Lunes, agosto 15, 2022

Cumbre de las Américas y progresismo

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Una guerra que amenaza la paz del mundo se desarrolla con toda su intensidad. Los contendientes y azuzadores están perfectamente identificados y el resto de la población del planeta, entre la impasibilidad y la impotencia, es testigo presencial de un conflicto bélico que en cualquier momento podría desbordar sus escenarios. Esa guerra se convierte, objetivamente, en parte inherente del marco referencial de la política en el resto del mundo. En América, al tiempo en que ocurre esa guerra, un encuentro “cumbre” se prepara bajo el lema Construyendo un futuro sostenible, resiliente y equitativo. El anfitrión será Estados Unidos. Aunque militar y políticamente contienden Rusia y Ucrania, y el sufrimiento, los muertos, desplazados y la destrucción los ponen los pueblos de estos países; el principal apoyador  político y militar de Ucrania es, precisamente, Estados Unidos (“Con las armas adecuadas, Kieve puede ganar”) que con esa guerra impulsa, beneficia y desarrolla su industria armamentista; endeuda económica, política y moralmente a ese país “por el apoyo recibido”; y obtiene los derechos esenciales para la reconstrucción posguerra, con el objetivo final de hacer de Ucrania un enclave político y militar en el corazón de Europa. La historia recuerda que, en la era soviética, durante más de cuatro décadas la Unión Soviética y Estados Unidos compitieron agresivamente por el control de mercados, territorios, y esferas de influencia política e ideológica alrededor del mundo sin que llegaran a combatirse en un conflicto armado; era la guerra fría. Si bien nunca entraron en conflicto directo, las guerras entre ellos ocurrían con toda su crudeza y destrucción en otras latitudes y a través de otros actores, siendo por ello denominadas guerras “proxy” o por delegación (“Una guerra proxy ocurre cuando un estado combate a otro estado, pero en lugar de usar sus propias fuerzas militares emplea las fuerzas de otro, que puede ser otro estado, una milicia o señores de la guerra”: Daniel Byman, profesor de Política Exterior de la Universidad Georgetown, EU). Se hicieron clásicos en ese periodo los conflictos armados en África, Oriente medio, y América con Cuba y Nicaragua. El mecanismo se repite en la misma Europa que ha sido escenario de las dos guerras mundiales que registra la historia.

En estas circunstancias geopolíticas el encuentro denominado Cumbre de las Américas (Los Ángeles, California, a partir del 6 de junio), de realización periódica cada tres años entre los líderes políticos del continente presuntamente para debatir y definir acciones frente a problemas y desafíos comunes para la región y avanzar en la integración, topa ahora con los imponderables propios de la contradicción entre el pacifismo propio del avance del progresismo en la parte latina del continente, los intereses de EU en aquella guerra, y el descubrimiento reciente de que este país, el anfitrión, es paraíso y guarida de los magnates que ocultan sus riquezas del fisco de su países de origen. Una Suiza elevada a la “n” potencia, como factor que explica cabalmente las razones de su feroz anticomunismo, su pasión por la guerra, el enorme desarrollo de la ciencia y la tecnología como arma de control político que alcanza grados de letalidad (Surge ahora la viruela símica. Cuando Joe Biden dice: “Es algo que debería preocupar a todo el mundo”; su asesor de seguridad nacional, Jake Sullivan, dijo a la prensa “Estados Unidos tiene suministros de “una vacuna relevante para tratar la viruela símica”) (La viruela del mono “debería preocupar a todo el mundo”: Joe Biden (msn.com)); y la brutal contradicción entre la riqueza acumulada por sus magnates y las alicaídas finanzas del Estado que arrastra el peor nivel de endeudamiento público en la historia de ese país. Dichos factores explican, además, la disfuncionalidad de la sociedad estadunidense derivada del dominio del supremacismo blanco, la existencia de sólo dos partidos políticos hegemónicos en el control del Estado, sus conflictos raciales, el acentuado incremento de la pobreza de su población ante el ascendente e insultante incremento de la riqueza de sus hombres de negocios, y la creciente ola de matanzas en lugares públicos.

<<Con una guerra muy bienvenida por Estados Unidos –por fin una en que Washington puede jugar el papel de defensor de la ley internacional, campeón antintervencionista, promotor de los derechos humanos, denunciante de oligarcas y guardián del mundo libre…>> (David Brooks, La Jornada, 11/04/22), se prepara para ser el anfitrión de la novena Cumbre de las Américas, evento al que ha decidido que no podrán asistir Cuba, Venezuela y Nicaragua:  <<Es un momento clave en nuestro hemisferio, un momento en que estamos enfrentando muchos retos para la democracia y los países (…) Cuba, Nicaragua y el régimen de Maduro no respetan la Carta Democrática de las Américas y por tanto no espero su presencia>> (Brian Nichols, subsecretario de Estado, 3 de mayo). Contra esta intención ha surgido el planteamiento del gobierno de México, pretendiendo que a la cumbre “de las Américas” asistan los jefes de Estado y de Gobierno de los 35 países que integran el continente, sin exclusión de ninguno, bajo advertencia de no acudir al evento y hacerse representar por el canciller. La postura es respaldada por los presidentes de Argentina, Alberto Fernández; Bolivia, Luis Arce; Chile, Gabriel Boric; y Honduras, Xiomara Castro. Un desafío político que coloca a EU en la posibilidad de una doble derrota geopolítica, inadmisible para sus aspiraciones de liderazgo mundial frente a China y Rusia: una, la que surgiría de un posible pacto de paz entre Rusia y Ucrania que aleje sus posibilidades de afianzar un poder militar en Europa; y, dos, que “su” Cumbre de las Américas resulte un fiasco por falta de convocatoria y legitimidad.

