El incremento inflacionario afectó el costo de la canasta básica, que según el monitoreo de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC) en el primer mes de 2023 tuvo un costo de mil 352 pesos y este mes de junio llegó a mil 601 pesos, lo que significa 18.4 por ciento de incremento.
Si bien en meses previos, como son marzo, abril y mayo, el costo es superior al actual, el incremento afecta de manera significativa el consumo de los hogares, principalmente los de menores ingresos. Por otra parte, los incrementos salariales anuales que algunos han podido obtener no compensan el incremento de precios de los productos que están en la base para el cálculo de la canasta básica ni de otros productos que la población consume.
Frente a esta realidad, que contrasta con algunos indicadores macroeconómicos que se colocan como fortalezas de la economía mexicana, las familias históricamente disminuyen o sustituyen el consumo de los productos que más se encarecen. En algunos casos, la sustitución en función del precio va en contra de la calidad nutricional de los productos alimenticios que se adquieren, principalmente de los productos industrializados. En otro tipo de productos industriales la posibilidad de que estos bajen su precio se vuelve casi imposible, a diferencia de los perecederos, como frutas y verduras, que dependiendo de los ciclos productivos y de abasto tienen precios más volubles.
En materia de frutas, lo de temporada y nacional siempre es lo más económico, frente al patrón importador que se fue imponiendo con la liberalización comercial y que persiste. Pero en todos los casos, pero en especial para las familias con menores ingresos, el incremento de la canasta básica obliga a diseñar estrategias de redefinición y reducción del consumo.
Por ello se vuelve prioritario fortalecer las políticas públicas que permitan contribuir a garantizar una mejor alimentación para la población más vulnerable, no solo haciendo llegar productos a bajos precios sino coadyuvando a la constitución de los comedores comunitarios en colonias populares, así como ofreciendo en las escuelas de educación básica cuya población escolar tiene mayores necesidades, desayunos o comidas que contribuyan a fortalecer la alimentación de niñas y niños.
