, esencialmente especulativo, sobre el capital industrial basado en la producción de bienes y servicios necesarios para mantener una esfera productiva propia, que no puede ser suplida con la industria de las armas, ni imponiendo aranceles a todas las exportaciones que llegan a su territorio. En este contexto, la expulsión indiscriminada de los migrantes que sostenían agricultura, construcción y servicios, ordenada por la rapaz oligarquía financiera que comanda el goberciante, golpea de frente al capital industrial y a la productividad del país.

Trump tiene clara conciencia que esta dinámica de la sociedad estadounidense no puede ser revertida ni reorientada durante su mandato, ni con la concepción mercantilista ultraconservadora del ejercicio de gobierno. A estas alturas de su vida, quizá, ni siquiera le interese lo que pueda ocurrirle al pueblo estadounidense. Al interior de EU, el panorama para el magnate es sombrío. Tiene abiertos cuatro flancos sensibles para su gobierno que lo debilitaran al punto de poner al republicanismo, como corriente política, en calidad de proyecto socialmente rechazable para el electorado.

Esos flancos son: a) El resquebrajamiento del Estado, b) la disputa en la toma de decisiones de gobierno, c) el rechazo creciente de su gobernanza y, d) su proyecto familiar de acumulación de riqueza.

En sus manos, la noción de Estado pierde sentido y los problemas sociales que debe atender éste, se tornan irresolubles. Buena parte de la fortaleza económica de EU está financieramente asentada en su deuda pública, es decir, la del Estado. Beneficiario de las guerras europeas de la primera mitad del siglo XX, obtuvo el privilegio de ser el impresor de la moneda que, hasta hace poco, regía los intercambios comerciales en todo el mundo. Sumadas, la deuda externa e interna ascienden en este tiempo a 38 billones de dólares. Para enfrentarla, yendo contra la sana lógica, Trump redujo el monto de los impuestos a la élite rica y, pide donativos a la población en general para pagarla. (¿Deuda pública de EE. UU. en picada? Gobierno pide donativos vía PayPal y Venmo). El resultado deviene obvio.

Según informes oficiales, el gasto proyectado para el cierre del año fiscal 2025 —finalizado en octubre— ascendió a 7.3 billones de dólares, mientras que los ingresos totales se estimaron en 5.5 billones. El resultado es un déficit fiscal de 1.8 billones, equivalente a 6.2% del PIB, que pasará a engrosar la deuda pública.

La disputa en el Congreso de EU sobre la pertinencia, o no, de esta política fiscal llegó al desencuentro entre republicanos y demócratas, paralizando la aprobación del presupuesto anual 2026, ocasionando el llamado “shutdown” (cierre parcial del gobierno federal), desde el pasado 1 de octubre. Las consecuencias visibles del cierre apuntan a un ensayo de privatización del servicio público de fuerzas armadas (La Jornada – Pentágono acepta donación anónima de 130 mdd para pagar salarios del ejército ante cierre de gobierno) y, a la participación directa de las grandes empresas de la oligarquía, como donantes para obras ostentosas ordenadas por Trump (La Jornada – Google, Apple y Amazon, entre los donantes del nuevo salón de baile de 300 mdd de la Casa Blanca), quizá, con la mira puesta en la recepción de beneficios fiscales para sus altísimas ganancias. El costo económico que tendrá este cierre de gobierno será enorme (El cierre de gobierno le puede costar a EU hasta 14,000 millones de dólares) y, contribuirá a elevar la deuda pública del país, por esa falta de visión de Estado. Alejado del patrón oro como respaldo de la moneda, desde hace 50 años, el problema para el mundo estriba en saber si el Tesoro estadunidense podrá pagar esa deuda y, si un presidente que ordena probar las armas atómicas de su país en preparativos de guerra, tendrá la disposición de cubrir esa deuda a sus legítimos tenedores o, si éstos, aceptarán el pago de su deuda en criptomonedas. Una especie de privatización del dinero.

