Lunes, enero 17, 2022
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EL ASALTO AL CIELO DE LOS MAOS POBLANOS

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En octubre de 1986 los obreros de Herramientas Stanley organizaron una protesta colectiva porque había una alta incidencia de mutilaciones y accidentes de trabajo que la empresa ocultaba al IMSS. Los trabajadores faltaron a la fábrica colectivamente durante tres días.

Meses antes, en abril, habían nombrado una directiva democrática dentro de la CROM. El cambio no le gustó a los patrones. Respondieron cesando masivamente a obreros y dirigentes. 

El 31 de octubre el subsecretario de Gobernación de Puebla citó a pláticas de conciliación. Era una celada. En lugar de negociar, el asesor, Miguel Ángel Rosas Burgess (Beryis), y dos trabajadores fueron los arrestados. Los acusaron de privación ilegal de la libertad, despojo, injurias y amenazas.

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No era la primera ocasión en que Miguel Ángel caía a la cárcel. Organizador de trabajadores automotrices y de múltiples huelgas de hecho en la industria de la construcción, y quizás el más representativo militante del Frente Activista Revolucionario (FAR) en la entidad, una organización maoísta extraordinariamente activa en los movimientos populares de Puebla, entre 1968 y 1978, Beryis había sido arrestado y perseguido penalmente en años anteriores. Más aún, se había visto obligado a salir del estado durante una década, por la amenaza de ser aprehendido por la temible Brigada Blanca.

Estaba sobre aviso. Un compadre lo previno: “Fíjate que vinieron mis dos primos, que están en el Ejército y sirven como asistentes del Estado Mayor de la XXV Zona militar, y ellos oyeron que le iban a dar en la madre a un grupo encabezado por un tal Beryis, que porque están organizando un levantamiento del tipo de Lucio Cabañas”. Así fue. “Efectivamente -cuenta el organizador comunista- cayeron a mi casa el 5 de febrero de 1976”. No había ya manera de seguir haciendo el trabajo de masas en Puebla.

“Estuvimos a salto de mata un año (había que cuidar el trabajo de organización)”, relata Miguel Ángel. “Después busqué cómo sobrevivir y andar con mucha precaución, porque el exterminio de activistas y militantes por parte de la Brigada Blanca era descarado y sangriento. Hacían lo que querían sin miramientos.  Durante un año (1978/79) colaboré solidariamente con el Ejército Sandinista de Liberación Nacional”.

El maoísmo era, en esa época, una importante corriente de pensamiento en el país, que orientaba la práctica política de muchos jóvenes. Aunque su difusión comenzó con la visita de Vicente Lombardo Toledano a la República Popular China en 1949, el movimiento estudiantil del 68 lo catapultó por toda la geografía nacional. Puebla no fue la excepción. En junio de 1971 el exjesuita Felipe Pardinas dio una conferencia a los estudiantes universitarios sobre las ideas de Mao acerca de la revolución popular.

El FAR luchaba por una nueva revolución. Era una organización pensamiento Mao Tse-tung, no abierta y con una estructura muy flexible; una especie de confederación de células, de tribus mamecas (por su común origen en el Movimiento Marxista Leninista Mexicano). No tenía una dirección política formal. Se articulaba en sectores: campesino, obrero, popular y universitario. Impulsaba la formación de frentes populares de masas, con destacamentos de obreros, colonos, inquilinos, campesinos, ambulantes, albañiles, lecheros y panaderos, como el Frente de Autodefensa del Pueblo y el Frente Obrero Campesino Estudiantil y Popular. Sus militantes no andaban buscando aplausos. Hacían lo que se tuviera que hacer. Cuando sufrían acoso policiaco se reunían solo algunos de cada célula; cuando podían, se encontraban todos (entre 100 y 150 activistas).

“Nosotros -cuenta Miguel Ángel- dejamos todo, porque estábamos seguros de lo que estábamos haciendo: íbamos a lograr la revolución”.

