Miércoles, junio 23, 2021

Democracia latinoamericana

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«Pero en Centroamérica los Estados cumplen una

función meramente decorativa, son “jueces y

gendarmes” para la represión a sangre y fuego

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de la rebeldía popular».

 Eduardo Galeano

Después de las votaciones del 6 de junio de 2021 en México, se puede poner en la palestra lo que ha sucedido con las democracias en nuestra región, esto es, en Latinoamérica. ¿Cuál es el alcance del derecho a votar de los ciudadanos? Sobre todo, vale cuestionarse si basta con que los ciudadanos acudan un día cada tres años a elegir lo que se encuentra limitativamente señalado en una boleta electoral, la cual parece hacer las veces de una especie de menú de un restaurante en donde se escoge lo que también está limitado. En resumen, ¿es suficiente acudir como ciudadano de a pie cada tres años a votar para sostener que existe democracia en México?

Desde luego que la respuesta es enfática y contundentemente que no resulta suficiente. En tanto que sigamos con esta democracia meramente representativa y nada participativa, es muy poco lo que se puede decir de un Estado de derecho democrático.

En el epígrafe, se describe lo que sucede en los países de Centroamérica, dominados por los intereses de Estados Unidos de América; países en los que, cuando surge un presidente contrario a esos intereses, ocurre un golpe de Estado, una crisis política o algo similar para destituirlo. Sin embargo, los países restantes de toda Latinoamérica no son la excepción, pues basta con observar lo que ha sucedido con las naciones cuando gana un partido que es de oposición a los intereses de los norteamericanos. Tal ha sido el caso de Sudamérica con la destitución, en Bolivia, del gobierno de Evo Morales, en la década de los setenta del siglo XX, en Chile, con el gobierno de Salvador Allende o en el caribe, donde los gobiernos de oposición a los intereses de los Estados Unidos de América inmediatamente desaparecen vía revoluciones, golpes de Estado o, en su caso, por medio de las elecciones, como sucedió en la República Dominicana.

Esto mismo ha sucedido con Centroamérica a lo largo de su historia, como recientemente ocurrió en Honduras con el gobierno de Celaya o en Nicaragua y Guatemala, el siglo pasado, donde se iniciaban de inmediato las medidas contra los gobiernos que eran de oposición de Estados Unidos de América.

Pareciera que en toda esta región no hay excepción, sobre todo, después de lo que sucedió en Cuba, donde se instaló un gobierno francamente de oposición a los norteamericanos y que, a pesar de todos los vendavales que se han presentado a partir de 1959, sigue persistente.

Habría que considerar que, si con los antecedentes de los países de esta región (golpes de Estado y demás movimientos), se puede formular un análisis de lo que ha sucedido con los gobiernos mexicanos, la democracia en nuestro país y su relación con Estados Unidos de América, siempre a su sombra; puesto que, en la mayoría de las ocasiones, nuestros gobernantes se han mantenido muy cercanos a los intereses «yanquis», so pena de durar en los cargos públicos muy poco tiempo.

En el caso actual de lo que ha sucedido con las relaciones entre México y Estados Unidos de América, la cercanía es incluso descarada. Con la administración pública de Trump, se firmó el nuevo tratado de libre comercio, que entró en vigor el 1 de julio de 2020; lo mismo sucedió con el apoyo del gobierno mexicano, prácticamente incondicional, al programa de migración en ese país denominado «quédate en México», que significaba no recibir en Estados Unidos de América por asilo político a una gran cantidad de ciudadanos centroamericanos perseguidos sus países. Razón por la que se ven en la necesidad de salir de sus países. Pero con este programa en cita, se ha mantenido a gran cantidad de la población migrante de Centroamérica en nuestro territorio; lo cual implica mostrar un rostro de complacencia con los caprichos y decisiones de Washington.

Por ello, una vez finalizado el procedimiento de las elecciones y, ahora, tener que esperar tres años más para acudir a votar, los mexicanos deberíamos preguntarnos si ese ejercicio es suficiente para decir que estamos en un Estado de Democrático de Derecho; pues, lo que se ve ahora es que las elecciones son poca cosa para sostener la validez y vigencia de un Estado de Democrático de Derecho y que estamos permanentemente supervisados por los intereses «yanquis». (Web: parmenasradio.org).

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