Martes, diciembre 16, 2025

El camote de Puebla

El camote, conocido científicamente como Ipomoea batatas (L.) Lam., 1793, es mucho más que un tubérculo con una historia cultural profunda. Representa una fuente de nutrición sobresaliente y un potencial medicinal significativo.

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Originaria de América del Sur, esta especie ha trascendido fronteras y se ha integrado vitalmente en las dietas de trópicos y zonas templadas del mundo. En México y particularmente en el estado de Puebla, es un emblema gastronómico; no obstante, este símbolo cultural se enfrenta actualmente a una grave crisis productiva y comercial, desafiando su permanencia en el mercado más allá de su nicho tradicional.

La diferenciación del camote por el color de su pulpa es un indicador directo de la concentración de compuestos. Por ejemplo, las variedades con pulpa amarillo-anaranjada son reconocidas por su riqueza en provitamina A (beta-caroteno), esencial para la salud visual e inmunológica. Por otro lado, las variedades de camote morado exhiben un alto contenido de antocianinas, que son pigmentos que les confieren un potente efecto antioxidante.

Representa una fuente primaria de carbohidratos complejos y fibra dietética. Una porción de 100 gramos de camote horneado con piel, aporta aproximadamente 90 kilocalorías y constituye una fuente significativa de fibra, cubriendo el 13% del Valor Diario Recomendado (VDR). La alta presencia de fibra no solo promueve la salud digestiva, sino que también desempeña un papel clave en la “desaceleración” de la absorción de glucosa, lo que es relevante para la estabilidad metabólica, sobre todo en personas afectadas de diabetes.

Aunque no es una fuente principal de proteínas, una pequeña porción de 100 gramos es de alta calidad biológica, incluyendo un perfil importante de aminoácidos esenciales. Entre estos, se encuentran Leucina (0.092 g/100g), Isoleucina (0.055 g/100g), Triptófano (0.031 g/100g) y Valina (0.086 g/100g). Un hallazgo particularmente notable es la presencia de Lisina (0.066 g/100g). Este aminoácido esencial suele ser escaso en las dietas mesoamericanas basadas en cereales como el maíz; por lo tanto, el camote puede funcionar como un complemento proteico invaluable para mejorar la calidad biológica general de la dieta, lo que representa un argumento sólido que justifica su promoción como un alimento básico y no solo como un postre.

Es rico en vitaminas “C”, “B” y Niacina. Las variedades anaranjadas son una excelente fuente de Provitamina A. En cuanto a minerales, el camote contribuye a la ingesta diaria de elementos importantes para la salud. Por cada 100 gramos de camote crudo, se aportan 24 mg de Calcio, 0.4 mg de Hierro, 14 mg de Magnesio y 32 mg de Fósforo.

Sus propiedades medicinales están respaldadas por la investigación en fitoquímica y nutrición clínica. Las variedades, especialmente el “camote morado”, poseen un notable efecto antioxidante, que combate el daño celular inducido por el estrés oxidativo. La combinación de un alto contenido de Provitamina A (fundamental para la función inmunológica) y la capacidad antioxidante sugiere que el camote opera como un alimento fundamental para reforzar la respuesta inmunitaria general y mitigar la inflamación subyacente a numerosas enfermedades crónicas.

Su consumo ha sido asociado con beneficios directos en la salud cardiaca y metabólica. Se ha demostrado que el tubérculo es eficaz para reducir el colesterol de lipoproteínas de baja densidad (LDL, o colesterol “malo”) y potencialmente incrementar los niveles de colesterol HDL (“bueno”), reduciendo el riesgo de padecimientos cardiovasculares. Adicionalmente, existe una creciente base de evidencia científica que relaciona el camote con el tratamiento de la Diabetes Tipo 2. Se sugiere que el camote, en particular el camote morado, puede contribuir al tratamiento o manejo de esta condición. Estos efectos se atribuyen a su alto contenido de fibra y a compuestos específicos que ayudan a regular la glucemia.

Se ha registrado el empleo del tubérculo crudo como cataplasma para quemaduras superficiales. La preparación implica lavarlo y pelarlo, para que crudo se aplique sobre la zona afectada, cubriéndola con un paño limpio.

En México, la presencia del camote está profundamente ligada al estado de Puebla, donde su historia como un dulce artesanal ha cimentado su identidad, consolidándolo como un dulce típico; sin embargo, los segmentos más jóvenes de la población casi no lo consumen. Paradójicamente, la tendencia culinaria global y moderna lo ha adoptado por su versatilidad. Es ampliamente utilizado en preparaciones saladas, incluyendo bastoncitos especiados, brochetas con otros vegetales (calabaza, champiñones), o como ingrediente principal en platos fuertes horneados con carnes y queso.

A pesar de su profundo arraigo cultural y su indiscutible valor nutricional, la cadena productiva del camote en Puebla atraviesa una etapa crítica que amenaza la viabilidad del cultivo. La producción de camote en Puebla ha experimentado una disminución dramática: entre 2015 y 2022 cayó en un alarmante 67.3%, descendiendo de 3 mil 2 toneladas a tan solo 982. La producción remanente se concentra de manera extrema en el municipio de Atlixco, aportando 69.8% del total poblano en el periodo reciente, seguido por Huaquechula y Santa Isabel Cholula. Esta crisis es particularmente local, ya que otros estados de México han capitalizado la producción. Michoacán, por ejemplo, dominó el mercado nacional con 67% del valor total de la producción, destacando el municipio de Venustiano Carranza como el principal productor, con 12 mil 656 toneladas. Este desplazamiento productivo demuestra que el “camote de Puebla” ha pasado de ser un producto con predominio agrícola a ser principalmente una marca cultural, con una base productiva local insuficiente para sostenerla.

El camote es un recurso de incalculable valor nutricional y farmacológico. La evidencia científica valida sus propiedades y su potencial para tratar enfermedades metabólicas, además de ser una fuente altamente nutritiva. Es urgente implementar campañas de promoción que rompan el paradigma del camote solo como dulce, impulsándolo en el sector restaurantero para integrarlo en platos salados, botanas saludables, postre y alimentos de preparación rápida, atrayendo así a las nuevas generaciones y expandiendo su demanda más allá del consumo tradicional. Solo mediante la integración de su valor científico superior con estrategias de mercado diversificadas, el camote podrá recuperar su rentabilidad agrícola y asegurar su futuro, trascendiendo su estatus actual de mero emblema cultural en declive.

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