El desbarajuste

No, no se trata tanto de los estragos naturales del Covid como de la degeneración galopante causada por las dirigencias de nuestro futbol, ahora encabezadas por un sujeto al servicio no sólo de Televisa sino de las peores prácticas del prian. Apenas en su tercera jornada, el minitorneo Guardianes Clausura 2021 está ya convertido en un galimatías de dios guarde la hora: infecciones masivas de jugadores, suspensiones a granel –de futbolistas, de partidos, de árbitros…–. La Primera División, los sedicentes dueños de equipos, juran y perjuran que el protocolo de salud se cumple a rajatabla como si se estuvieran dirigiendo a una comunidad de débiles mentales –nada nuevo en este sentido—y ya no es tanto que los “profesionales” del balón se sigan moviendo con singular desparpajo en fiestas y francachelas abiertamente violatorias del cuidado de la salud propia y ajena, sino que, en la cancha y a través de las diversas peripecias del juego, el inevitable contacto físico –celebraciones incluidas– amenaza de infección incluso a quienes sí mantienen la sana distancia en su vida personal y respetan los lineamientos sanitarios que son, el fondo, un intento por salvar económicamente a los clubes, porque si a la calidad del espectáculo vamos, ésta pasa por el peor momento que se recuerde.

Jornada 3. Así las cosas, hablar hoy de futbol tiene más de hábito adquirido que un deber informativo. Vean si no: el América acusó de negligencia al Monterrey porque en su partido de la fecha anterior puso en la cancha jugadores probablemente infectados –entre ellos Rogelio Funes Mori, autor del único gol y actualmente confinado por Covid 19–, en detrimento de Memo Ochoa, Nicolás Benedetti y alguno más, razón por la cual solicitaron a la Liga MX la postergación de su partido del próximo miércoles contra Bravos de Juárez; para no ser menos, la cantada epidemia de contagios en el seno de los Rayados del norte también ha obligado a posponer su encuentro con el León, programado para es emismo día. Y contando…

De por sí, una descabellada programación extendía la jornada desde el jueves pasado hasta el miércoles siguiente –aunque ya no podrá ser, dadas ambas suspensiones–, por lo que en este momento apenas podemos dar cuenta de la debacle de las Chivas en San Luis (3-1 contundente, que deja en dos puntitos a la escuadra que Vucetich y los seguidores del Rebaño se prometían “más madura y lista para pelear el campeonato” en el presente y más que menguado torneo), y de la nueva derrota en el estadio Jalisco del también tapatío Atlas, del que Tigres dio cuenta casi casi caminando (0-2, con anotaciones del expuma Carlos González y el exlobos BUAP Julián Quiñones: los pequeños al servicio de la fiera mayor). Y ayer, un Toluca plúmbeo, salvo por los habituales chispazos de Sambueza, se despachó en la Bombonera al Necaxa, cuyo guardameta Luis Malagón fue el héroe de la refriega. Agregue usted un 0-0 entre Mazatlán y Santos y el triste panorama estará completo.


Y ni hablar del Puebla, que volvió a las andadas y cayó ante Xolos en el Cuauhtémoc (0-1, penal bien lanzado por Fidel Martínez, aquel ecuatoriano que brillara hace años con la U de G), fallando mucho ante el gol y ofreciendo ambos un partidito de pronóstico reservado.

“La moral del Alcoyano”. En la España del franquismo se volvió frase común. Era un modo coloquial de calificar alguna hazaña inesperada, individual o de grupo, y de rendir homenaje al esfuerzo de algún pequeño vencedor de gigantes. Corrieron el tiempo y las generaciones, y la expresión otrora popular cayó en desuso, confinada en un ameno libro de anécdotas, obra de Julián García Candau donde se explica el origen de la frase en la hazaña del molestísimo club alicantino –el Alcoyano, gentilicio de los nacidos en Alcoy–, que en la temporada del 44-45 salió campeón de Segunda División cuando nadie lo esperaba y, por lo tanto, ascendió a Primera con todos los honores, que resultaron efímeros aunque, de momento, premiaran el denodado esfuerzo de sus desconocidos y humildes jugadores.

