Días de combate, de Taibo II, a 45 años

Días de combate, de Paco Ignacio Taibo II, editorial Grijalbo

La apuesta fue siempre por la buena literatura, independientemente de sus adjetivos o etiquetas.

Hacer buenas novelas.

Chingonas.


Sin importar que producto de su estructura, desarrollo y personajes se les considerara de una forma determinada, acotada.

Menospreciadas.

El reto era contar.

De modo que desde 1976, año en que Grijalbo lanzara Días de combate, de Paco Ignacio Taibo II (1949), la novela policiaca en México comenzó a cultivarse de manera profusa. Ya por la recepción de obras de autores de otros países, la reedición de los clásicos del género y, lo más importante, por la multiplicación de los autores locales.

“Esta es la primera gran novela policiaca mexicana. Es, también, algo más: un retrato de la Ciudad de México y una búsqueda de las relaciones y el clima que engendran a un asesino”, advirtieron sus editores.

Fue además el escenario para la aparición de Héctor Belascorán Shayne, detective a la mexicana que con el tiempo, en otras novelas del autor, muere y vuelve a nacer.

Un personaje literario creado a cabalidad.

“No me pregunten cuándo y cómo revivió. No tengo respuestas. Su aparición por tanto en estas páginas es un acto de magia. Magia blanca, quizá, pero magia irracional o irrespetuosa hacia el oficio de hacer una serie de novelas policiacas”, escribiría el autor, dos décadas después, al presentar un nuevo título.

Con una portada que reproduce un cómic de Armando Bartra, tiraje de 5 mil ejemplares, fotografía del autor de Juan Manuel Aurrecoechea, Días de combate cambió de editor diez años después al incluirse en la serie Lecturas Mexicanas de la SEP.

Para 1992 tuvo una nueva entrega, con varias reimpresiones, e incluida en la serie Misterio de Promexa junto a otras de la “serie Belascoarán”: Cosa fácil y No habrá final feliz, entre las más emblemáticas.

De ahí migró al sello Joaquín Mortiz y de éste a Planeta, donde se le consigue ahora, 45 años después.

En este 2021 tiene acumuladas traducciones y una decena de ediciones, nacionales y extranjeras, en países como España, Francia, Italia y la desaparecida Unión Soviética.

De subrayarse también son sus fallidos traslados al cinematógrafo. En donde recordamos a un Sergio Goyri (acompañado de Rebeca Jones; dirección de Carlos García Agraz) nada convincente.

Un estilo definido

Dividida en 12 capítulos, la novela define con claridad el estilo de un autor al que la crítica literaria de nuestro país denostó (primero) e ignoró (después).

Incluye, como todas las obras de Taibo II, epígrafes de autores tan distantes como Flores Magón, Trotsky, London, Cortazar, Faulkner, Fuentes, Mao, Rimbaud.

En la novela, dedicada a Marina, “que querían meterle la mano a las teclas de la máquina” y para Belarmino, el Cabezón y Francis, “que iban a escribir una novela policiaca en horas de oficina”, los escenarios citadinos se superponen a lo largo de 225 páginas.

Belascoarán, quien comparte oficina con Gilberto Gómez Letras (plomero), transita por San Juan de Letrán, el metro Pino Suárez, el Hospital General, la fuente de Petróleos, cafés de chinos…, siempre en búsqueda de un multiasesino que deja junto a sus víctimas unas raras notas firmadas por “Cerevro”.

“La muerte reposaba sobre la ciudad como un halo —se narra en la novela—; un halo suave, incoloro, intangible. Héctor, desde la banca helada en la que estaba sentado, situando los límites, los perfiles”.

Para Taibo II, la novelística policiaca inaugurada en Días de combate permite contar esta ciudad tan bien como cualquier otro género, con la ventaja de que la violencia, la policía y la sociedad más descarnadamente vistas, se colocan en el centro del escenario.

No habrá concesión del lector a tales panoramas.

Al fin y al cabo, como diría el propio Belascoarán, ¿no es evidente que en México casi todo es nota roja?

@mauflos