El fin de “Santo Miguelito” o cómo un artista se convierte en otro

 Hoy en “Las Reporteras” que presenta La Jornada de Oriente:
Paula Carrizosa entrevista a Santo Miguelito, o Miguel Pérez Ramos, un artista que encarna a este avatar que le permite construir espacios de expresión enriquecidos por las formas culturales de su lugar de origen. Constantemente, trata de estirar los significados de las convenciones del deber ser, como la belleza.  En su trabajo artístico analiza desde los ámbitos de lo público y lo privado las construcciones sociales que integran su identidad como individuo, su propia subjetividad, su cuerpo, su sexualidad, su familia y sus tradiciones.

Rodeado de enormes castillos de fuegos artificiales que fueron encendiendo, dando vueltas, chirriando, iluminando y humeando el ambiente, Santo Miguelito Pérez ritualiza un baile sagrado que es transmitido en vivo a través de su Facebook personal. 

Su cuerpo es la materia de este acto denominado La quema del panzón, con el que el artista emula a los sacrificios rituales que se suscitaban al pie de la gran pirámide, el gran Tlachihualtepetl, el cerro hecho a mano de Cholula. 

 Con este performance aderezado por la música que se supone es prehispánica, la del teponaztle y el caracol, y que luego se convierte en un ritmo afroantillano, de cumbia y de salsa, para bajar a sonidos sensuales y retornar a cumbias y sonidos rítmicos, Santo Miguelito dio cierre a una investigación artística multidisciplinaria que arrancó en el 2006, sobre su cuerpo y su memoria relacionados a su contexto de origen.


Pronto, el personaje concluirá su ciclo y con ello, Miguel Pérez se convertirá en alguien más, y entonces habrá nuevamente la oportunidad de ser otro, alguien nuevo, al que habrá que reconocer.

Paula Carrizosa
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