Viernes, marzo 13, 2026

El asesino de Kennedy en México

Una buena ficción, en este caso la reciente novela del mexicano Enrique Berruga Filloy, El cazador de secretos, puede revivir cuestiones de la vida nacional olvidadas en el tiempo.

Anunciada como un “thriller sobre Lee Harvey Oswald en México”, la historia que cuenta su autor trasciende lo anticipado, el paso por nuestro país del asesino solitario del presidente norteamericano John F. Kennedy, allá por el año 1963, para recrear temas como el espionaje internacional, la subordinación de los más renombrados políticos de aquella época a los intereses norteamericanos, las barbaridades de la Guerra Fría, la batalla generacional y hasta las formas en que se habita una ciudad.

Tema por demás recurrente el del magnicidio de Kennedy, sin embargo, casi inadvertido en su conexión mexicana, por lo que el mérito de El cazador… se extiende. Se sabrá de inmediato, Oswald habría estado en México semanas antes de perpetrar el referido asesinato y habría tenido tratos con personajes de las embajadas de la Unión Soviética y Cuba aquí asentadas.

Entidades antagónicas a los intereses de Estados Unidos, su país de origen, en el marco de las tensiones generadas a partir del triunfo de la Revolución Cubana y sus consecuentes crisis político-internacionales, tales como la llamada crisis de los misiles y el fracaso de la invasión norteamericana a la Isla, en Bahía de Cochinos.

Pues sí, El cazador… le sigue la pista a Oswald, específicamente Valentín Guzmán, el personaje eje de la narrativa de Berruga Filloy, una espía del gobierno mexicano inserto en los laberintos del autoritarismo y la desconfianza, adscrito, nada más, nada menos, a la temida Dirección Federal de Seguridad comandada por el veracruzano Fernando Gutiérrez Barrios, aquí llamado Lobo Plateado

Guzmán, un joven que desde niño soñó en convertirse en el mejor espía e inventor de mecanismos de escucha furtiva, tejerá su existencia a la del magnicida (cuando presente en tierras mexicanas), pero también después, ya muerto a manos de Jack Ruby, a unas horas de los disparos contra el auto descapotable en el que viajaba el aristócrata de Massachusetts.

El vuelco de la historia recaerá también en la de Guzmán, hace poco enamorado de Mariana, una bibliotecaria universitaria simpatizante de las causas del cambio social, aún fresco el entusiasmo provocado por el asalto al poder de los revolucionarios cubanos. 

Sólo que ahora en una especie de reconstrucción de la presencia de Oswald en México, ordenada por el mismo Lobo Plateado, y en la que el personaje novelesco vuelve a encontrarse con agentes cubanos, soviéticos y norteamericanos. “…al menos debería ser capaz de poner en claro la conexión entre la presencia de Oswald en México y el magnicidio. Si logramos precisar para qué vino a México el asesino (designado) del presidente de Estados Unidos siete semanas antes der tomar el rifle en Dallas, nuestra contribución a la historia y a la paz de las almas de todos los estadounidenses sería genial”, dice Guzmán.

Pero hay más historias en El cazador… 

La del “régimen carcomido por la corrupción y sin el menor sentido de la honradez”, el mexicano del PRI, claro está, que habría posibilitado la existencia de un pequeño grupo de funcionarios de alto nivel afiliados como agentes a la mismísima CIA (Agencia Central de Inteligencia) norteamericana. Los llamados litempos, o sea, Gutiérrez Barrios, Díaz Ordaz, Echeverría y más.

Elena Garro

Otra, la de las intrigas de los agentes internacionales de ambos bandos, capitalistas (Estados Unidos) vs. comunistas (Unión Soviética y Cuba), quienes se habrían infiltrado incluso en sectores de la intelectualidad, como en el caso de la escritora Elena Garro, “de medianas luces, pero eso sí, con gran capacidad de convocatoria en el medio intelectual”.

“Debía ser una mujer sorprendente y muy aguda—sostiene la narración—. Tenía el extraño don de gozar de la confianza lo mismo de los cubanos y los soviéticos, la intelectualidad mexicana y hasta los estadounidenses”.

(La misma Garro, autora de una obra narrativa fundamental en el canon mexicano del siglo XX, habría sido protagonista de una querella similar, años después, alrededor de los acontecimientos del movimiento estudiantil de 68).

Y por supuesto que El cazador… (la sexta novela publicada por Berruga Filloy, además diplomático de carrera) cuenta la vida del propio Guzmán, quien se niega a someterse a los designios de todo espía, “vida rota, soledad insondable, silencio perenne y certeza de funeral sin testigos”, y busca resolver “los secretos de verdad que importan en la vida”.

Enrique Berruga Filloy, El cazador de secretos, Espasa, México, 2022, 296 pp.

@mauflos

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