Puebla, tercer lugar nacional en superficie afectada por derrames de hidrocarburo por tomas clandestinas: Igavim

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El estado de Puebla ocupa el tercer lugar nacional con la mayor superficie afectada por derrames de hidrocarburo por tomas clandestinas, con un total de 30.89 hectáreas dañadas entre los años 2012 y 2019.

Solo Guanajuato y Tabasco superaron a esta entidad, con 64.38 y 61.13 hectáreas, respectivamente, indica el análisis “El robo de hidrocarburo en ductos. Un delito enemigo del medio ambiente”, elaborado por el Instituto para la Gestión y Vinculación Municipal (Igavim).

Durante el periodo mencionado se registraron 8 mil 388 perforaciones ilícitas en ductos que atraviesan por territorio poblano, siendo el 2018 el año con la mayor cantidad: 2 mil 72.


De igual forma, del 2012 al 2019 en esta entidad federativa fueron identificados 968 sitios con derrame de hidrocarburo en ductos por tomas clandestinas.

Es la segunda cifra más alta en el país, tan solo después de los 3 mil 995 lugares contabilizados en Guanajuato.

Quecholac, a la cabeza en superficie alcanzada por derrames

En el estado de Puebla fueron identificados 21 municipios poblanos con lugares donde se registraron derrames, el de mayor superficie acumulada en ocho años es Quecholac, con  83 mil 642.5 metros cuadrados, seguido de Palmar de Bravo, con 45 mil 803 metros; Acatzingo, con 40 mil 966.84 metros; Tepeaca, 27 mil 271; Texmelucan, 25 mil 228; y Cuautlancingo, con 20 mil 92.25 metros, con base en los datos recopilados por el Igavim.

En Huejotzingo fueron 16 mil 56 metros cuadrados, en Tlahuapan, 13 mil 704; Acajete, con 12 mil 494; Tlalancaleca, 6 mil 474; Coronango, 4 mil 119; Amozoc, 3 mil 112.4; Los Reyes de Juárez, 2 mil 755; Huauchinango, 2 mil 650, San Salvador El Verde, 2 mil 321; y Puebla con mil 70.

Los menos afectados fueron Venustiano Carranza, con 473 metros; mientras que Tecamachalco, Francisco Z. Mena, Xicotepec y Esperanza registraron 50, 40, 30 y 18 metros cuadrados, respectivamente.

El instituto indicó que los desbordamientos no solo provocan riesgos en suelos y corrientes de agua sino que también generan emisiones a la atmósfera, mismas que no están cuantificadas.

El Igavim refirió que los daños ocasionados por los derrames pueden clasificarse básicamente en tres: humanos, al patrimonio y ecológicos.

Los primeros consisten sobre todo en intoxicaciones; los segundos han llevado a la pérdida de casas y además, cada que existe un derrame de hidrocarburo se provoca la afectación al suelo, muchas veces fértil y sembrado, propiedad de algún ejidatario, mientras que los ecológicos  afectan al suelo, cultivo y agua; algunos terrenos, refirió el observatorio, vuelven a ser productivos después de muchos meses, pero otros quedan inhabilitados, abandonados o fungiendo como basureros. Además afectan a los cultivos, la mayoría  de ellos son comestibles.

El Igavim  expuso que ninguna autoridad municipal cuenta con procedimientos y diagnósticos que apoyen de manera inmediata en el control y remediación de sitios contaminados en el momento que se origina un derrame.

Precisó que aunque es facultad y obligación de la federación, las medidas preventivas y correctivas pueden apoyar en los procesos de contención y en la identificación del radio de afectación.