Miércoles, enero 14, 2026

¿Desaparecer… así nomás? Parte 30: Desaparecer es matar.

Yiria Escamilla

La desaparición de 7 organismos autónomos: el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), el Consejo Nacional de Evaluación de la Política y Desarrollo Social (Coneval), la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), la Comisión Nacional de Mejora Continua de la Educación (Mejoredu), la Comisión Reguladora de Energía (CRE), y la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), es una necedad que anula los últimos contrapesos a este gobierno. Van por todo.

Especialmente, es lamentable perder al INAI, es un golpe a la transparencia y un retroceso que afectará gravemente el ejercicio pleno de los derechos humanos en México. Al nivel de la reforma judicial y la militarización de la Guardia Nacional, desaparecer nuestro derecho a la información pública, antepone el autoritarismo y la opacidad, nos regresa 40 años en la lucha democrática (burguesa, pero de eso a nada…) y nos quita el empoderamiento del conocimiento. Quitar autonomía es esclavizar, desaparecer es matar.

Con esta privación de acceso a la información, la cultura de la transparencia irá desapareciendo y pronto las instituciones ocultarán lo que hasta hoy era una obligación. Amén del uso de los datos personales de la ciudadanía. Adiós a las autonomías. ¿Qué sigue? ¿Las universidades? Los periodistas ya no dudamos de nada. Van por todos. Van por nosotros. (¿Por qué el gobierno no va contra  el Banco de México “autónomo”, instrumento de dominio del capital financiero?)

Gracias a la cultura de la transparencia, hay dependencias que ponen a disposición información valiosa, sin necesidad de solicitarla a través de la plataforma del INAI. Por ejemplo, en el portal de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, aún es posible encontrar publicadas sentencias sobre el tema de desapariciones, que sientan jurisprudencias. Hagamos uso de la información pública, hasta el último instante:

“—Antecedentes: Tras la detención de su hijo de 16 años por un grupo de civiles y policías por la supuesta complicidad en un robo, la señora J acudió ante el Ministerio Público de Veracruz a denunciar su desaparición. La investigación quedó a cargo del Fiscal Auxiliar de una Fiscalía Regional de Veracruz (la Fiscalía). Ante la falta de resultados y las omisiones en las que incurrió la Fiscalía, la señora J, junto con otros familiares de personas desaparecidas en operativos, presentaron una comunicación al Comité contra la Desaparición Forzada de las Naciones Unidas (CDFNU), el cual emitió diversas acciones urgentes y requerimientos al Estado mexicano sobre la investigación y búsqueda. La señora J presentó demanda de amparo por la omisión de implementar, coordinar y efectuar una investigación diligente, exhaustiva, imparcial y seria, para lograr la localización de su hijo y la persecución de los delitos y responsables relacionados; y por la omisión de implementar las acciones urgentes. Al resolver, una jueza de distrito en Veracruz concedió el amparo a las personas quejosas y ordenó al Fiscal Auxiliar  ajustar su actuación a los estándares sobre la investigación y concluir eficazmente hasta dar con el paradero del hijo. Tanto la señora J como el Fiscal interpusieron recurso de revisión, del cual conoció la Suprema Corte de Justicia de la Nación en ejercicio de su facultad de atracción.

Cuestión a resolver: Determinar si las acciones urgentes, emitidas por el CDFNU, con base en la Convención Internacional para la Protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, son obligatorias y si su cumplimento por parte de las autoridades del Estado mexicano, en sus distintas competencias, debe ser supervisado judicial y constitucionalmente.

Resolución: Se concedió el amparo a la señora J y su hijo contra la omisión de las autoridades responsables de atender las acciones urgentes emitidas por el CDFNU, esencialmente, por las siguientes razones. Esta Corte determinó que una acción urgente es emitida por el CDFNU con el propósito de solicitar al Estado que tome las medidas necesarias para el pronto hallazgo de una persona desaparecida. Estas acciones, su cumplimiento y la II supervisión judicial dan contenido específico a la obligación del Estado de garantizar el derecho de las personas a no ser sometidas a desaparición forzada, así como a la obligación de búsqueda y localización de una persona desaparecida. Por lo tanto, las acciones urgentes, su ejecutabilidad, así como su supervisión judicial y constitucional, son parte del derecho a un recurso efectivo y del derecho de acceso a la justicia. En consecuencia, las autoridades responsables deben seguir los lineamientos precisos de búsqueda e investigación que contienen dichas acciones urgentes. —”

Lo dicho, van por los derechos humanos (con Rosario Piedra al frente de la CNDH), ya mataron al Poder Judicial, ya militarizaron, ya mataron la transparencia. Van por todo y por todos. Van por nosotros. Van por el país para entregarlo a Trump y al narco (Sinaloa, Guanajuato, Chiapas, Tabasco, etc.), porque, aquí, desaparecer es matar. Pero… ¿a poco nos vamos a dejar?

