Davos: foro de negocios imperiales

Antes de la celebración del Foro Económico Mundial en Davos, el mes pasado, las grandes transnacionales como Microsoft, Black Rock y otras más de agronegocios, energía, automotores y plataformas digitales, anunciaron que destinarían parte de sus inversiones para atender el cambio climático, a sabiendas de que ese sería el tema central en Davos.

Son, precisamente, estas transnacionales las causantes del cambio climático y son hábiles para engañar con supuestas “soluciones” basadas en: reducción “neta” de emisiones, carbono “neutral” o, el más absurdo, emisiones “negativas”. Absurdo porque no existe ningún gas que, una vez emitido, sea menos que cero, pero, todas entrampadas con un lenguaje y malabarismos contables para justificar el seguir contaminando, y que la suma termine en cero o incluso en “negativo”, con el propósito de que la humanidad les agradezca el esfuerzo por mitigar el desastre que ellas mismas provocan. Avientan al niño al agua y se tiran de clavado para salvarlo.

Microsoft afirma que, para 2030, tendrá emisiones de carbono “negativas” y para 2050 habrá removido toda la huella histórica de carbono de su empresa y de sus usuarios. Para ello, afirma, invertirá en la siembra de árboles y utilizará en sus instalaciones transportes eléctricos. Medidas similares anunciaron Amazon, Apple y Alphabet (propietaria de Google), ya que las plataformas digitales consumen una enorme cantidad de energía. Pero no dicen qué fuente de energía será la sustituta y cómo la obtendrán, pues si se analiza el ciclo de vida completo de la bioenergía y los biocombustibles, se usa más petróleo y emiten más gases de lo que dicen sustituir. También, Microsoft afirma que removerá carbono de la atmósfera usando una mezcla de soluciones basadas en la naturaleza y soluciones tecnológicas. Esto se traduce en la intención de apropiarse de grandes territorios como fuente de absorción y retención de carbono, de bosques, humedales, turberas y mares. Además, cabildean para que los suelos agrícolas sean aceptados como sumideros de carbono, algo que actualmente no sucede porque la absorción en suelos no es permanente.


Todas las empresas se pliegan a la propuesta de Microsoft, que se propone abrir nuevos frentes de disputa por el control de campos agrícolas y territorios, que espera les sirvan para obtener nuevos créditos comerciables en los mercados de carbono, pese a que está demostrado que esos mercados no han funcionado para combatir el cambio climático. Además, todas prometen destinar miles de millones de dólares como fondo para el desarrollo de tecnologías de geoingeniería. ¿Hay que creerles todo lo que afirman? ¡Pues no! Porque en el fondo están diseñando nuevas formas de apropiarse de la tierra y los ecosistemas con los consabidos impactos nocivos sobre las comunidades y el ambiente. Sus engañosas promesas tienen como fondo fortalecer sus corporaciones con el presumible “encanto” del empleo de sofisticada tecnología.

En este contexto es pertinente preguntar: ¿cuál deberá ser la política del gobierno de la Cuarta Transformación frente al cambio climático y las imposiciones de las empresas transnacionales?