Para la musicóloga Dalila Franco el establecer un vínculo entre archivos es fundamental para entender toda la historia, pues la historia de un país como México está fragmentada. Bajo esa mirada, la investigadora reconstruyó la vida de Manuel Arenzana, último maestro de capilla titular novohispano en la catedral de Puebla, entre 1791 y 1821, justo antes de la entrada de la Independencia.
De este personaje fueron interpretados los Maitines a la Purísima Concepción como parte del concierto de clausura de la edición 16 del festival de música sacra Pasión, esta vez denominado Cuentos de ida y vuelta: de Puebla para Hispanoamérica, para explorar como el arte, la música y los saberes se nutrieron en estos viajes de ida y vuelta entre ambas orillas atlánticas.
Previo al concierto que fue interpretado por el Coro de madrigalistas del Instituto Nacional de Bellas Artes, la Orquesta Antiqua Metrópoli y el Ensamble de Alientos de madera del Instituto Municipal de Arte y Cultura de Puebla, Franco delineó la figura de Arenzana, de quien “se han dicho un montón de cosas” erradas.
De inicio, señaló que fue uno de los personajes que se utilizaron para crear la narrativa del país independiente que anunciaba México. “Uno de los errores historiográficos que corrían es que había nacido en 1770 lo que hacía que su trazo biográfico no correspondiera a los momentos históricos en los que él había vivido. Por eso es tan fundamental, en mi opinión, haber encontrado la documentación exacta para poderlo localizarlo en el tiempo”, dijo la también gestora.
Apuntó que otra cosa que se decía es que había sido el primer compositor “nacido novohispano y muerto mexicano”, algo que es falso, pues gracias a su indagación de grado se sabe que nació en Soria además de que gran parte de su música se conserva en Catedral y no se conoce en España.
Aclaró que de Manuel Arenzana se había dicho que fue uno de los primeros compositores de ópera; no obstante, lo que compuso para el Coliseo de México, una institución dependiente de las Catedrales que lograban a través de la recaudación de fondos del propio coliseo sostener obras pías como hospitales u orfanatos, era parte de su labor como maestro de capilla el presentar obras, como fue el caso de los Dos rivales en amores que presentó alrededor de 1805, un momento tardío en su biografía.
La musicóloga formada en la UNAM, cuya tesis de grado la dedicó precisamente a Arenzana, informó que este compositor nació en Soria, España, en 1750 como aparece en un documento diocesano de la parroquia al que accedió. Asimismo, fue segundo de 11 hijos de un esquilador de caballería, siendo que al segundo hijo era común enviársele a la Catedral a servir a cambio de un pago pequeño. “Las historias de los segundones de familias numerosas y pobres es doblemente pobre es un territorio árido como este”.
En 1756 se formó en las primeras letras y notas, en san Pedro Apóstol de Osma, además de que era infante del coro, cantantes que si “tenían la suerte o la desgracia de tener buena voz” eran castrados con consentimiento de la familia. “Manuel se salva de este procedimiento, así que la segunda vía era quedarse en la Catedral y comenzar el estudio de algún instrumento; en su caso queda claro que se empieza a formar en el órgano”.
En otro archivo parroquial, continuó Franco, consta que para 1788 Manuel Arenzana se casó con Juana Solsona, y estaba inmerso en el ritmo de Cádiz, una ciudad cosmopolita, llena de comercio, con traslado de bienes materiales e inmateriales, que fue también síntoma de la búsqueda de esas influencias y tendencias cosmopolitas, como la ópera y el violín.
Entre el vacío documental, prosiguió, se tiene noticias de Arenzana hasta 1792 cuando le escribe a su esposa Juana sobre el periplo que ha pasado para llegar a esta ciudad, al que ha venido en la fragata La dolores, que aborda como mozo de repostería a sus más de 40 años, además de que al llegar a Veracruz se enferma y viene a curarse a Puebla, enterándose que en la Catedral estaba vacante el puesto de maestro de capilla, siendo que recurre a Fray Martín Francisco de Crucelaegui, quien será el mismo que lo apruebe, tras “el sufrimiento de examen” que sustenta Arenzana el 26 de agosto de 1791.
Dalila Franco definió que el ser un maestro de capilla era ser “un sirviente de la Catedral”, no una dignidad como el obispo o la curia, sino que su función es componer música para todas las celebraciones, formar a cantorcillos y hacer las audiciones de los músicos que iban formando parte de la orquesta y del coro.
Continuó que el compositor murió el 21 de agosto de 1821, siendo que cuatro días después se firmaron los Tratados de Córdova y con ello iniciaba el periodo independentista del país. Así, Arenzana forma parte de la pléyade de compositores que formaron parte del panteón musical que le dio sentido a la nación que estaba emergiendo.
“Arenzana nunca regresó a su tierra natal y no hay obra suya en España, Este canto solo fue de ida no de vuelta”, afirmó Franco, al señalar que Manuel Arenzana es el segundo maestro de capilla con mayor corpus en la Catedral, tan sólo detrás de Juan Gutiérrez de Padilla. “Manuel dejó un prolífico corpus musical: maitines, como los propios maitines dedicados a la Inmaculada Concepción que es la advocación a la que está dedicada la Catedral de Puebla, a la virgen de Guadalupe y a Santo Domingo, entre muchos otros; además de misas, himnos, salmos, motetes, antífonas, trisagios, oficios para semana santa, lamentaciones para semana santa y cánticos.
“Manuel tenía una formación rígida en el barroco tardío por eso es que todavía escribe motetes que ya están saliendo de los repertorios catedralicios, pero igual que escribe motetes escribe maitines como los reestrenados en el Festival Pasión que son totalmente la idea de la ópera trasladada a la música de la Catedral”.
En suma, consideró que para reconstruir una biografía como la de Arenzana es necesario el trabajo de relación de archivos, así como la formación de un mayor número de especialistas así como el cerrar filas entre ellos.


