Sábado, noviembre 27, 2021

El derecho a la ciudad

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El eje fundamental para construir un gobierno democrático en los centros urbanos, es que la población ejerza el “Derecho a la Ciudad”, que significa recuperarla para sus habitantes, volverla una unidad, unir lo que está separado y hacer de la vida urbana el espacio para realizar a plenitud la identidad cultural y los valores fundamentales de la sociedad, entre otros: la vida, la justicia y la libertad individual y colectiva, deben guiar las acciones del gobierno municipal.  

El Derecho a la Ciudad es la crítica a la urbanización capitalista, cuyas características provocan una triple segregación originada en la desigualdad social prevaleciente en las sociedades capitalistas. La primera forma es la segregación urbana, que se realiza mediante la separación en compartimentos y estancos de la vida cotidiana; otra es la segregación social, que se naturaliza con el sometimiento a la idea clasista de “vivir donde se puede pagar”. De este modo, en la ciudad se produce una tendencia a desarrollar barrios socialmente homogéneos, donde los más pobres se localizan en los sitios menos adecuados para el desarrollo urbano o en sitios decadentes y sin servicios, constituyendo, así, zonas marginadas en todos sentidos, coexistiendo con espacios amurallados, verdaderos guetos, en los cuales se refugian los sectores de más altos ingresos; la tercera forma de segregación urbana, se refiere a la concentración funcional de manera que los lugares de trabajo están alejados de los de residencia de los trabajadores donde realizan su vida cotidiana. Esto, separa y distancia entre sí las distintas facetas y actividades de la vida personal y social.

Un proceso simultáneo a este despliegue deshumanizante de la segregación urbana, social y funcional, se manifiesta en la lógica del desarrollo urbano, basada en la acumulación de capital, que va definiendo espacios homogéneos, indiferenciados, construidos con el propósito fundamental de facilitar el flujo del capital y el movimiento de mercancías, incluida la fuerza de trabajo: se trata de la infraestructura urbana construida para resolver las necesidades impuestas por la lógica de la ganancia.

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El triple proceso de segregación, contribuye al vaciamiento o pérdida de la referencia de identidad cultural de la ciudad y del espacio urbano como valor de uso, es decir, se pierde la ciudad ligada a la cotidianeidad de la vida colectiva y su valor de uso se somete a la lógica del capital y la especulación inmobiliaria, despojando a la población de los espacios urbanos donde se desarrolla la vida en común. Las calles dejan de ser lugares para pasear y, quien lo haga, puede ser “denunciado a las autoridades”. De esta manera, la subordinación del desarrollo urbano a los propósitos de ganancia del capital naturaliza la vida de la ciudad segregada social y espacialmente, además de segmentar sus distintas funciones.

Esta es la ciudad que se tiene, pero ¿es la que deseamos?

Un aspecto esencial de la política urbana de un gobierno democrático, podría sustentarse recordando que el Derecho a la Ciudad no es simplemente el acceso pleno de lo que ya se tiene, sino también el derecho a cambiarlo a partir de las necesidades sociales, sin exclusiones ni privilegios.     

Por supuesto, diseñar una política de desarrollo urbano en el complejo y contradictorio proceso de producción de toda ciudad, tiene sentido si se tiene el propósito de disminuir las diferencias sociales y económicas, al tiempo de ofrecer las condiciones necesarias para el desarrollo de las potencialidades existentes en la sociedad urbana. Se trata de hacer una ciudad accesible a todos. Entonces, universalizar la ciudad ha de significar proponer “para todos, todo”, cuyo significado es reunir lo escindido y disolver las barreras visibles e invisibles que configuran la ciudad segregada. Universalizar la ciudad tiene que ver con el acceso pleno a la vida urbana e implica abordar una pluralidad de dimensiones que humanicen la ciudad para que sea de todos. Es la posibilidad de universalizar una ciudad donde quienes la habitan sean sujetos protagonistas de su transformación.

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