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EU busca en esta Cumbre afianzar su dominio político, económico y militar sobre América Latina con la finalidad de acercarse a -o controlar- sus riquezas naturales de petróleo, gas, litio y carbón bajo la perspectiva de poder venderlos en caso de que los países de Europa-OTAN, efectivamente pudieran concretar la guerra económica contra Rusia, dejando de adquirir los energéticos que les suministra; es decir, asegurar el suministro de energéticos a la Europa que apoya a Ucrania, lo que objetivamente significaría involucrar a América Latina en una guerra que no es suya y que, además, rechaza. Sin embargo, en esta encomienda Biden enfrenta varios obstáculos: a) el pacifismo de los gobiernos progresistas que choca contra la guerra, la industria armamentista, los negocios de la guerra, y sus pretensiones de dominación geopolítica; b) la legitimidad política de esos gobiernos obtenida en procesos electorales incuestionables, a diferencia del que encumbró a Biden, cuestionado por su antecesor Donald Trump quien, todavía siendo el presidente de EU, lo acusó de haber triunfado en la elección a través de un “fraude monumental”; c) la erosión moral de las políticas impulsadas históricamente por los gobiernos de EU hacia América Latina, contrastante con la aceptación casi unánime que tienen los planteamientos de soberanía de los pueblos, no intervención, unidad de todo el continente en una nueva relación que no excluya ni etiquete a ningún país, hechos por el presidente de México. Belice ha expresado que: <<si hay alguna persona que pudiera lograr la integración de América Latina y el Caribe, ese es el presidente López Obrador, nadie más lo va a hacer>>. Razón que explica los esfuerzos del cuerpo diplomático estadunidense por lograr su asistencia.

Una razón adicional que explica los tropiezos de Biden en la organización del evento es el reciente informe de la organización Red para la Justicia Fiscal: <<La provisión de servicios de secreto financiero, como los que utilizan los oligarcas rusos, los evasores de impuestos y los políticos corruptos, va en descenso en todo el mundo debido a las reformas sobre transparencia, pero Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Alemania e Italia son responsables de frenar en más de la mitad estos avances, de acuerdo con el informe. La Red para la Justicia Fiscal denuncia que, vía acuerdos opacos, hay una riqueza oculta de 10 billones de dólares a través de terceros países. Este monto equivale a más de 2.5 veces el valor de todos los billetes y monedas de dólares y euros que hay en circulación actualmente en todo el mundo>>. (La Jornada: EU, mayor paraíso de magnates que buscan encubrir sus riquezas). Es así como republicanos o demócratas, Trump o Biden, y los 704 multimillonarios estadunidenses con fortunas mayores a mil millones de dólares, protegen la enorme riqueza que se resguarda en EU, en manos privadas provenientes de todas las latitudes del mundo, para ponerlas a salvo de los aparatos y sistemas tributarios de sus países de origen, e impedir que a través de políticas públicas lleguen a los pueblos. Este objetivo se constituyó en la premisa mayor de la estructuración de su Estado, su composición política binaria, y del diseño de sus políticas injerencistas hacia el resto del mundo. Aquí nace su vocación imperial, afán guerrero, y acendrado anticomunismo.

¿Cuál es el “futuro sostenible, resiliente y equitativo” que puede construirse frente a un país que finca su dominio político, militar y prosperidad económica en el amor a la guerra, y en su creencia -apoyada por la fuerza- de que la democracia de los pueblos la dan los gobernantes que impone y no los que los pueblos eligen? La guerra no la eligen los pueblos; la paz y la hermandad sí. La elección popular directa por votación abrumadora de los gobernantes progresistas de América Latina es la mejor carta de legitimidad con la que deben concurrir a la Cumbre de las Américas y, sin la exclusión de ninguno, sin la superioridad de nadie, en igualdad soberana, planteen y debatan sobre las mejores formas de integración de todo el continente que ayuden a la gradual eliminación de los padecimientos sociales de los pueblos.

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Heroica Puebla de Zaragoza, a 23 de mayo de 2022.

JOSÉ SAMUEL PORRAS RUGERIO

 

 

 

 

 

 

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