Eduardo Rivera y Genoveva Huerta ya amarraron diputaciones pluris, por si pierden la lucha interna del PAN

Como parte del abierto y cada vez más profundo enfrentamiento entre la presidente del Partido Acción Nacional (PAN), Genoveva Huerta Villegas, y el exedil de la capital Eduardo Rivera Pérez, cada uno de ellos ha venido trabajando un “plan B” en caso de que no logren su propósito de controlar la candidatura a presidente municipal de la ciudad de Puebla, que es la joya de la corona del proceso electoral del próximo año. Cada uno se ha asegurado un cargo estratégico para 2021.

Se dice que Genoveva Huerta ha conseguido un acuerdo con el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PAN para encabezar la lista de candidatos plurinominales a diputados locales, con lo cual estaría garantizando que cuando deje la dirigencia estatal del blanquiazul tenga asegurada una curul en el Congreso del estado de Puebla, y no sólo eso, les estaría apostando a convertirse en la coordinadora de la fracción albiazul y no perder su papel de una férrea crítica de los gobiernos de la 4T.

Por su parte, Eduardo Rivera, ante el posible escenario de que no pudiera ganar la nominación a alcalde de la capital, se dice que en el CEN ha pactado la promesa de asegurar el quinto lugar de la lista de candidatos a diputados federales plurinominales de la circunscripción que corresponde al estado de Puebla.


Ello le permitiría conseguir una curul independientemente del índice general de votación que el PAN obtenga el próximo año.

Aunque estén enfrentados y representen visiones políticas muy distintas, es entendible que ambos hayan alcanzado esos acuerdos, pues Genoveva Huerta y Eduardo Rivera son, por ahora, las figuras más relevantes del PAN en Puebla.

Pero al mismo tiempo refleja de la debilidad que invade al CEN panista, que encabeza Marko Cortés, que no ha logrado cohesionar al partido luego de la profunda división que enfrenta como consecuencia de la derrota electoral de 2018.

Lo que pasa en Puebla es la mejor prueba, pues la dirección nacional del albiazul se ha visto rebasada para poner orden y evitar que la confrontación interna del albiazul le inyecte debilidad al PAN para enfrentar a Morena en los comicios del año entrante.

De hecho se dice que Marko Cortés ha definido que a él le interesa sacar un buen resultado en la disputa del Congreso de la Unión, que en resolver problemas domésticos del partido en cada estado. Por eso en Puebla se nota la ausencia del CEN para evitar poner orden y construir un acuerdo mínimo de sana convivencia entre el panismo tradicional y lo que queda del morenovallismo.

Por eso se han exacerbado las ánimos en el partido de la derecha: Genoveva Huerta está en una posición irreductible de no permitir que Eduardo Rivera gane la candidatura a alcalde. Prefiere verlo perder, que pactar con el exedil de la capital un proyecto electoral en común.

Y por su parte, Eduardo Rivera tampoco está dispuesto a pactar con Genoveva Huerta y al mismo tiempo no se acaba de cuajar su estrategia para conseguir por tercera vez la nominación de candidato a edil de la Angelópolis.

Eduardo Rivera enfrenta tres problemas fundamentales:

El primero es que sus índices de intención del voto no han crecido lo suficiente como para definirse como la única opción del PAN para poder disputar la alcaldía.

Fuentes confiables indican que en el equipo político de Eduardo Rivera causó mucho impacto una serie de encuestas en las cuales su índice de popularidad está empatado con el que tiene el exgobernador y también expresidente Municipal de Puebla, José Antonio Gali Fayad.

Algo que hace ruido en esos sondeos, es que Eduardo Rivera lleva varias semanas promocionándose dentro y fuera del PAN, mientras que José Antonio Gali Fayad no realiza ninguna actividad pública y se mantiene alejado de los reflectores de la opinión pública.

Un segundo problema es que Eduardo Rivera ha conseguido importantes acercamientos con personajes de mucha relevancia del morenovallismo, como son Mario Riestra Piña y Jorge Aguilar Chedraui.

Esa condición le debería dar mucha fuerza frente a la confrontación que sostiene con Genoveva Huerta, pues la dirigente del albiazul represente uno de los últimos reductos del morenovallismo.

Sin embargo, eso no ha ocurrido, ya que por un lado Rivera ha ganado importantes nuevos aliados, pero por otro lado el retiro de muchos apoyos.

Dentro de los grupos del panismo tradicional, que siempre han apoyado a Eduardo Rivera, les ha generado un fuerte malestar el ver al edil haciendo alianzas con el morenovallismo. Muchos de los inconformes sufrieron persecución, bloqueos y maltratos del extinto exgobernador Rafael Moreno Valle Rosas y aceptan todo, menos perdonar a quienes los agraviaron.

Y un tercer problema es que Genoveva Huerta sigue teniendo el control de la parte fundamental de los consejeros del PAN, que son los que podrían elegir al próximo candidato.

Ante este escenario de divisiones, confrontaciones e imposiciones que domina al panismo poblano, Huerta y Rivera ya tienen sus colchones de salvavidas por si alguno de los dos no sale bien librado.