«Las derechas» y la prevención de Roque Dalton

Por Ricardo Candia Cares / Rebelión

Creer que en Chile hay varias derechas es de una ingenuidad histórica. Con el convencimiento de que el lenguaje genera realidades, de una caja de ideas apareció una que permite hacer menos gravoso llegar a acuerdos y asumir compromisos con una derecha diferente de otra.

¿En qué se diferenciará una derecha de la otra?

Decir que hay una derecha con la que se puede llegar a acuerdos democráticos que se van a cumplir, con la cual se puede negociar leyes y mecanismos para la administración del Estado, es una cosa que solo puede responder a intereses políticos y de los otros.

Pero creer que hay una derecha con un irrenunciable compromiso democrático, que sería capaz de respetar el orden en cualquier condición y cualquiera sea el carácter de un gobierno, pongamos por caso extremo, de una izquierda que se proponga un cambio en el paradigma neoliberal, es pecar de ingenuos.

El mismo tipo de creatividad definió una izquierda democrática para diferenciarse de otra que no lo sería. Para que digamos las cosas como son, esta última definición es sólo y exclusivamente para el Partido Comunista.

Hay otra clasificación que permite no dar tantas explicaciones, los acuerdos por bajo la mesa, las cuotas en empleos estatales y las alianzas espurias, pero eficientes a la hora de cazar incautos: la centro izquierda. La democracia cristiana dice mucho de eso que anda.

En esa boca ancha cabe medio mundo que intenta escalar en política vestido con ropaje que no le corresponde, levantando el puño y luciendo un discurso subversivo, pero cuando llegan al poder, cambian de ropajes y contribuyen al neoliberalismo que dijeron combatir.

¿Cuántas veces usted ha visto esa mutación?

Esta mecánica fraudulenta ha permitido el avance de la derecha en cualquiera de sus expresiones temporales, porque ha sido una decisión política de estas izquierdas rendidas y neoliberalizada hasta la madre, no oponerse a la agenda neoliberal, sino, supuesta y erróneamente, buscar avances dentro del mismo dominio.

Este fenómeno viene exportado desde la izquierda neoliberalizada europea que por sus comportamientos vacilantes y por creer en la “derecha democrática”, tienen la responsabilidad del crecimiento cancroide del fascismo en numerosos países de ese continente.

La historia ha demostrado que al fascismo sólo se le contiene y derrota cuando millones de personas enarbolan ideas radicales, seducidas tras un proyecto emancipador que contemple una estrategia de sociedad basada en valores humanos, que contraríen la idea de que las personas son útiles sólo en cuanto generan riquezas al capital.

En el orden neoliberal, las personas, incluidos los niños, son objetos de negocios, y sus derechos son vías para la obtención de ganancias. Clientes son y no personas. Y entre más pobres, mejor.

Y nuestro país luce con orgullo para sus sostenedores el más alto estándar de derechos transformados en negocios: sistema de pensiones, educación, salud, medio ambiente, vivienda, y un largo etcétera que incluye los goles del domingo.

He aquí que la imposición de esta cultura ha sido posible solo porque parte de la izquierda histórica se rindió, otra nació con fallas y la que vale la pena aún no toma conciencia y el toro por las astas.

Haga usted un ejercicio: piense que un proyecto político se propone e instala la idea de que la educación es un derecho y que cada niño irá a la escuela de su barrio, limpia, acogedora, segura, de cargo de toda la sociedad, con profesores bien tratados, con participación de sus comunidad, democrática e inclusiva.

Esa idea aterradoramente extremista y propia de comunistas desfasados, seguramente financiada por Venezuela, con injerencia de agentes cubanos, sería declarada fuera de la ley y sus promotores perseguidos por la seguridad del Estado.

Ahí verá que esa derecha no es tan democrática y que esas nominaciones que caben en él conceptos de “las derechas” sólo han sido usadas para aguachentar el peligro que viene de sus ideas con relación al ser humano, la sociedad, los derechos de las personas, de la economía y del rol del ser humano sobre la tierra.

Las mayores matanzas de seres humanos en la historia han sido por las ideas de las que son herederos aquellos que se dicen de derecha, en cualquiera de sus envases.

