Disculpa

En abril del año pasado escribí sobre las indignantes declaraciones del entonces presidente de la Televisión Española, José Antonio Sánchez Domínguez, que, en una conferencia dictada en la Casa de América, defendía la vocación civilizatoria y cultural del Imperio Español ya que, según él, de ninguna habrían traído conquista, barbarie o colonización a nuestras latitudes; por el contrario, habrían traído civilización y evangelización. Incluso afirmó, citando a la antropóloga Inga Clendinnen –sin saber si realmente dijo eso–, que “lamentar la desaparición del Imperio azteca es como mostrar pesar por la derrota de los nazis en la II Guerra Mundial”. ¡Vaya afirmación repleta de prejuicio, ignorancia y desprecio por las civilizaciones existentes en estos territorios antes de la llegada de los europeos! Bien, no hay que esperar mucho de una persona que, antes de iniciar un discurso, argumenta ignorancia del tema y poca preparación, pero que, así y todo, decide abrir la bocaza. Traigo a cuento este asunto por la reciente solicitud que realizó el gobierno mexicano a su homólogo español y al Vaticano, para que hagan una disculpa formal a nuestro país por los agravios cometidos por conquistadores y evangelizadores, respectivamente. A su vez, el gobierno mexicano pedirá esa misma disculpa a las comunidades indígenas a nombre de todos los gobiernos anteriores que, al igual que lo hicieron sus antecesores virreinales, abusaron constantemente de estas comunidades. Por supuesto, la respuesta del gobierno español no se hizo esperar y contestaron con un rotundo no, argumentando que las cosas del pasado se quedan ahí y que hoy lo que une a nuestras tierras, son fuertes raíces culturales que hay que celebrar. Las críticas le han llovido a nuestro presidente por múltiples razones, entre ellas, la idea de que hay cosas más importantes que hacer, o que, al igual que quiere hacer ver el gobierno de España, son cosas que ya pasaron y no merece la pena meterse en esos derroteros. Sin embargo, pienso que el asunto es mucho más complejo de lo que creen los quejosos y los elaboradores de “inteligentes” memes y páginas picaronas.

Primero que nada, hay que decir que existen muchísimos trabajos que, desde las academias más serias, por muchas décadas, han documentado y analizado los abusos cometidos en la conquista y en la posterior colonización del continente americano. Los trabajos en archivos Generales en América y en el General de Indias, han generado un mar de tinta en nutridos análisis históricos, en tesis de licenciatura, maestría y doctorado, trabajos serios y comprometidos con el conocimiento mismo, más allá de nacionalismos absurdos o de intereses oscuros. También lo han hecho para denunciar los abusos cometidos contra las comunidades indígenas por los gobiernos emanados de la Revoluciones de Independencia en el siglo XIX y de los gobiernos democráticos, dictatoriales o del cuño que se trate en los siglos XX y XXI. Por tanto, a los detractores de la solicitud o de la idea misma de la colonización, abuso y barbarie, los invito directamente a que se pongan a leer cualquiera de estos estudios. Soy de los que opina, basado en una constante investigación de la zona maya yucateca y de la zona petenera en Guatemala, que la Conquista no fue una, que no siempre se dio por medio de las armas y que la colonización de los territorios tuvo en su desarrollo lo mismo abusos que negociaciones constantes. Pero de ninguna manera niego la violencia, ni la imposición, ni la sistemática destrucción del orden establecido previo a la llegada de los europeos. Hacerlo no solo es ignorante, sino pernicioso. Escuché en un programa de opinión que se decía que valía más la pena exigir a Trump disculpas por toda la andanada de idioteces y agravios que comete día con día hacia nosotros. Puede ser también. Sin embargo, he de decir que no hay nada más neoliberal que ignorar de manera deliberada el pasado, con la pretensión “ilusa” de mirar al futuro que nos brinda progreso y desarrollo. Centrarse en el pasado, según este pensamiento, implica atraso. Lo dicho: pernicioso.

Coincido con los que afirman que AMLO exige esta disculpa con fines políticos y discursivos, pero creo que lo mismo persiguieron y persiguen personajes como los políticos que demandaron la disculpa del gobierno alemán a los judíos por el Holocausto y Justin Trudeau, con su petición reciente al Vaticano. Me parece que aquí el asunto está en lo que agudamente observó una colega antropóloga: se requiere evidenciar la colonización terrible en la que nos encontramos hasta el presente en este país de chisguete que vive más preocupado por evitar que las “Yalitzas” del mundo se nos vayan a rebelar y esas “guarachudas nos vengan a taconear”. En efecto, México sigue siendo colonial y muchas de esas prácticas siguen enraizadas de manera poderosa en nuestra sociedad. De hecho, hemos sido colonizados al menos dos veces: primero, por lo europeos desde su llegada a estas tierras; más adelante, por el neocolonialismo gringo y su vertiginosa difusión a través de su hegemonía expresada en productos mediáticos y políticas económicas. Ignorar ambas circunstancias nos lleva a justificar tropelías y abusos so pretexto del desarrollo y el progreso, mismo que nos ha de llevar a equipararnos a nuestros colonizadores, nada más falaz. La disculpa parecería un despropósito, pero en realidad no lo es. O conocemos y analizamos nuestro pasado, o seguiremos siendo esa tóxica sociedad colonizada, intolerante, racista y clasista de porquería.