Domingo, agosto 7, 2022

¿Desaparecer… así nomás?

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Parte 1 ¿Cómo y quién lxs cuentan?

A Rosario Ibarra de Piedra,

la buscadora incansable.

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Con la cifra oficial de más de 100 mil desaparecidas y desaparecidos en México, entre los años 1964 y 2022, es urgente el análisis de la ruta que está tomando el tema. La presentación en crudo de las cifras del Estado hace necesario desglosar cada estadística y darle el contexto histórico que convenientemente se omite.

De abril de 2012 a enero de 2019, con el Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas se logró establecer una fuente de datos pública sobre los casos de desaparición activos generados por las procuradurías o fiscalías locales.

La Ley General en materia de Desaparición (LGMD) señala a la Comisión Nacional de Búsqueda como la encargada de publicar el nuevo Registro Nacional de personas y No Localizadas (RNPEDNO). Dicho registro se constituirá como el sucesor del Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas. En enero del 2018, sesenta días después de su publicación en el Diario Oficial de la Federación, la LGMD entró en vigor mandatando la creación del Sistema Nacional de Búsqueda de Personas, el cual incluye una Comisión Nacional de Búsqueda, un Consejo Ciudadano, un Programa Nacional de Búsqueda  y uno de exhumaciones, así como la integración de un Sistema Único de Información conformado por diferentes registros que servirán de herramientas de búsqueda, localización e identificación de personas desaparecidas a las autoridades de los tres niveles de gobierno.

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Ello entrega información con grandes deficiencias:

  • Ningún cruce de información con el Registro Nacional de Población, INE, etc.
  • No existe validación de los registros y la probabilidad de duplicidad u omisión es enorme.
  • Al ser localizada una persona y ser eliminada del RNPED, no se incluía ningún otro dato, ni el tipo de desaparición.
  • Los registros eran anónimos y no se incluían datos variables y hechos de desaparición.
  • La actualización no era (y no es) inmediata.
  • Un registro sin mapeo no visibiliza las zonas de riesgo y diluye la responsiva al Estado y a los estados.

El nuevo registro retoma los datos del 15 de marzo de 1964 a la fecha de esta publicación. Los periodos más duros de persecución política y que son parte de la Guerra sucia, no cuentan con registros fehacientes, el hueco de 5 años en los que el Estado no reconoce a los desaparecidos políticos, son vacíos que sólo la memoria histórica puede rescatar.

La desaparición como una política sistemática y generalizada de represión estatal se “inició” en Guerrero, cuando el gobierno priísta perseguía al Partido de los Pobres en Atoyac de Álvarez, donde el ejército intervino furiosamente en tareas de contrainsurgencia. La primera desaparición forzada con registro es la de Epifanio Avilés Rojas el 19 de mayo de 1969 en Coyuca de Catalán.

En 1969, Epifanio tenía 36 años, y se dice que, junto a otros compañeros, había planeado asaltar al Banco Comercial de México, para recaudar fondos a la guerrilla, pero su plan fue frustrado por la policía. La historia sobre el asalto no se ha comprobado, jamás hubo  investigación o juicio sobre el tema, pero el 19 de mayo de aquel año fueron llevados a la cárcel de Lecumberri. Epifanio Avilés fue detenido por soldados al mando del mayor de infantería Antonio López Rivera. Su esposa Braulia intentó seguirle la pista, pero lo último que supo es que fue entregado al general Miguel Bracamontes y lo subieron a una avioneta. Desde entonces no se sabe nada más de él. 1

En este contexto ocurrió la desaparición más emblemática para el Estado mexicano, el caso de Rosendo Radilla Pacheco, quien fue detenido en un retén militar el 25 de agosto de 1974 cuando viajaba de Atoyac de Álvarez a Chilpancingo, Guerrero.

México fue condenado, en 2009, por la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el caso del señor Radilla, lo que motivó la reforma constitucional de 2011 y diversas reformas legales a los códigos penales federal y de los estados para establecer el delito de desaparición forzada que es “…el arresto, la detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley”.

