El efecto AMLO

El “efecto AMLO”, es como quiero denominar a aquello que provoca nuestro presidente a muchos sectores de la población. Con la expresa idea de ser dicotómico – y jodón- voy a decir que hay una de dos: o AMLO te convierte en lo que se ha denominado “peje zombi”, es decir alguien que lo defiende a toda costa, sin comprender realmente los alcances de su actuar, si va por buen camino o no o en lo que llamo un “antipeje zombi” que lo ataca simplemente porque le cae mal. Para los primeros, AMLO es poco menos que una deidad que brinda verdad, guía conciencias, endereza jorobados y tiene una espada flamígera que acabará fulminando a corruptos y fifís (AMLO dixit). Por el otro lado, están todos aquellos y aquellas que manotean, palmotean, gimen, gritan, se rasgan vestiduras, escupen desprecio, fabrican noticias falsas, comparten cuanta estolidez les llega al Guats o al Face, sin comprobar datos, sin verificar la información: si le pega al Peje está bien; si lo ridiculiza, mejor; no importa si es mentira o te lleve a “justificar” las las bribonadas y ruindades de los gobiernos príistas y panistas que lo precedieron. Me fastidian ambos grupos, pero acaso estos últimos son los peores, especialmente en fechas recientes pues se han valido de la pandemia para atacar. Lo cierto es que se les ve vociferando alarmados, tratando de distraer la atención a como dé lugar de la terrible verdad, esa sí histórica, que se les viene encima ahora que Lozoya, García Luna y el Chapo cantan a coro la apertura de la caja de Pandora que fueron esos sexenios. Me manifiesto de izquierda, lo vengo diciendo hace años; voté por AMLO porque era necesario que la izquierda llegara al poder, incluso una tan dudosa como la que representa el tabasqueño; según juzgué, era necesaria esa transformación. Pero ni me creo todo lo que hace AMLO, ni tampoco creo que todo lo que hace está mal, el tiempo dirá.

Sí, les guste o no, los pasados tres sexenios fueron llevados por gobiernos corruptos, asesinos, falaces; “justos y legales”, pero con legislaciones a modo; sustentados en prácticas de privilegio y gasto desmedido que, como si no hubiéramos dejado atrás los tiempos aristocráticos, justificamos como ese pueblo oprimido -pero feliz de serlo-, pues esos “aristócratas políticos y empresarios” tenían el derecho al despilfarro y el desenfreno, les venía de “nacimiento”. No acabo de entender las razones por las que numerosas personas se ofenden por el espectáculo que está haciendo AMLO -un auténtico show, la verdad- con el avión recientemente y no se ofenden por la existencia del avión y de su costo. También a muchos de estos “antipeje zombi” les molesta que se acuse a los gobiernos anteriores de “neoliberales” y quisiera pensar que lo hacen sólo por llevarle la contraria al presidente -parte del efecto AMLO-; pero la realidad es que muchos de ellos piensan y están convencidos de que el neoliberalismo es un cuento que hemos inventado los “comunistas y socialistas” y que en realidad es una fantasía para alimentar nuestro discurso de odio hacia los que tienen “porque se lo han ganado”, como tanto malandrín que ha medrado desde épocas salinistas. Según un reportaje de Rafael Croda publicado en la Revista Proceso, hay otra epidemia, que es la neoliberal marcada por el desmantelamiento del sistema de salud en el mundo y las carencias en equipamiento y medicamentos heredados por el modelo: “Esas carencias han sido un “factor decisivo” para la rápida expansión de las infecciones y muertes por covid-19 en la región, explica Celia Iriart, doctora en salud colectiva. ‘Esta pandemia ha desnudado la crudeza de las reformas neoliberales que acabaron por desarticular los sistemas de salud pública en América Latina y por dar más preeminencia a la salud privada, organizada para el lucro’, afirma la profesora emérita del Colegio de Salud Poblacional de la Universidad de Nuevo México. De acuerdo con Iriart, en esta emergencia sanitaria, que ha dejado al menos 3.5 millones de infectados y 150 mil decesos en la región –proyección al viernes 17 de julio–, amplios segmentos de la clase media latinoamericana han descubierto ‘que el Estado es importante, cuando hace un año pensaban que el mercado resolvía todo’. La realidad ‘muestra clara y dramáticamente que el Estado no se puede retirar de la salud, como lo había venido haciendo en las últimas décadas y, por el contrario, debe tener un rol muy importante, no sólo financiando, sino regulando al sector’”. El reportaje completo lo encuentran en la revista, por si tienen dudas. El reportero cita varios estudios realizados por universidades norteamericanas que hablan con seriedad del problema. Comento lo anterior para que no se piense que son los aliados de AMLO en las universidades públicas del país -esos socialistas y comunistas que comen niños, como decían de Frida y Diego-.

