Jueves, agosto 18, 2022
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El abordaje médico de la ansiedad

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La ansiedad es normal. De hecho, puede llegar a ser una experiencia positiva para la vida. Niveles moderados nos ponen en alerta, mejorando el rendimiento general. Incluso, un alto grado puede llegar a ser determinante de acuerdo a la vivencia en el momento de experimentarla, por ejemplo ante una competencia deportiva, presentando una prueba o un examen, en una entrevista de trabajo y hasta cuando se pone en riesgo la vida, generando una alta excitación de prácticamente todo el organismo, lo que permite concentrarse en la amenaza y condicionar un escape o un alejamiento del peligro.

Sin embargo, como todos lo sabemos, la ansiedad también puede ser negativa disminuyendo la capacidad para pensar, reflejándose en una limitación para planificar y condicionar una buena actitud en la realización de tareas complejas. Así es que se ve muy mermada la facultad para desempeñarse, llegando incluso a condicionar sentimientos incapacitantes y con altos grados de sufrimiento. Patrones de pensamientos inútiles condicionan miedos y preocupaciones constantes que tienen impactos graves en la salud general, sobre todo cuando la duración se da en cuestión de meses o años.

Cotidianamente en mi práctica diaria me sorprende la frecuencia con la que plasmo en mis historias clínicas, paralelamente a las enfermedades que suelo valorar, cuadros de ansiedad, con manejos médicos que se pueden apreciar como insatisfactorios. Las razones que pueden explicar este fenómeno son múltiples y se circunscriben a una ignorancia en cuyo grado más alto, por supuesto me incluyo. Por esta razón me llamó poderosamente la atención un artículo publicado en Australia1 titulado “Guías en la práctica clínica para el tratamiento de desórdenes de pánico, ansiedad social y ansiedad generalizada, por el Real Colegio de Psiquiatras de Australia y Nueva Zelanda” (Royal Australian and New Zealand College of Psychiatrists clinical practice guidelines for the treatment of panic disorder, social anxiety disorder and generalised anxiety disorder). La lectura del documento no solamente es interesante, sino también amena, aleccionadora y puntual en la explicación del problema, abordando el diagnóstico, el pronóstico, la prevención y por supuesto el tratamiento.

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Las personas pueden percibir una sensación de pánico, ansiedad social o ansiedad generalizada, con diversos grados de los que va a depender el enfoque terapéutico. Así se proponen, como soluciones, la Terapia Cognitivo–Conductual (TCC) que es esencialmente una psico–educación con una orientación a plantear cambios en el estilo de vida fomentando la buena alimentación, ejercicio cotidiano y buenos hábitos en general; el tratamiento con medicamentos o la combinación de ambos. En este sentido, la intervención de Psicólogos y Psiquiatras en un trabajo conjunto no puede ser eludida. Por supuesto el tratamiento debe de ser individualizado, planteando como primera línea la TCC, secundariamente los medicamentos y finalmente la combinación valorando la efectividad, la seguridad, la aceptación y el costo, para poder ser accesible.

Desde el punto de vista psicológico, puede entrenarse en métodos de respiración lenta, que independientemente de su facilidad, pueden llegar a ser muy efectivos, con diversos grados de profundidad que combinados con otras estrategias representan auxiliares invaluables en los momentos de crisis. Si esto no es suficiente, se debe apoyar con opciones farmacológicas que incluyen los Inhibidores Selectivos de la Recaptura de Serotonina (ISRS) o Inhibidores de la Recaptura de Serotonina–Norepinefrina (ISRSN). Los efectos secundarios de estos medicamentos son mínimos; sin embargo su utilización es particularmente delicada en caso de crisis de depresión mayor en adolescentes pues estando en un estado de melancolía y bajo nivel de actividad, un estímulo puede derivar en una actitud de alerta que se ha relacionado con complicaciones cuyo grado más alto está representado por el suicidio. Una falla en estos fármacos marca la indicación de medicamentos más potentes como los Antidepresivos Tricíclicos, los Inhibidores de la Mono–Amino–Oxidasa, la Mirtazapina, la Pregabalina y la Agomelatina. Finalmente se tiene como un auxiliar terapéutico a las Benzodiacepinas de vida media prolongada.

A diferencia de otras guías terapéuticas mundialmente reconocidas, para los australianos, la TCC constituye la base del tratamiento antes que la visión orientada a la indicación de medicamentos, condición en la que estoy totalmente de acuerdo y no precisamente porque desconozca las características farmacológicas de estas medicinas sino porque a final de cuentas, la orientación psicológica con modificaciones en los hábitos se reflejan en un estado de bienestar que tiene un impacto definitivo la salud general, a un costo más accesible y un beneficio invaluable a largo plazo.

Fuente: 1. https://doi.org/10.1177/0004867418799453. Royal Australian and New Zealand

College of Psychiatrists clinical practice guidelines for the treatment of panic

disorder, social anxiety disorder and generalised anxiety disorder.

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