Miércoles, enero 14, 2026

El Día de Muertos, una festividad ancestral

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Una celebración a la memoria y un ritual que privilegia el recuerdo sobre el olvido; un reencuentro en el corazón y la memoria por aquellos seres queridos que han partido. En las culturas prehispánicas el culto a la muerte era uno de los elementos básicos de la cultura misma, cuando alguien moría era sepultado y sus familiares organizaban una ceremonia con el fin de guiarlo en su recorrido al Mictlán; es decir, el lugar del descanso eterno para las almas de quienes se han adelantado en el camino y que fue creado por los dioses, según la cultura mexica

El Día de Muertos en la cosmovisión de los pueblos prehispánicos, implica el retorno transitorio de las almas de los difuntos, quienes regresan a casa, al mundo de los vivos, para convivir con los familiares y para nutrirse de la esencia del alimento que se les ofrece en los altares puestos en su honor. En esta celebración, la muerte no representa una ausencia, sino una presencia viva; la muerte es un símbolo de la vida que se materializa en el altar ofrecido. En este sentido se trata de una celebración que conlleva una gran trascendencia popular ya que comprende diversos significados, desde filosóficos hasta materiales. 

El Día de Muertos o “El Xantolo” para los pueblos náhuatl de algunas regiones representa la unión sagrada entre los vivos y muertos, tiene su origen en las raíces de las culturas autóctonas de Mesoamérica; sin embargo, a la llegada de los conquistadores, se mezclaron con los rituales religiosos católicos traídos por los españoles. Los antiguos mexicas, mixtecas, texcocanos, zapotecas, tlaxcaltecas, totonacas y otros pueblos originarios, adaptaron la veneración de sus muertos al calendario cristiano, la cual coincidía con el final del ciclo agrícola del maíz. 

Mayormente en las comunidades rurales, cada año las familias colocan ofrendas y altares decorados con flores de cempasúchil, y algún platillo que le gustaba a sus familiares a quien va dedicada la ofrenda. La comida del altar no es un adorno, en el fondo es la idea de que los fallecidos regresan, comen, participan en la fiesta y se van. El copal se utilizaba como elemento que sublima la oración, ya que el incienso aún no se conocía, este llegó con los españoles. El agua como elemento de la ofrenda, representa la fuente de la vida, se ofrece a las almas para que mitiguen su sed después de su largo recorrido y para que fortalezcan su regreso, en algunas culturas simboliza la pureza del alma. 

La flor de cempasúchil era considerada por los mexicas como un símbolo de vida y muerte. Su característico color naranja encendido y aroma intenso es uno de los elementos más representativos en las ofrendas para los muertos, pues según la creencia, son el punto de conexión entre este y el otro mundo, pues se dice que el color de esta flor ilumina el camino y el aroma guía a las almas de los difuntos hacia el altar que colocaron sus familiares. Simboliza el amor incondicional y eterno, el reencuentro y el hecho de que mientras se recuerde a los seres amados que se fueron, ellos seguirán viviendo en nuestro corazón. Las festividades incluyen adornar las tumbas con flores y muchas veces hacer altares sobre las lápidas, lo que en la época prehispánica tenía un gran significado porque se pensaba que ayudaba a conducir a las almas a transitar por un buen camino tras la muerte. 

El Día de Muertos se celebra en todo México, teniendo algunas variantes dependiendo la región o el estado. Para muchos pueblos esta festividad es la más importante y la más esperada del año, pues resulta todo un acontecimiento. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), declaró en 2008 esta festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por su importancia y significado en tanto se trata de una expresión tradicional contemporánea y viviente a un mismo tiempo, integradora, representativa y comunitaria. El encuentro entre los pueblos originarios y sus ancestros cumple una función social considerable, al afirmar el papel del individuo dentro de la sociedad.

Como una reflexión final en nuestro paso por esta vida, no importa cuántos títulos de nobleza o profesionales hayas logrado, cuantas propiedades y dinero hayas acumulado; todos al final de esta vida, solo seremos un recuerdo al partir, y el mejor recuerdo será la forma que tratamos a nuestros semejantes. Por eso, el gran desafío de la vida será dejar un buen recuerdo al haber partido. Porque nada hemos traído a este mundo y, sin duda, nada nos llevaremos (1 Timoteo 6:7).

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