Viernes, agosto 19, 2022
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De la caída del Canelo a los penaltis del Cuauhtémoc

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La gran novedad se dio el sábado en Las Vegas, territorio natural del tapatío y, sorpresivamente, escenario de la lección que le dio Dmitry Bivol a lo largo de su pelea por el título de los semipesados. Más allá de una decisión que nadie discute y más bien se quedó corta (115—113) está la clara superioridad del ruso —abucheado simplemente por su nacionalidad—, que leyó perfectamente las armas de su oponente y fue acumulando puntos al tiempo de ir estropeándole el rostro al mexicano, cuyo poder de puños no le hizo mayor mella al euroasiático, que en cambio descifró con frecuencia la esgrima elusiva de Saúl Álvarez.

Para el Canelo es apenas su segunda derrota en una carrera profesional con 57 triunfos (39 por nocaut) y dos empates en su haber. Y para el ruso, su confirmación como monarca semipesado de la WBA. Se dice que se repartieron entre ambos más de 17 mdd, y, como siempre, no sabremos nunca a cuánto ascendió la ganancia de los organizadores.

La franja, triunfo sin juego. Empate a dos al cabo de los 90´ y victoria poblana desde el punto de penal. Las sacudidas emotivas se derivaban de la situación, no de la calidad del juego, inexistente sobre todo de parte de los locales, que han perdido el rumbo y no tienen para cuando reencontrarlo. La lluvia que se abatió cobre el Cuauhtémoc fue factor adverso, aunque uno ve partidos jugados bajo aguaceros torrenciales en Europa sin que el nivel del juego decaiga ni los futbolistas se inmuten. Distintos grados de profesionalidad.

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Los cuatro goles del partido llegaron por gruesos errores defensivos. El primero fue un tiro libre de De Buen desde callejón izquierdo, ni siquiera violento, que se le coló a Vikonis sin que nadie lo rozara luego de recorrer 30 metros cruzando el área (3´). Diez minutos después, Segovia remató de cabeza un córner con la mayor comodidad del mundo porque a nadie se le ocurrió estorbarlo. Y hacia el final del primer tiempo, el mismo Segovia les devolvió la gentileza a los mazatlecos inventándose una palomita inexplicable en mitad de su área y sin nadie cerca para estrellar el balón en un contrario, lo que facilitó el remate a bocajarro de Rubio que el mismo Segovia manoseó y dos de sus compañeros, al estorbarse, depositaron en su propia portería (37´).

El segundo tiempo el estadio lo vivió con angustia porque el puebla no aparecía por ningún lado, permitiendo que Mazatlán se volcara sobre el área camotera y empezara a convertir a Silva en el hombre del día. Con todo, no pudo impedir el empate, que llegó a los 90+2´ porque a nadie se le ocurrió prestar atención a la presencia de Vikonis, que había subido a rematar un tiro de esquina pasado y lo devolvió de cabeza al centro del área, donde Maia despejó tan defectuosamente que estrelló el balón en la cara de Vidrio, involuntario autor de otra carambola-gol digna de un torneo de barrios.

Se llegó a así a los penales, sobre un terreno irregular que no impidió las correctas ejecuciones de Mancuello, De Buen y, sobre todo, Israel Reyes, que la puso en la escuadra, en contraste con el rodado desviado de Corral que imitó en eso al mazatleco Padilla. Y como héroe de la calificación Antony Silva, soberbio al contener las ejecuciones del chileno Díaz y Marco Fabián para hacer innecesaria el quinto lanzamiento local.

Pero no nos engañemos, el Puebla de las primeras fechas sigue estando lejos. Ayer se benefició con par de goles de vestidor pero su defensa terminó regalando la igualada. Y las estadísticas son todas favorables al esforzado grupo de Gabriel Caballero —63% de posesión, 23 remates contra 10 del Puebla (7/3), y 19 faltas poblanas contra 10 de los sinaloenses. La franja está a cuartos, pero en calidad de convidado de piedra.

Ojalá me equivoque.

Repechajes, todos por penales. Fue sábado de desempates desde el punto de penal. En el Azteca, Cruz Azul y Necaxa, que jugó mejor, más generosamente, habían igualado a uno —gol de Chena (56´) y empate in extremis del necaxista Rodrigo Aguirre (88´)— fue decisiva la defensa que a la hora buena hizo de su meta el arquerito Jurado. Y en territorio regio, el Monterrey puso un broche oxidado y carcomido a su campaña al entregarle la cuchara al Atlético San Luis, que de visitante incómodo —remontó el gol inicial de Jensen (18´) gracias a Waller (47´) y Murillo (53´), antes de encajar el empate a dos en tiempo de compensación (Michell Rodríguez, 90+6´)—, pasó a participante en los cuartos de final, más que nada por el pésimo desempeño de Jenssen y Pizarro al ejecutar los lanzamientos decisivos.