Circulan por el guats, territorio de todo lo posible, videos y notas falsas; cartas escritas por supuestas autoridades médicas, como esa del cardiólogo que le reclama a AMLO no estar a la altura de las circunstancias y que lo critique por haber estudiado en el extranjero, pero que deliberadamente olvida mencionar el enorme retroceso en el sector salud. En efecto, AMLO y López- Gatell podrán haber tenido una buena o mala reacción frente a la actual crisis sanitaria -yo no le veo mayor yerro al momento-, pero de que están haciéndolo frente a un sistema de salud deprimido y profundamente afecatado no sólo por el abandono sino por el latrocinio de los pasados regímenes, de eso no hay duda. Se les acusa de que hay muchas muertes. Bueno, si se tomaran la molestia de ver la conferencia diaria del Subsecretario, se darían cuenta de que lleva desde el inicio de la pandemia diciendo que es un asunto que tardará bastante en desaparecer, que habría muchos miles de víctimas, que las comorbilidades (diabetes, hipertensión, obesidad y enfermedades relacionadas con el tabaquismo) son cruciales en la mortalidad producida por el virus y que tales comorbilidades son producto, en su mayoría, del consumo de comida chatarra y de bebidas azucaradas, que en nuestro país se producen y venden sin mayor problema. Por tanto, desde hace sexenios, México está a la cabeza de los países con altos niveles de obesidad -según Unicef, en México este problema afecta a 1 de cada 3 niños-, diabetes e hipertensión, lo que, en el marco de esta pandemia, ha agravado el problema. Recientemente, López- Gatell ha recibido una andanada de críticas absurdas por parte de la oposición y ha sido llevada a niveles de estupidez tremenda por los “antipeje zombis” por supuestamente atribuírle la causa de la enfermedad al consumo de papitas y refresco. ¡Vaya forma de manipular las cosas! Jamás se ha dicho que el virus lo haya ocasionado la Coca Cola o la Pepsi junto con su enorme cadena de porquerías. Según palabras de López- Gatell, recuperadas de un reportaje publicado en el portal de Sin embargo el pasado 28 de julio: “En México el 35 por ciento de adolescentes y niños tiene sobrepeso y obesidad. 75 por ciento de la población tiene sobrepeso u obesidad. México es uno de los pocos países en los que se ha reducido la esperanza de vida al nacer por la epidemia de diabetes. Es muy clara la evidencia, pero volvemos a lo mismo: hay intereses que han llevado, en administraciones previas, a que se oculte la información o a que se usen eufemismos, y decían: ‘salta, brinca, muévete, chécate.’.  No, hay que entrar en los elementos estructurales. Los productos que hacen daño, hacen daño y tenemos que disuadir su consumo”. En efecto. El problema es que, al venir del gabinete de AMLO, inmediatamente se le atacó y los “antipeje zombis”, siguiendo el efecto AMLO, ridiculizaron lo dicho por López- Gatell a través de memes y estulticias diversas. ¿En verdad ahora van a decir que esas comorbilidades son producto del gobierno pernicioso del tabasqueño que de pronto convirtió esos productos “sanos” en chatarra? ¿Van a defender a los criminales del pasado y seguirle el juego a Acción Nacional y al Revolucionario Institucional que no encuentran cómo van a hacerle en las próximas elecciones después de las cloacas destapadas por Lozoya y por García Luna? El efecto AMLO no me pega como para tomar uno de los bandos, lo que me permite criticar aquello que no me parece (como el proyecto del Tren Maya y algunos recortes presupuestales a lo loco sin un sustento detrás para atender esas agendas) y aplaudir lo que sí está bien hecho. Quien lo dude, puede leer mis columnas anteriores. Y a ustedes, ¿qué tanto les afecta?