La caída de 0.4 por ciento en la actividad económica de Puebla durante el primer semestre de 2025 no es un fenómeno aislado, sino la confirmación de que las tendencias nacionales afectan a las regiones más industriales, según el diagnóstico del economista Samuel Ortiz Velásquez, egresado de la BUAP.
“A nivel nacional tenemos 12 trimestres con problemas de crecimiento económico y detrás del lento crecimiento económico hay un serio problema de inversión”, aseguró en entrevista con La Jornada de Oriente. Las cifras muestran que la economía estatal está atada a los vaivenes del país y globales, mostrando la falta de condiciones óptimas para el desarrollo regional.
A nivel federal, añadió, la inversión privada acumula once meses consecutivos a la baja, mientras que la inversión pública suma ya 15 meses en declive. Estos indicadores alimentan el ambiente de cautela entre los principales sectores productivos, afectados por la incertidumbre sobre la política económica, los aranceles estadounidenses impulsados por el gobierno de Donald Trump y el proceso de renegociación del T-MEC.
La presentación del Plan México, propuesta oficial para enfrentar los retos internacionales y dinamizar el crecimiento, tampoco ha generado hasta ahora un impacto suficiente en entidades como Puebla. El especialista señala que esa estrategia gubernamental ha quedado, en la práctica, como “un gran diagnóstico” más que una política territorial efectiva. La industria automotriz, columna vertebral para la economía poblana, también sufre una pausa en las exportaciones y enfrenta incertidumbre ante el contexto global adverso y el impacto directo de los aranceles estadounidenses.
A la problemática externa, se suma la inseguridad local, la cual, recalca Ortiz Velásquez, “impacta adversamente en los indicadores de crecimiento a nivel nacional y a nivel subnacional”. Estos factores refuerzan el **estancamiento** e inhiben el desarrollo de nuevos proyectos productivos.
El economista insiste en que para revertir el ciclo negativo es necesario transformar la política económica: “El gobierno debe de abrir la llave del gasto público, pero no el gasto público bajo la forma de transferencias y programas sociales; el gasto público que asuma la forma de inversión productiva”. Propone destinar los recursos extraordinarios recaudados mediante la ampliación de los aranceles a proyectos que realmente activen la economía local y nacional.
Frente al cierre de 2025, Ortiz Velásquez advierte que el estancamiento podría prolongarse si no se impulsan reformas profundas. Recomienda una reforma fiscal progresiva y la transformación del Plan México en una política focalizada, capaz de construir una verdadera red nacional de proveeduría que fortalezca el mercado interno.
“Realmente aspiramos a que el Plan México se convierta en un instrumento de política de impulso a la industria nacional y al mercado interno”, subraya.