Poseedor de una visión mesiánica del mundo, (La Jornada: El mundo se salva de ir al infierno sólo si trabaja con EU: Trump), el goberciante rechaza toda doctrina, opinión, argumento o postura social que contradiga su pensamiento político y el modo de ejercer el poder. Quienes lo critican y se oponen a sus designios políticos son etiquetables de pertenecer a la “izquierda radical” y, por tanto, son sus enemigos. Tales calificativos abarcan a los integrantes del Partido Demócrata (La Jornada: La Casa Blanca prepara lista negra de izquierdistas enemigos), (Trump ordena en redes sociales a su fiscal general que persiga “ya” a los enemigos del presidente de EE UU ). Bajo tales parámetros de apreciación ideológica, no vacila en acusar a sus enemigos de efectuar la “invasión interna” del país (Trump acusa “invasión interna” y anuncia despliegue militar en ciudades de Estados Unidos).

En esta coyuntura creada por la oligarquía, la pregunta llega necesaria, ¿Es Trump el que toma las decisiones políticas trascendentes de su gobierno? Entre los miembros de su gabinete han surgido los apetitos por relevarlo en el cargo. La edad y su estado de salud física y mental, contribuyen a ello. Ciertos hechos abonan esta hipótesis. (Donald Trump perfila a JD Vance como su sucesor republicano en las elecciones de 2028), (Líder de Cámara de EEUU descarta vía para enmendar Constitución y permitir tercer mandato de Trump). El más reciente surgió cuando, a pregunta directa de la prensa sobre el caso de Venezuela: (Trump niega haber tomado decisión sobre ataques en Venezuela, tras reportes de que EU se alista para bombardear objetivos militares). Si no fue Trump, los reflectores apuntan al secretario de Estado, Marco Rubio, quien está provocando un desastre en Venezuela sólo por una fijación electoral, para satisfacer a los expatriados cubanos y venezolanos de su estado, según advierte el investigador José Romero en El Imperio agotado. (La Jornada. 31 de octubre).

Las feroces fobias ideológicas que encubren las aviesas intenciones de la oligarquía de EU por hacerse de los recursos naturales de países como México, Colombia y Venezuela han sido lanzadas por el goberciante acusando a sus respectivos presidentes, los tres emanados de la izquierda progresista, de tener ligas con el narcotráfico. Las amenazas de invasión militar, provengan de Trump o de Marco Rubio, pueden expresar una disputa interna del poder, pero, representan cabalmente los intereses de la oligarquía estadounidense y de los grupos proyanquis avecindados en Florida.

Fuera ya de la campaña electoral, instalado en el gobierno, cuando las medidas económicas y políticas tomadas por Trump, en diez meses de su mandato, han surtido sus efectos reales entre la población, afectándola en cuestiones vitales; a lo largo y ancho de EU ha surgido como respuesta un creciente rechazo popular a su gobernanza. Significativo ha sido que muchos de los acérrimos críticos del quehacer gubernamental del magnate, sean connotados actores y actrices de Hollywood, no sólo por el alto nivel de la crítica sino por la gran difusión mediática alcanzada entre la población. (La Jornada – Harrison Ford: “Trump me da mucho miedo; no tiene políticas, sólo caprichos”). La magnitud de la protesta popular en su contra desatada en todo el país, quizá, nunca antes vista, es la crónica anunciada de que el modelo imperial de expolio como método eterno de acumulación de capital, ya no garantiza la convivencia social pacífica.

