Lunes, julio 15, 2024

El cuento jalisciense, hoy

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La narrativa jalisciense de nuestros días, y específicamente el cuento, goza de cabal salud.

Lo testimonian sendos libros recientemente aparecidos, Al final del miedo, de Cecilia Eudave (1968), y Esbirros, de Antonio Ortuño (1976), quienes desde la geografía occidental tienen ya un sitio en el repertorio de la creación literaria contemporánea nacional e, incluso, internacional.

Y es que ambos títulos se han integrado al catálogo de la madrileña Páginas de Espuma.

El sello, lo sabemos, se caracteriza por publicar prominentemente cuento, y casi la totalidad de sus títulos, ya muchos, o al menos los más cercanos, merecen impresiones en nuestro país, garantizándose así una circulación realmente hispanoamericana.

En el listado, valga recordar, están también libros nuevos de la ecuatoriana Mónica Ojeda (1988) y del argentino Marcelo Luján (1973).

Eudave, también académica universitaria, ha escrito ensayo, algo de novela, letras para jóvenes, y cuento, sitio donde tiene mayor divulgación y reconocimiento.

En Al final de miedo reúne ocho narraciones (no muy extensas) donde lo inverosímil mantiene constancia, independientemente de personajes, escenarios y tramas.

Son de esos cuentos, el libro en su conjunto, que habrán de leerse de “una sentada” y en los que, como lo anota uno de sus personajes, se descubre ese raro gusto por “el misterio de lo indescifrable”.

Cuentos de referencia a nuestros días, encontrará el lector dos ejemplos, como esos “agujeros esparcidos por toda la ciudad”, fenómeno que se repite en diferentes narraciones; y una extraña prohibición para “aplicarnos cualquier vacuna después de una pandemia y nunca, nunca, subestimar a un zombi” (“Espejismo”).

Sobre Eudave, Margo Glantz dijo:

 “Una voz que sabe contar desde la ternura, el humor y el asombro del absurdo maravilloso que es estar vivos”.

Ortuño, periodista de muchos años, combina su quehacer narrativo entre la novela y el cuento. Es tal vez en la primera donde se le recuerda (lee) más: Recursos humanos, Méjico, Olinka y otras.

Dividido en tres “tiempos”, Esbirros ofrece once cuentos donde descubrimos sombras humanas en la normalidad de la vida diaria. “Mezquindades…, vilezas humanas…”, advierte el autor, que envueltas en historias por demás creíbles, casi constatables, dejan en los lectores un muy buen sabor literario.

Una forma de volver a la realidad, se podría resumir, canija realidad, como en “El horóscopo dice”, que nos revela la cruda experiencia de la violencia en contra de las mujeres, “no suelo pasear: camino rauda y sin distracciones”, resuelta desde el coraje que vive en el amor de un padre hacia su hija.

Otras maneras de ver la violencia criminal, la organizada y la desorganizada, que al avanzar (rápidamente) la lectura nos deslumbra así:

“Las partes humanas son empacadas en bolsitas. Rosendo se obstina en que nadie lo ayude. Le consta que los agentes municipales no tienen el menor cuidado en la manipulación de los restos” (“Tiburón”).

Ortuño, escribió el novelista catalán Enrique Vila-Matas, “es un maestro de las variaciones sutiles”.

Al final del miedo y Esbirros, dos versiones de lo que se escribe actualmente en la geografía jalisciense-mexicana para el lector de cualquier sitio.

Cecilia Eudave, Al final del miedo, Páginas de Espuma, Madrid, 2021, 128 pp.

Antonio Ortuño Esbirros, Páginas de Espuma, Madrid, 2021, 112 pp.

@mauflos

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