Lunes, julio 22, 2024

¿De quién es Chichén Itzá?

Chichén Itzá es uno de esos lugares emblemáticos de la historia de los pueblos mayas, especialmente de los yucatecos. Su importancia radica en dos aspectos que se complementan de forma curiosa: primero, su relevancia como centro de poder de los itzaes desde el Clásico maya hasta su caída a mediados del periodo Postclásico, pero no sólo en un sentido exclusivamente regional, sino que gracias a la presencia de elementos arquitectónicos y artísticos de una marcada influencia tolteca, ha llevado a numerosos especialistas a revisar las posibles relaciones que se establecieron entre la zona maya y el Altiplano Central mexicano en tiempos del Postclásico. Claro está que no es el único lugar o tiempo en que vemos esas relaciones pues son marcadas a su vez aquellas establecidas entre Teotihuacan y zonas tan distantes como Tikal y Kaminaljuyú en Guatemala o Copán en Honduras. Un libro que realiza una propuesta interesante para explicar el fenómeno itza’ -tolteca es “Mito y Realidad de Zuyuá” (1999) de Alfredo López Austin y Leonardo López Luján. En él, ellos afirman lo siguiente: “Consideramos que existió en Chichén Itzá la evidente intención de reproducir elementos de un estilo proveniente del Centro de México. Esto significa que el sentido de la corriente —independientemente de quiénes hayan sido sus agentes históricos— fue del Centro de México al territorio maya, puesto que algunos elementos culturales atribuidos a Tula tienen sus antecedentes 500 años atrás, en el norte de Mesoamérica”. Claro, lo anterior es tan sólo uno de los atractivos arqueológicos, artísticos e históricos que tiene la ciudad. Por supuesto, su importancia no es meramente turística.

En segundo lugar, tiene relevancia en la producción de textos con características de memoria e identidad realizados ya en épocas coloniales por las comunidades mayas yucatecas, como los denominados “Libros de Chilam Balam”. En el de Chumayel, por ejemplo, se registra lo siguiente: “Cuatro Ahau es el Katún en que sucedió que invitaron a los de las Cuatro Divisiones, nombradas Cantzuculcab, para que vinieran. Fueron ‘hechos Padres’ cuando vinieron a Chichén Itzá. Itzaes entonces se llamaron. Trece Katunes ejercieron poder. Y fueron traicionados por Hunaceel. Y abandonaron sus tierras. Y fueron a los bosques desiertos que se llaman Tanxulucmul. Cuatro Ahau es el Katún en que fue el clamor de las almas. Trece Katunes tuvieron bastante con su sufrimiento”. Y esos itzaes existen y habitan en estos momentos la región del Petén central en el norte de Guatemala pero, de acuerdo con los especialistas que se basan principalmente en la filiación yucatecana de su lengua, tendrían su origen en la Península de Yucatán. Hace tiempo escribí en el libro “Rey Kanek: Historia y Mito en la construcción de la identidad maya itza’” (2020) lo siguiente: “Los itzaes son uno de esos fenómenos que pueden enloquecer a quien tenga interés en estudiar el aspecto simbólico relacionado con la cultura. Son una etnia maya ubicada en el Petén central, con raíces identificables en el momento del contacto con los europeos allá por el siglo XVI. Son tema de leyenda, mito, diáspora y periplo sagrado, registrados en las tradiciones orales y escritas de la zona maya yucateca y petenera, pueden representar lo mismo misterio, magia, resistencia para comunidades indígenas, que estandarte para identidades regionales o nacionalistas en México y Guatemala; son lo mismo pueblo que lucha por sobrevivir ante la adversidad que presenta la modernidad o estandarte de movimientos posmodernos ecologistas y conservacionistas vinculados a selvas y fuentes de agua en la región del Petén. Como sea, su encuentro en papel, en libros, en imágenes, en voces, cantos y arte en general, me ha fascinado desde hace años”. Quizá, para efectos de este artículo, lo que vale la pena enfatizar -pues aparece mencionado en todo momento- es el hecho de que los itzaes son mayas y que Chichén Itzá fue construido por ellos, es decir, por los mayas. Lo anterior, que suena a perogrullada, no lo es, pues parece que el asunto no ha quedado claro. Es decir, esa ciudad, desde su origen, no es de la humanidad, ni mexicana; no le pertenece al INAH ni al director en turno del sitio; no ha sido priista, panista o morenista, y no depende de programas de transformación, sea de la cuarta, quinta o de la que venga; por supuesto,  no pertenece a los Barbachano ni a cualesquiera empresario gandalla que se aparezca en el lugar. Chichén Itzá, les guste o no, es antes que nada, patrimonio de los pueblos mayas.  