Invisibilizar la desaparición forzada, entre todas las cifras de desaparecidxs, nos habla de las políticas del Estado ante sus propios crímenes (ahora en complicidad con el narco), como el caso de los 43. La reivindicación de la desaparición forzada es urgente… ¡hasta encontrarlxs!

https://gatopardo.com/noticias-actuales/epifanio-aviles-desaparicion-forzada/

Una genealogía de las desapariciones

¿Adónde van los desaparecidos?

Busca en el agua y en los matorrales

¿Y por qué es que se desaparecen?

Porque no todos somos iguales

Rubén Blades

Oscar Ochoa

Ya rebasamos los 100,000 desaparecidos en México, un número alarmante desde los primeros casos, un número inquietante para los que guardan memoria, pero un número insignificante para los que guardan el estado de las cosas, aunque se cambie de gobierno. Tan sólo en este año se han reportado un total de 3,197 personas desaparecidas según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas (RNPD). Aquí vale preguntarse por las condiciones de desaparición de estas personas.

Según este mismo organismo, desde 1964, aún con su notorio subregistro y los límites presupuestarios para el mismo, los casos de mujeres representan un 25% del total, pero al considerar la edad, las mujeres desaparecidas son más del doble que los hombres cuando éstas son menores de 19 años. Y los estados cuyas demarcaciones con más casos son los estados de México, Tlaxcala, Puebla, Chiapas, Guanajuato, Oaxaca y Yucatán (Faltaría precisar lo que pasa en lugares de abundante violencia y numerosas fosas como Guerrero, Jalisco y Veracruz).

Desde que el genocida Calderón implementó su “guerra contra las drogas” en diciembre de 2006 y hasta la fecha, la desaparición de personas se ha incrementado en un 4,086%, pero este exacerbado incremento no se ha detenido ni con el cambio de un gobierno de supuesta izquierda. Resulta que los desaparecidos, pobres todos ellos, muchos migrantes de Centro América insuficientemente registrados, no son prioridad para los gobiernos a menos que se trate de personas bien, gente con recursos y contactos para hacer una pronta búsqueda.

En un país donde la normalización del crimen realizado dentro y fuera de las instituciones, se ha convertido en cultura de masas, la desaparición es un costo necesario para el Estado y sus estructuras paralelas que trafican armas, drogas, personas, órganos y otras especies. Así como Saturno devoraba a sus hijos en la mitología romana o Tonatiuh en la mexica, la resignación progresista sugiere no perder de vista los logros de un capitalismo moralizado y ético. Sin embargo, resulta necesario analizar en este monoteísmo de mercado los resortes que cosifican la vida para secuestrarla, aniquilarla y venderla. Esto resulta necesario para recuperar la ética de lo humano como algo propio de la tierra, el humus, y con ello andar por el sendero que nos distancie de la barbarie en clave capitalista.

Al igual que lo hacen los familiares de personas desaparecidas, asumiendo la búsqueda de sus seres queridos por fuera de gobiernos y fiscalías, urge buscar nuestra solidaridad, lo mismo si está enterrada, abandonada en contenedores o desaparecida. Urge encontrarnos en el páramo que progresistas y conservadores, partidos y cárteles nos han dejado. La desesperanza es la divisa que estos pretenden imponernos, pero no es ni será así, la vida se impone sobre la ganancia, el amor sobre el cansancio y la renuncia.

Así como la desaparición tiene un origen político y ahora se mezcla con lo económico, la búsqueda de los desaparecidos tiene un sentido profundamente político, social y cultural que reclama no sólo la verdad del paradero de los ausentes, también reclama sobre los mecanismos y las personas ejecutoras y las que las mandatan. La búsqueda de personas es resistir al olvido de las instituciones cómplices que se nutren mediante los vasos comunicantes con las redes criminales.