Tercer milagro del Madrid. El Real Madrid es otra vez finalista de la Copa de Europa. Ha ganado 14 finales y perdido tres en el transcurso de 66 ediciones del clásico certamen. Ya pasó sobre el PSG, el Chelsea —defensor del título— y cuando menos se esperaba le volteó un partido imposible al City de Guardiola. Como en octavos y cuartos de final el rival había superado ampliamente a un Real Madrid que, en el papel, está lejos de ser lo que fue. Pero conserva el fervor del Bernabéu y la magia de siempre. Más la suerte del ganador, traducida en el privilegio de cerrar las eliminatorias en casa o detalles arbitrales que, en caso de duda, saben arroparlo.

El miércoles, el City, luego de un primer tiempo opaco de ambos lados, le estaba pasando por encima. Así llegó el gol de Marhez (73´) y la hora de Courtois, convertido en protagonista mientras el resto del equipo se perdía en el fluido toque de los ingleses, que pasaron a dominar el encuentro con absoluta autoridad. A dos o tres paradas decisivas del portero belga se sumó un despeje angustioso de Mendy, con su arquero ya vencido que hubiera sepultado las esperanzas de todo el Bernabéu. Y de repente, ya sobre los 90´, el toque de taekwandó de Benzemá y un recién llegado Rodrygo anticipándose a todos sobre el primer poste. Ese gol cambió todo, porque el estadio entero empujó al Madrid y el equipo respondió casi enseguida con un centro largo de Carvajal que Rodrygo, saltando por encima de todos y angulando su frentazo, marcó la igualada que llevaría al tiempo extra y el penalti ganador de Benzemá, que pasó de la invisibilidad de su flojo rendimiento a la soberbia ejecución del lanzamiento desde los 11 pasos (95´) que dejó al City sin reacción, tendidas sus ilusiones –y su superioridad de casi 180 minutos– sobre el césped madrileño.

Liverpool, el otro finalista. Buen susto le dio el Villarreal en el primer tiempo, que terminó con la ventaja de Anfield borrada por los sorpresivos goles de Boulaye Dia (3´) y Coquelin (40´). Pero ahí dejó todo su resto el equipo local, que en el complementario se notó agotado y sin respuestas mientras los reds imponían su dominio, expresado en una seguidilla de goles apretada en apenas doce minutos –Fabinho (62´), Luis Díaz (67´) y Sadio Mané (74´)– durante los cuales, como en lo restante del encuentro, el once inglés manejó el partido con incontestable autoridad total.

Dos detalles arbitrales y un error inadmisible. La verdad es que, en el Bernabéu, el penal decisivo no fue muy claro, aparentemente Laport y Benzamá tocaron al balón al mismo tiempo aunque fue el francés quien cayó aparatosamente al césped mientras el juez italiano decretaba la pena máxima. Y en el tercer tanto del Liverpool al Villarreal no había entre él y la meta los dos hombres a que obliga el reglamento. Como sabemos, lo único que puede romper en tales casos el fuera de juego es que, al producirse el servicio, el receptor se encuentre dentro del terreno del rival. Como Sané estaba justo sobre la raya de medio campo, la decisión del arbitraje fue decisiva.

El fallo inexcusable se produjo en el Cuauhtémoc cuando César Palacios expulsó al poblano Barragán por confundir un resbalón en el barro con una falta de tarjeta roja. Y el VAR, bien, gracias. Doble pifia, pues recordemos que uno de los casos en que los de arriba están facultados para intervenir es precisamente para corregir decisiones equivocadas en fuera de juego, penalti o expulsión.

GP de Miami. Un alcance en la vuelta 48 entre Pierre Gasly (Alpha Tauri) y Lando Norris (McLaren) rompió la monotonía y dio paso a las púnicas notas emotivas de una carrera demasiado plana, dominada por Max Verstappen (Red Bull) que tras rebasarlo a las primeras de cambio mantuvo a raya a Leclerc, mientras a cierta distancia hacía lo mismo Sainz sin darle concesiones al Checo Pérez, que arrancó cuarto y cuarto terminó. Distancia casi insalvables hasta que entró a la pista el auto de seguridad y, al irse, nos dejó saborear dos duelos de los de rueda a rueda –Verstappen–Leclerc por la punta y Sainz–Pérez por el tercer puesto–; aunque la realidad es que ni el monegasco estuvo cerca de conseguir el rebase ni el tapatío acertó en su mayor aproximación a Sainz, más bien falló de tal manera que nunca más conseguiría tener a tiro el Ferrari del madrileño.

Total, podio para Verstappen, Leclerc y Sainz, en ese orden, y tras ellos Checo Pérez (Red Bull), Rusell (Mercedes), Hamilton (ídem), Bottas (Alfa Romeo), Ocon (Alpine), Alonso (Alpine) y Albon (Willimas). Del campeonato de pilotos sigue en cabeza Charles Leclerc (104 puntos) seguido por Verstappen (85), Pérez (66), Rusell (59), Sainz (53), Hamilton (36), Norris (35) y Bottas (30), con otros diez pilotos que, una vez corridos cinco GP, han podido puntuar.

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