Roque Dalton, quizás uno de los más lúcidos y heroicos poetas de América Latina, profetizó: “No olvides nunca que los menos fascistas de entre los fascistas también son fascistas.”

En este país de amnésicos, esa previsión cayó en saco roto.

1910 A la mujer

Ricardo Flores Magón

Compañeras: la catástrofe está en marcha, airados los ojos, el rojo pelo al aire, nerviosas las manos prontas a llamar a las puertas de la patria. Esperémosla con serenidad. Ella, aunque trae en su seno la muerte, es anuncio de vida, es heraldo de esperanza. Destruirá y creará al mismo tiempo; derribará y construirá. Sus puños son los puños formidables del pueblo en rebelión. No trae rosas ni caricias: trae un hacha y una tea.

Interrumpiendo el milenario festín de los satisfechos, la sedición levanta la cabeza, y la frase de Baltasar se ha convertido con los tiempos en un puño crispado suspendido sobre la cabeza de las llamadas clases directoras.

La catástrofe está en marcha. Su tea producirá el incendio en que arderán el privilegio y la injusticia. Compañeras, no temáis la catástrofe. Vosotras constituís la mitad de la especie humana, y, lo que afecta a ésta, afecta a vosotras como parte integrante de la humanidad. Si el hombre es esclavo, vosotras lo sois también. La cadena no reconoce sexos; la infamia que avergüenza al hombre os infama de igual modo a vosotras. No podéis sustraeros a la vergüenza de la opresión: la misma garra que acogota al hombre os estrangula a vosotras.

Necesario es, pues, ser solidarios en la gran contienda por la libertad y la felicidad. ¿Sois madres? ¿Sois esposas? ¿Sois hermanas? ¿Sois hijas? Vuestro deber es ayudar al hombre; estar con él cuando vacila, para animarlo; volar a su lado cuando sufre para endulzar su pena y reír y cantar con él cuando el triunfo sonríe. ¿Que no entendéis de política? No es ésta una cuestión de política: es una cuestión de vida o muerte. La cadena del hombre es la vuestra ¡ay! y tal vez más pesada y más negra y más infamante es la vuestra. ¿Sois obrera? Por el solo hecho de ser mujer se os paga menos que al hombre y se os hace trabajar más; tenéis que sufrir las impertinencias del capataz o del amo, y si además sois bonita, los amos asediarán vuestra virtud, os cercarán, os estrecharán a que les deis vuestro corazón, y si flaqueáis, os lo robarán con la misma cobardía con que os roban el producto de vuestro trabajo.

Bajo el imperio de la injusticia social en que se pudre la humanidad, la existencia de la mujer oscila en el campo mezquino de su destino, cuyas fronteras se pierden en la negrura de la fatiga y el hambre o en las tinieblas del matrimonio y la prostitución.

Es necesario estudiar, es preciso ver, es indispensable escudriñar página por página de ese sombrío libro que se llama la vida, agrio zarzal que desgarra las carnes del rebaño humano, para darse cuenta exacta de la participación de la mujer en el universal dolor.

El infortunio de la mujer es tan antiguo, que su origen se pierde en la penumbra de la leyenda. En la infancia de la humanidad se consideraba como una desgracia para la tribu el nacimiento de una niña. La mujer labraba la tierra, traía leña del bosque y agua del arroyo, cuidaba el ganado, ordeñaba las vacas y las cabras, construía la choza, hacía las telas para los vestidos, cocinaba la comida, cuidaba los enfermos y los niños. Los trabajos más sucios eran desempeñados por la mujer. Si se moría de fatiga un buey, la mujer ocupaba su lugar arrastrando el arado, y cuando la guerra estallaba entre dos tribus enemigas, la mujer cambiaba de dueño; pero continuaba, bajo el látigo del nuevo amo, desempeñando sus funciones de bestia de carga.

Más tarde, bajo la influencia de la civilización griega, la mujer subió un peldaño en la consideración de los hombres. Ya no era la bestia de carga del clan primitivo ni hacía la vida claustral de las sociedades del Oriente; su papel entonces fue el de productora de ciudadanos para la patria, si pertenecía a una familia libre, o de siervos para la gleba, si su condición era de ilota.

El cristianismo vino después a agravar la situación de la mujer con el desprecio a la carne. Los grandes padres de la Iglesia formularon los rayos de su cólera contra las gracias femeninas; y San Agustín, Santo Tomás y otros santos, ante cuyas imágenes se arrodillan ahora las pobres mujeres, llamaron a la mujer hija del demonio, vaso de impureza, y la condenaron a sufrir las torturas del infierno.