Encontraremos a los desaparecidos todos-todas, los de los 60 y 70 de la guerra sucia, los del 68, del 71, de Guerrero, de Oaxaca, Chiapas, Puebla, Veracruz, de todos los estados, los 43 de Ayotzinapa; pero también a las niñas y jovencitas, a las trabajadoras de las maquiladoras, a las amas de casa, a los migrantes, a los que pasaban por ahí, a los estudiantes… porque al encontrarlos a ellos nos encontraremos a nosotros mismos.

A los que no están con nosotros pero siempre están presentes

Alberto G López Limón*

En abril de 2004 escribí  “Hoy no escribo para los que tienen nombre; no escribo para recordar a los conocidos. No escribo para documentar algún hecho conocido. No escribo de quiénes fueron los encargados y brazos ejecutores de los compañeros caídos o desaparecidos.

Hoy escribo para los que, teniendo nombre, nos es desconocido. Para aquellos que ofrendaron con su esfuerzo, energía, desinterés libre de todos los egoísmos, su propia vida en la construcción de una sociedad libre de toda opresión y explotación sin esperar ni siquiera que se les reconociera su ardua jornada de trabajo y su sacrificio. A los que teniendo nombre es desconocido hasta para la propia familia. A los que cayeron y cuyos restos descansan en fosas comunes o anónimas, bajo tierra o en el mar. No en nombre de los desaparecidos cuyos nombre no es conocido, sino de aquellos no registrados y que son del todo desconocidos, aunque no por ello dejan de ser una realidad.

Escribo en nombre de los sacrificados, de los mártires cuyo nombre y apellido nos fue velado por las características propias de una lucha revolucionaria sin cuartel ni clemencia para los que se atrevieron a apostar por salidas radicales al problema de la miseria y opresión de nuestro pueblo. De aquellos que en su momento no fueron reivindicados por sus órganos de dirección por creerse en aquella época que lo más correcto y racional era mantener su anonimato y que hoy en día mantenerlo sólo sería consecuencia de una hipocresía y el encubrimiento de errores y deficiencias. ¿Cuántas organizaciones revolucionarias en nuestro país no tienen en sus filas héroes anónimos que sólo exigían, sin solicitar nada a cambio, que los dejaran trabajar al lado de los más humildes?

Hoy voy a escribir sobre los compas “Pancho” y “Julián” caídos en combate en 1987 al intentar recuperar recursos económicos para el proyecto revolucionario.”

Era el 9 de julio, hoy los recordamos: “Al compañero que nunca supe su nombre, sólo sé que lo llamaban Pancho lo conocí en el movimiento de integración de la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), congreso constitutivo en Iguala, ahí es dónde lo conocí. Sabía que venía del norte, desconozco de qué lugar del norte. Había ido a estudiar en el proyecto de Universidad Pueblo, a Chilpancingo, Guerrero. A estudiar una carrera.

Su forma de ser la conocíamos muy bien, era una persona muy agradable, transmitía buenos sentimientos, muy servicial, supe que era un profesor, normalista también del norte del país, de muy buen carácter, no muy extrovertido, más bien hablaba poco, pero se veía que transmitía. Coincidimos en el carácter. Cada vez que yo tuve la oportunidad de verlo siempre había una buena comunicación entre los dos.

En el caso del compañero Julián, no sé exactamente cómo se llama él también lo conocí en actividades propias de reuniones que hacía la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria. Supe que era un profesor normalista también del norte del país, de carácter no extrovertido, no hablaba mucho pero cuando se reía transmitía sinceridad y decisión en sus actos. Eso es lo que conozco de ellos.”

(Escrito por Alberto en abril de 2021, este texto era un avance de recopilación, comentarios y recuerdos de los camaradas caídos en la lucha por la sociedad igualitaria, libre de explotación y opresión; Alberto López Limón habla de sus excompañeros del MAR y de la ACNR antes de ser un militante ejemplar del Colectivo de El Zenzontle. Murió para vivir el 3 de junio de 2021)

www.elzenzontle.org

[email protected]

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