Darío Carmona ocultó sus propios actos de corrupción

Luego de que el gobernador Luis Miguel Barbosa Huerta pidiera públicamente la salida de Darío Carmona García del proceso de descentralización de la SEP federal, el segundo de ellos intentó defenderse indicando que nunca le han iniciado un proceso de corrupción. Eso es verdad, porque los resultados de las auditorías que arrojaban las graves anomalías que cometió durante los seis años en que fue secretario de Educación en la administración de Mario Marín Torres, en el año 2011 el entonces titular del Poder Ejecutivo, Rafael Moreno Valle Rosas, “guardó en el cajón” los datos que lo incriminaban y de esa manera lo obligó a dejar el PRI y volverse un operador político y financiero del morenovallismo.

Lo grave de este asunto, es mejor dicho lo más absurdo, es que dos años después Darío Carmona fue nombrado para elaborar, conjuntamente con el Inegi, un nuevo padrón de los maestros poblanos. Eso le permitió borrar los actos de corrupción y abusos que se cometieron en los 6 años del marinismo en cuanto a la existencia de plazas “fantasmas”, la venta de espacios laborales para docentes y la carencia de profesores en muchas regiones del estado.

Darío Carmona ha sido un trepador político, ya que en cada sexenio cambia de camiseta ideológica o partidista. Primero fue un ferviente integrante del equipo de gobierno de Mario Marín Torres, “el gober preciso”; luego traicionó a los marinistas y fue un morenovallista converso; y ahora ya estaba colocado en el gobierno de la 4T, diciendo que es defensor de los proyectos del presidente Andrés Manuel López Obrador.


Sin embargo, ahora se ha terminado su habilidad de trapecista político, luego de que el gobernador Luis Miguel Barbosa Huerta ha frenado su último salto para seguir medrando con los presupuestos del sector educativo, al sacarlo del proceso de descentralización de la SEP.

Esa condición fue posible porque se acabó la protección que le daba la otrora líder sindical Elba Esther Gordillo y su familia, principalmente Fernando González Martínez, quien fue subsecretario de Educación Básica en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa.

Cuando a Mario Marín Torres le estalló en las manos –en febrero de 2006– el escándalo del encarcelamiento ilegal de la periodista Lydia Cacho Ribeiro, mediante una serie de filtraciones de una larga lista de llamadas telefónicas, la primera sospecha era que ese ataque contra el entonces gobernador de Puebla era resultado de las labores de un poderoso y sofisticado equipo de espionaje que estaba al servicio de Elba Esther Gordillo, que en esa época vivía se época de mayor control del SNTE y quería imponer a Rafael Moreno Valle en la titularidad del Poder Ejecutivo de la entidad poblana.

Mario Marín para frenar ese afán destructivo de Elba Esther Gordillo, le ordenó a Darío Carmona, en su calidad de secretario de Educación, volverse cercano a “la maestra” y su grupo político.

Se dice que Carmona logró ese propósito y eso habría costado muchos millones de pesos del erario poblano.

De tal manera que Carmona se convirtió en un político de todas las confianzas de Fernando González, quien desde la SEP federal impulsó al primero de ellos para que se convirtiera en el presidente de la Asociación de Autoridades Educativas del país.

Cuando en 2010 el PRI pierde la elección de gobernador frente a Rafael Moreno Valle Rosas, el secretario de la SEP se sintió traicionado por Mario Marín porque se enteró que el mandatario saliente había ordenado no proteger, ante el próximo gobierno estatal, las múltiples anomalías cometidas en el sector educativo.

Fue entonces cuando Darío Carmina echó mano de su relación con el grupo de Elba Esther Gordillo para que la nueva administración bajo las órdenes de Rafael Moreno Valle Rosas no lo metiera a la cárcel.

El encargado de comunicarle que estaba “perdonado”, pero que debía trabajar a favor de los intereses morenovallistas, fue Luis Maldonado Venegas, el primer secretario de Educación de Moreno Valle y sabía de todos los abusos cometidos un sexenio antes, sobre todo con el cobro de miles de plazas “fantasmas”.

En 2013, un par de años después de que se pasó del lado de Moreno Valle, el entonces titular de la SEP federal, Emilio Chuayfett, ordenó la elaboración de un nuevo padrón de maestros por cada estado del país. Una labor supervisada por el Inegi. Era un importante esfuerzo para frenar la corrupción galopante que había con el cobro indebido de miles de plazas de maestros.

El proyecto no era malo, pero en Puebla fracasó y se fue al cesto de basura porque desde la SEP federal, con el aval de Rafael Moreno Valle Rosas, se le encargó a Darío Carmona encabezar el proceso de depuración de las nominas del magisterio. Literalmente se “amarro un perro a un poste con cordeles de longaniza”.

Darío Carmona tuvo la oportunidad de borrar las huellas de su mala gestión como titular de la SEP.

Por eso ahora presume que nadie le ha fincado cargos por actos de corrupción. Pero no fue por su pulcritud como servidor público, sino por la ayuda política de Elba Esther Gordillo y Rafael Moreno Valle Rosas. Por cierto, ahora ninguno de los dos está para defenderlo.