Pues bien: este jueves, el Alcoyano, hoy en Tercera División, resurgió de sus cenizas a costa nada menos que del Real Madrid. Fue en partido de media semana, eliminatoria de 16avos. de final por la Copa del Rey en terreno alicantino. Zidane, despreocupadamente,  llevó a su equipo B, reforzado por los ahora suplentes Marcelo e Izco. Eder Militao, de cabeza, abrió el marcador adelantando al gigante blanco. El árbitro conbtribuyó expulsando a un jugador del once local, el Madrid se relajó y, a los 80´, se encontró con el gol del empate, marcado por un tal José Solbes. Y como no s emoviera más la pizarra, el partido se fue a tiempos extra, lo cual ya era un notición para los seguidores del Alcoyano y el medio futbolístico español, tan sacudido últimamente por las sorpresas (Barcelona vencido por Athlétic en la final de la Supercopa, Messi expulsado por agresión, el Atlético de Madrid puntero holgado de la liga y, apenas anteayer, Zinedine declarado portador del coronavirus).

Pero no paró ahí la cosa: iban 115´ cuando los locales armaron la mejor jugada del encuentro, un auténtico festival de fintas, corridas y triangulaciones, culminado por un morenito de nombre  Juanan con latigazo a la escuadra que dejó de piedra al arquero suplente de Curtois y mandó al limbo a los merengues, sumidos en el mayor de los ridículos.

Desbarajuste general.  Pero eso, con ser la nota dominante, no significa que no todo esté patas arriba en el mundo del balompié. En Inglaterra, el Liverpool  perdió un invicto en casa de cerca de dos años ante el colero Burnley, que pasó sobre los de Klopp por 0-1 y los relegó a un incómodo quinto puesto, seis puntos por debajo del ManUnited (34 vs 40). En Italia, el líder Milán cayó en su estadio (0-3, marcador hasta corto para la clase de baile que le dio el Atalanta), sin que el Inter aprovechara la ocasión, pues al igualar a cero con el modesto Udinese se exhibió incapaz de igualar en puntos al vecino milanés (43 por 41 al final de la primera vuelta del torneo). Por cierto que los de Bérgamo –el Atalanta, vaya—navegan a siete puntos de distancia de su indefensa víctima del sábado, mientras que el Nápoli del Chucky Lozano, más lejos aún de la punta, tiene 34 puntos y un partido menos, su visita a la Juve cancelada a causa de la emergencia sanitaria, que la Liga primero declaró como derrota por negarse a viajar a Turín y más tarde cambió por reprogramación del partido no jugado.

En fin, que el desbarajuste es universal y, como la pandemia, no tiene para cuando terminar.

¿Habrá o no Olimpiada? En tiempos inciertos, una duda más. Hasta ahora, no pasa de aparente filtración, cosa de un político japonés menor diciendo que el gobierno nipón considera seriamente la posibilidad de suspender los Juegos Olímpicos, ya cancelados en su fecha natural de 2020 y reprogramados para este año (julio 23-agosto 8).

Habrá que esperar, pero la cosa tiene ciertos visos de certeza. En cuyo caso, sigue diciendo el informador oficioso, Japón estaría analizando solicitar la sede de 2032.

Hank Aaron, DEP.  Hasta ahí las novedades digamos que amables de la semana. Porque el sábado iba a unírseles una funesta: la muerte de Hank Aaron, el legendario toletero de los Bravos de Atlanta, que en el verano 1974 rompió la marca de jonrones que había fijado el “Bambino” Babe Ruth cuatro décadas atrás.

“El Martillo”, como se le conocía, fue además un símbolo de la lucha contra el racismo enquistado en el corazón de la nación norteamericana. Heredero del mito instaurado por Jackie Robinson, primer negro en ser admitido como jugador de grandes ligas. A la fecha de su sorprendente aparición con la franela de los Dodgers de Brooklyn, 15 de abril de 1947, iba a unirse aquella otra en que Hank Aaron arrojó fuera del diamante su jonrón 715 –8 de abril del 74–, que dejaba atrás la añeja marca de Ruth y le había costado al hombre nacido en Alabama en 1934 numerosas cartas amenazándolo de muerte, procedentes de supremacistas blancos  –no olvidemos que vivía y jugaba en Atlanta—que se negaban a aceptar que fuese un hombre de color quien rompiera el récord de Babe Rith.

La noticia anterior referida al gran Hank Aaron, hace un par de semanas, había dado cuenta de su vacunación contra el Covid 19. A saber si el fallecimiento de “El Martillo” guarda relación con dicha inoculación del nefasto coronavirus.