La condición de la mujer en este siglo varía según su categoría social; pero a pesar de la dulcificación de las costumbres, a pesar de los progresos de la filosofía, la mujer sigue subordinada al hombre por la tradición y por la ley. Eterna menor de edad, la ley la pone bajo la tutela del esposo; no puede votar ni ser votada, y para poder celebrar contratos civiles, forzoso es que cuente con bienes de fortuna.

En todos los tiempos la mujer ha sido considerada como un ser inferior al hombre, no sólo por la ley, sino también por la costumbre, y a ese erróneo e injusto concepto se debe el infortunio que sufre desde que la humanidad se diferenciaba apenas de la fauna primitiva por el uso del fuego y el hacha de sílex.

Humillada, menospreciada, atada con las fuertes ligaduras de la tradición al potro de una inferioridad irracional, familiarizada por el fraile con los negocios del cielo, pero totalmente ignorante de los problemas de la tierra, la mujer se encuentra de improviso envuelta en el torbellino de la actividad industrial que necesita brazos, brazos baratos sobre todo, para hacer frente a la competencia provocada por la voracidad de los príncipes del dinero y echa garra de ella, aprovechando la circunstancia de que no está educada como el hombre para la guerra industrial, no está organizada con las de su clase para luchar con sus hermanos los trabajadores contra la rapacidad del capital.

A esto se debe que la mujer, aun trabajando más que el hombre, gana menos, y que la miseria, y el maltrato y el desprecio son hoy, como lo fueron ayer, los frutos amargos que recoge por toda una existencia de sacrificio, El salario de la mujer es tan mezquino que con frecuencia tiene que prostituirse para poder sostener a los suyos cuando en el mercado matrimonial no encuentra un hombre que la haga su esposa, otra especie de prostitución sancionada por la ley y autorizada por un funcionario público, porque prostitución es y no otra cosa, el matrimonio, cuando la mujer se casa sin que intervenga para nada el amor, sino sólo el propósito de encontrar un hombre que la mantenga, esto es, vende su cuerpo por la comida, exactamente como lo practica la mujer perdida, siendo esto lo que ocurre en la mayoría de los matrimonios.

¿Y qué podría decirse del inmenso ejército de mujeres que no encuentran esposo? La carestía creciente de los artículos de primera necesidad, el abaratamiento cada vez más inquietante del precio del trabajo humano, como resultado del perfeccionamiento de la maquinaria, unido todo a las exigencias, cada vez más grandes, que crea el medio moderno, incapacitan al hombre económicamente a echar sobre sí una carga más: la manutención de una familia. La institución del servicio militar obligatorio que arranca del seno de la sociedad a un gran número de varones fuertes y jóvenes, merma también la oferta masculina en el mercado matrimonial. Las emigraciones de trabajadores, provocadas por diversos fenómenos económicos o políticos, acaban por reducir todavía más el número de hombres capacitados para contraer matrimonio. El alcoholismo, el juego y otros vicios y diversas enfermedades reducen aún más la cifra de los candidatos al matrimonio. Resulta de esto que el número de hombres aptos para contraer matrimonio es reducidísimo y que, como una consecuencia, el número de solteras sea alarmante, y como su situación es angustiosa, la prostitución engrosa cada vez más sus filas y la raza humana degenera por el envilecimiento del cuerpo y del espíritu.

Compañeras: este es el cuadro espantoso que ofrecen las modernas sociedades. Por este cuadro veis que hombres y mujeres sufren por igual la tiranía de un ambiente político y social que está en completo desacuerdo con los progresos de la civilización y las conquistas de la filosofía. En los momentos de angustia, dejad de elevar vuestros bellos ojos al cielo; ahí están aquéllos que más han contribuido a hacer de vosotras las eternas esclavas. El remedio está aquí, en la Tierra, y es la rebelión.

Haced que vuestros esposos, vuestros hermanos, vuestros padres, vuestros hijos y vuestros amigos tomen el fusil. A quien se niegue a empuñar un arma contra la opresión, escupidle el rostro.

La catástrofe está en marcha. Jiménez y Acayucan, Palomas, Viesca, Las Vacas y Valladolid son las primeras rachas de su aliento formidable. Paradoja trágica: la libertad, que es vida, se conquista repartiendo la muerte.

 Regeneración, septiembre 24 de 1910

www.elzenzontle.org

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