Todo este asunto viene a cuento pues resulta que hace unos días, comunidades mayas, guías turísticos y organizaciones artesanales, tomaron el acceso y la carretera que da acceso a la zona arqueológica para, según informa una nota publicada por La Jornada hace unos días,  “protestar contra las autoridades del sitio a quienes acusan de impedirles trabajar ahí. (…) Entre otras exigencias, pidieron la renuncia de Marco Antonio Santos Ramírez, encargado de ese lugar prehispánico maya. (…) Los aproximadamente 200 quejosos que montaron el bloqueo se reunieron ayer mismo con Juan Cristóbal Orozco Alonso, subdelegado en oficina de representación de la Secretaría de Gobernación en Yucatán, sin solución del conflicto hasta el cierre de esta edición. (…) Provenientes de las comunidades mayas de Pisté, X-Calakoop y San Felipe, pertenecientes al municipio oriental de Tinum –donde se asienta Chichén Itzá–, los manifestantes dijeron que no se les permite trabajar ordenadamente”. Y parece que la cosa no quedará ahí. Según una nota publicada en el portal de la Deutsche Welle (DW) “Indígenas de Pisté, Xcalacoop, San Felipe y otras comunidades aledañas a la zona arqueológica de Chichén Itzá anunciaron el martes (03.01.2023) la toma  este miércoles de la sede del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en la ciudad mexicana de Mérida, estado de Yucatán, tras no alcanzar acuerdos con las autoridades. ‘La medida se decidió porque no hubo acuerdos con el representante del Gobierno federal Juan Cristóbal Orozco’, confirmó el comisario de Pisté, Armando Dzul Mex, durante el segundo día del bloqueo de carreteras que conducen a la mundialmente conocida zona arqueológica. (…) Aunque la manifestación en carreteras resulta costosa para los campesinos, guías de turistas, comerciantes y artesanos, ‘porque no estamos trabajando’, señalaron que la movilización que surgió el lunes para destituir al director del sitio Chichén Itzá, Marco Antonio Santos Ramírez, ‘sigue más firme que nunca’”. El asunto es espinoso por donde se le vea, no sólo porque la región recibe cantidades significativas de turistas cada año, más ahora que la pandemia cedió terreno. De hecho, se anunciaba a finales de año con bombo y platillo la llegada del turista número dos millones a la ciudad maya. También porque es un punto importante por el que pasará el Tren Maya, proyecto emblema de este gobierno. 

La pregunta que aventuro en la cabeza de esta columna tiene todo sentido: ¿a quién pertenece Chichén?, ¿de quién es patrimonio? Lo reitero, es de las comunidades mayas. Nuestros nacionalismos surgidos en América en los siglos XIX y XX, pero especialmente en México, han visto en la exaltación del pasado previo a la llegada de los europeos una vía para construir una visión ontológica de la nación mexicana; es decir, en ese pasado se encuentran las raíces profundas de la mexicanidad. Empero, como lo he denunciado en otras ocasiones, es una mexicanidad profundamente colonial, racista y clasista, que apuesta por esos “indios muertos” -como agudamente señala Natividad Gutiérrez Chong-, es decir, los del pasado, aquellos que construyeron las pirámides y no los del presente; esos, por el contrario, están contaminados ya y son siempre vistos como un obstáculo para el progreso o como aquella servidumbre que ha de atendernos a nosotros, los del mestizaje elevado a dogma de fe vasconcelista o los herederos de la alcurnia europea. Resulta absurdo criticar a las comunidades hoy que quieren beneficiarse de la derrama económica que dejan esos dos millones de visitantes, cuando todo el sistema los tiene atrapados en esas lógicas mercantiles. Pero, además, molesta a esas “fuerzas vivas” tanto de Yucatán como del país en general, que esos “indígenas insurrectos y latosos” osen levantar la mano que tan “amablemente” los alimenta, es decir, las empresas turísticas de cualquier nivel y los gobiernos del tamaño y color que sean. Según el artículo “Turismo arqueológico en Chichén Itzá, Yucatán, México: una perspectiva geográfica” de Juan Carlos León Galicia y Adriana Dennise Rodríguez Blanco, publicado en la Revista latinoamericana y Caribeña de Geografía y Humanidades de la Universidad de Brasilia, la  “popularidad de Chichén Itzá como destino turístico aumentó con el nombramiento de UNESCO, pues a partir del nombramiento en 1988 la demanda por visitarla aumentó tanto que se inició la construcción de la carretera Mérida – Cancún, y para el año 2000 se inició la construcción de un aeropuerto internacional (operó hasta 2017 y actualmente está inactivo) a sólo dos kilómetros del sitio (Castillo, 2012); esa situación se repitió tras el nombramiento como Maravilla del Mundo Moderno en 2007 e incrementó la cantidad de visitantes no sólo en Chichén Itzá, sino también en otras zonas arqueológicas de Yucatán (Juárez, 2012)”. Es decir, Chichén es como si fuera un parque de diversiones, visita obligada para todo el turismo de Cancún o de Mérida. Se argumentará que estos grupos son parte de ese “México conservador” que tanto se denuncia desde Palacio Nacional; lo más seguro es que esos mismos grupos conservadores sean los que los critiquen indudablemente pues muchos empresarios están perdiendo jugosos recursos gracias a estos bloqueos. No es ni la primera ni será la última ocasión en que la iniciativa privada y los gobiernos amasen grandes fortunas y encumbren carreras políticas montados en las comunidades originarias de nuestro país. De lo que sí podemos estar seguros es de que su lucha es justa, sus demandas reales y de que tal resistencia se encuentra profundamente enraizada en la historia de esos pueblos -y de muchos otros- desde la llegada de los europeos a estas tierras. ¿De quién es Chichén? De los mayas y es justo que empecemos a reconocerlo.   

 https://www.jornada.com.mx/notas/2023/01/03/cultura/comerciantes-bloquean-acceso-a-chichen-itza-las-autoridades-no-los-dejan-trabajar-aseguran/

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