El aprendiz y sus escobas

Termina el año con el año con el baile cada vez más desenfrenado de las escobas que echó a andar nuestro aprendiz de brujo. “No somos iguales” repite constantemente y la vara de medir que usa es él mismo y su visión de la historia patria. Se compara con Juárez y Madero. “No me voy a reelegir, soy maderista”, grita en la plaza pública de su natal Tabasco, ante las peticiones de sus correligionarios para que lo haga.

Con los mejores propósitos desde el punto de vista moral –dignos de una humildad inexistente que los haría coherentes–, cree que eso es suficiente para gobernar. Quiere pasar a la historia como el Presidente justiciero y por ello se pone por encima de las instituciones; de las que le gustan y de las que no. Algunas de las medidas que toma son muy loables y no tienen mayor ciencia. Dependen efectivamente de su voluntad dentro de los límites del equilibrio de las finanzas públicas. Aumento de los salarios mínimos; pensiones, becas y apoyos para adultos mayores, discapacitados, estudiantes, campesinos y otros. Piensa que eso distribuye mejor la riqueza y aumenta el empleo, además de asegurar una base social de apoyo. De ahí su obsesión por el crecimiento económico que, si no se produce, no importa, porque lo que tenemos es un mayor desarrollo.

Y es que tiene sus propios datos. Lo de menos es lo que opine el mundo. El desarrollo se puede dar sin crecimiento. La violencia se puede combatir con abrazos. Expresiones que, fuera del contexto mexicano, son incomprensibles para cualquiera y dan pena ajena.


Se concibe a sí mismo como demócrata, pero la lógica del ejercicio de su poder es autócrata. Por ello tiene que estar aclarando el punto constantemente. Se lo concedemos. Es un autócrata curado en salud. Le encanta el culto a la personalidad aunque lo niega de vez en cuando. Sin embargo, los grupos del partido que lo apoya se pelean la dirigencia alrededor de su figura. Apuestan por aparecer cada vez más leales y sumisos. Hasta inventan que el líder tiene un pensamiento, cuando en verdad se trata de un caleidoscopio moralino.

En los temas que no son de aplicación directa de la voluntad, es decir que no son aritméticos sino algebraicos, las cosas se le complican mucho y se convierten en verdaderos galimatías. Así en la política económica, la de seguridad, la exterior y en la propia administración en su conjunto. La política educativa la resolvió sobre la base de concesiones con el fin de abonar a la gobernabilidad.

Sus grandes proyectos son meras improvisaciones sobre las rodillas y así y todo los somete a consultas públicas, las cuales ni el mismo se las cree, en cuanto a que cumplen con los mínimos requisitos democráticos o de juego limpio. El aeropuerto de Santa Lucía se puso como opción cuando ni siquiera había los estudios preliminares. La termoeléctrica de Morelos la hizo pasar como bola rapidísima ponchando a pueblos originarios y activistas sociales. Ahora, en el fin de semana, recurrió a la consulta a mano alzada de las comunidades indígenas y a la votación de la población interesada, respecto a la decisión del Tren Maya.

Junto con la refinería de dos bocas, el tren Maya ha sido señalado como una obra de enormes riesgos ante el avance del cambio climático o, éste último, por los daños que puede ocasionar en el entorno. Pero nada importa. La prisa por volver irreversible la 4 T lo justifica. Al igual que la firma del tratado de libre comercio con Norteamérica en dónde fueron los gringos los que metieron la bola rápida dejando al pobre Seade con la mirada de Tribilín.

En fin, gobierno de propósitos loables pero de una muy baja calidad, o mediocre, en el mejor de los casos. Ahí están la instrumentación de los programas de salud, de jóvenes construyendo el futuro, de estancias infantiles, de compras y muchos otros que sólo se han significado por la torpeza con la que han sido llevados a la práctica.

El cambio de régimen sigue la misma lógica, aparentemente no deseada, de limitar a la democracia, fortaleciendo el presidencialismo tradicional, golpeando o eliminando a los contrapesos y a las instituciones autónomas. La lucha contra la corrupción lo justifica todo. Pero los vacíos que se van dejando y las impericias en la gobernabilidad serán ocupados por otros. Durazo nuevamente nos dice que en unos tres años ya funcionará la Guardia Nacional. Mientras tanto lo que opera es la discrecionalidad.

Y como la seguridad del país y de las personas no puede esperar, los Estados Unidos detienen a quién ellos mismos llevaron a la gloria, o amenazan con declarar a los narcos como terroristas. Y entre el operativo fallido de Culiacán, la masacre de los Le Barón y la anhelada firma del tratado de libre comercio, los Estados Unidos ya lograron meterse hasta la cocina de las políticas de seguridad. Ya nos habían obligado con la migración, al convertirnos en los hechos en tercer país seguro.

Aunque se declaró muerto al neoliberalismo, dos de los pilares políticos del actual gobierno son plenamente neoliberales: la política económica y los programas insignia, si bien éstos últimos, se espera, sirvan para engrandecer la figura del líder. Como se ha dicho, qué mayor neoliberalismo que el libre comercio o la opción para los individuos de escoger qué hacer con su dinerito en lugar de fortalecer a las instituciones públicas. Neoliberalismo corregido con asistencialismo.

Y así vamos con nuestro aprendiz de brujo y su danza de las escobas. Algunas bailando al son neoliberal, otras al del liberalismo social, sin faltar las evangélicas, las pronorteamericanas, las bolivarianas, y un enorme etcétera, que en su conjunto delinean a un gobierno delirante, aunque afortunadamente pragmático pero mediocre.

El aumento del 20 % al salario mínimo, con el apoyo de los empresarios y los trabajadores, nos habla de esa voluntad con propósitos de justicia social que, infortunadamente, se subordina al objetivo de la concentración del poder en las manos del Presidente, con el fin de hacer irreversible el cambio de régimen. Descartada la reelección, no queda más que pensar en la apuesta para designar al sucesor, tal como lo hacía la monarquía sexenal. De cualquier manera, la recuperación del salario merece el reconocimiento de todos y sin regateo alguno.

Por ahora me tomaré unas sabrosas vacaciones, por lo que éste blog dejará de aparecer durante algunas semanas. Felices fiestas.