La violación sistemática de derechos humanos en el país del norte, por mandato o con aval presidencial (En nueva entrevista, Trump dice que no sabe si apoya los derechos al debido proceso), (La Casa Blanca considera suspender el ‘habeas corpus’ en EU), (Human Rights Watch denuncia 100 acciones perjudiciales de Trump) no merecen, de la derecha en el mundo, ya no digamos protesta o reclamo, ni siquiera un simple señalamiento. Cuando los análisis político, geopolítico, económico y social indican que el proyecto político que Donald Trump ejecuta, es la fuente de los grandes problemas que aquejan al mundo, por su mezquindad humana: (Trump avisa que ningún país se libra de los aranceles, incluida China), (La Jornada: Traficantes de fentanilo se sirven del sistema financiero de Estados Unidos), (La Jornada: Sin palestinos, Gaza sería una zona de libertad, dice Trump a Netanyahu); para las derechas, eso no constituye motivo de reflexión, sino de reto, al pedir la invasión militar de sus propios países. Una detestable inmoralidad.

La crítica lanzada por Harrison Ford contiene un elemento de mucha importancia, pero poco valorado: “[Trump]…es un instrumento del statu quo y está ganando dinero a espuertas mientras el mundo se va al garete”. (La Jornada: Aumentan en EU acusaciones de corrupción del presidente Trump y familia). La idolatría que la ultraderecha profesa a Trump deriva, exactamente, de su desempeño como goberciante. Esa habilidad innata en todo el espectro de la derecha para hacer del desempeño de cualquier cargo público un negocio rentable, con mayor razón tratándose de la presidencia de una república.

Equivalente a una estafa en ciernes. (Negocios de criptomonedas de Trump generan mil millones de dólares en beneficios, según Financial Times). El planteamiento aparece de la siguiente manera: Compre al menos 20 millones de dólares en “tokens de gobernanza” en el negocio de criptomonedas de la familia Trump, World Liberty Financial, y forme parte de una empresa que Eric Trump predijo que pronto encarnaría el futuro de las finanzas en Estados Unidos. Uno de los resultados de tal promoción fue: El 26 de junio, una oscura entidad llamada Aqua1 Foundation, que dijo tener su sede en los Emiratos Árabes Unidos, anunció que estaba comprando 100 millones de dólares en tokens de criptomonedas de World Liberty. Fue la compra más grande conocida de los llamados tokens WLFI en ese momento;…los dos hijos mayores del presidente Trump, Eric y Donald Trump Jr., se embarcaron en el momento de la elección de su padre para un segundo mandato. En Europa, Medio Oriente y Asia, han estado promoviendo World Liberty y otras empresas que canalizan el dinero de los inversores a las empresas de la familia Trump, conocidas colectivamente como la Organización Trump. La conclusión es: Los Trump están acuñando un tesoro de dinero en efectivo de activos digitales respaldados, hasta ahora, por poco más que el nombre de Trump. Los tokens World Liberty, como la mayoría de los productos criptográficos, se registran en libros de contabilidad digitales llamados blockchains. Pero los tokens WLFI ofrecen a los titulares poco más que una voz limitada en los planes de la empresa, a diferencia de los tokens de gobernanza para proyectos similares. Y las monedas meme como la moneda $TRUMP son esencialmente coleccionables cuyo valor refleja la popularidad de la broma, el meme o la personalidad de Internet asociada con ellas.(Dentro del cajero automático global de criptomonedas de la familia Trump). Un mecanismo perceptible como la versión digital del moche.

Ganar dinero “a espuertas” utilizando el cargo de presidente mientras se pueda, es el objetivo fundamental de Trump. Si el mundo y el pueblo estadunidense van al garete, no es un problema que trastorne su vida puesto que ya la ha asegurado. Su visión “This is not a country, it’s a business”, carece de razón, pero la impone por la fuerza. Nuestro mundo debe estar tan mal organizado o, padece de extrema locura, para mantenerse girando en derredor de este hombre, una oligarquía y su gobierno. Preparativos de guerra, destrucción del planeta y la planta productiva de los países e, incumplimiento de los compromisos internacionales revelan que el capitalismo imperial y sus seguidores, hicieron, de sus políticos de derecha y ultraderecha, simples goberciantes.

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