Originalmente se llamaron Frente Activista, para rescatar el nombre histórico de quienes los habían reclutado, que eran, además, sus profesores. Luego pasaron a ser Frente Activista Emiliano Zapata. Finalmente se bautizaron como Frente Activista Revolucionario. Actuaron a través de y con los comités de lucha de la Universidad Autónoma de Puebla (UAP).

“A nosotros nos toleraron con nuestros vínculos y nuestra actividad con el pueblo”, explica Beryis, “porque la Universidad en esa época era agredida constantemente por la derecha y el gobierno, y el apoyo popular era muy necesario. Estábamos en la reforma universitaria de los 70’s, impulsada principalmente por un grupo de personajes universitarios progresistas, los del Partido Comunista Mexicano -que en 1972 ganó la dirección de la universidad- y los mamecas. Como los dos primeros se dieron cuenta de nuestra capacidad de convocatoria, toleraron nuestro radicalismo”.

En 1970 realizaron su primera actividad como células del FAR: una campaña de alfabetización en un pueblo de Tlacotepec (por Tecamachalco), en el que nació uno de sus principales dirigentes: el físico Bulmaro Vega León (1945/2011). También comenzaron a participar en luchas agrarias en Cholula, en Tlaxcala, Tecamachalco, y, posteriormente, en Tepeaca y Amozoc, y por supuesto con vendedores ambulantes, además de organizar luchas sindicales muy radicales, especialmente en la industria de la construcción, pero también con cañeros de Acatlán.

Bulmaro, un náhuatl, de origen muy humilde, figura clave en la formación de la Unión Popular de Vendedores Ambulantes 28 de Octubre (UPVA 28 de Octubre), gran formador de cuadros, fue detenido en dos ocasiones. La primera, durante el movimiento estudiantil-popular de 1968 en la Ciudad de México. La segunda, en 1970, acusado de difundir propaganda comunista de la embajada cubana. El 2 de octubre, en Tlaltelolco, salvó la vida protegido por el cadáver de otro estudiante (Sandra C. Mendiola, Street vendors, and politics in Twentieth Century. Puebla, Mexico).

La experiencia de la UPVA, fuerza clave en la democratización desde abajo de Puebla, con una intensa vida asamblearia, grandes movilizaciones y solidaridad permanente hacia otros sectores populares, es un claro ejemplo del tipo de vida asociativa que el FAR impulsó. Su dirigente Rubén Sarabia Simitrio proviene de sus filas.

En las marchas, las organizaciones sindicales y populares conducidas por el FAR llevaban mantas con la consigna “¡Viva Lucio Cabañas!”. No se sabía mucho cómo era el guerrerense, así que evitaban divulgar su imagen. Según Miguel Ángel: “Acordamos no tener vínculo con Lucio, pero en la práctica era obvio que había algo. Reproducíamos todos los comunicados de la guerrilla y los repartíamos masivamente. Conocimos los acuerdos de las Asambleas de la Sierra a las que convocó el Partido de los Pobres”.

También tenían relación con el Güero Medrano, primero en los tiempos de la colonia Rubén Jaramillo, en Morelos, y, después se complicó durante la época del Partido Proletario Unido de América (PPUA) (https://bit.ly/3r8h1KP). En la ficha elaborada sobre Miguel Ángel por la Procuraduría General del Estado se anota que “existen antecedentes de tener afinidad con elementos subversivos pertenecientes al PPUA”.       

En los hechos, el FAR trazó rutas en una parte de Puebla, Oaxaca y Veracruz, que es zona indígena, y en Tierra Blanca, Loma Bonita, Playa Vicente, no muy lejos de donde operaba el Güero. Se trataba de conocer itinerarios y tenerlos reconocidos, por los que se podrían desplazar, y saber qué tipo de gente había y si eran amigables o no.

Pero, cuenta Beryis, “no nos duró mucho el gusto. Mataron a Lucio y de ahí, a los dos años, nos persiguieron los de la Brigada Blanca… Nos faltó capacidad política, madurez y contactos…” El asalto al cielo de los maos poblanos quedó a la espera de otros tiempos.

Twitter: @lhan55

 

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