Lunes, octubre 18, 2021

Cuando nos encontrábamos en las calles con Julio Glockner

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El recuerdo más lejano que guardo de cuando nos encontrábamos protestando en las calles con Julio Glockner fue intentando detener eso que un presidente municipal llamó eufemísticamente “remodelación” y concluyó en la destrucción del antiguo Mercado de la Victoria en el centro de Puebla. Y seguimos encontrándonos en las calles cuando quisieron convertir el zócalo de Puebla en estacionamiento de coches; así como cada vez que había que salir a protestar por la tala del arbolado urbano, pero sobre todo por violaciones a los derechos humanos y civiles de ciudadanos como Martin Barrios o de Lydia Cacho o de una docena de ciudadanos cholultecas perseguidos, unos encarcelados, por defender su territorio ancestral. Siempre estuvimos convencidos que es nuestra responsabilidad ciudadana (también por la ética que impone nuestra profesión como antropólogos) levantar la voz ante el abuso del poder represivo del Estado porque un día no solo podríamos perder, todos, el derecho a protestar contra actos de gobiernos, sino que incluso un niño inocente podría perder la vida por actos despóticos de corruptos y soberbios gobernantes. Y si no exigíamos responsabilidad por actos de gobiernos contra la vida y los derechos ciudadanos, si la impunidad reinaba libre para el que tiene dinero o poder político( y el Estado de Derecho solo seguía castigando al débil o marginal ) nadie estaría a salvo, ni libre, y un día todas las injusticias que sufren los otros nos tocaría a la puerta también a nosotros. En tiempos recientes, en la calle, fuimos persistentes opositores de Rafael Moreno Valle porque no pudimos callar la destrucción ambiental y patrimonial que su gobierno llevaba a cabo para favorecer negocios de unos cuantos; porque murieron los pájaros del aviario y encarceló a su cuidador; porque RMV corrompía a jueces y manoseaba a las instituciones del Estado para gobernar autocráticamente y, sobre todo, defendiendo los derechos humanos de personas que se resistían a la violación de sus usos y costumbres y de su patrimonio cultural. En tiempos, además, cuando el actual gobernador Miguel Barbosa, antes de arrepentirse, era aliado político del gobernador de Puebla que nosotros cuestionábamos en las calles.

Con el cambio de gobierno en 2018 Glockner abandonó el intento de incidir desde las calles para incorporarse a un gobierno que en su sentir le abría un espacio para corregir algunos aspectos puntuales de la violencia social, económica, política o ideológica del Estado anterior. Su experiencia y renuncia hoy a mí me confirman, sin embargo, no solo “la infinita monstruosidad” como decía nuestro amigo Oscar del Barco (“Notas sobre la Política” en Escrituras. Biblioteca Nacional. Argentina) de la “política” sino que este gobierno de la “transformación” que representa Miguel Barbosa, crecientemente, resultaba en más de lo mismo de aquel gobierno autoritario que nos tuvo a nosotros resistiendo en las calles.

La filmación que se distribuyó ayer en la red (porque las reproducciones periodísticas no dan la dimensión de los gestos y palabras del gobernador Barbosa) nos exhibió a un gobernante en una postura amenazante y siniestra a raíz que Glockner hizo públicas sus razones para retirarse de su gobierno. El texto de esa renuncia que incendió la ira del gobernador Barbosa es una explicación, además, que nos merecemos todos los ciudadanos hartos de funcionarios que abandonan “por razones de salud” (o en silencio)sus funciones para que todo siga igual de mal que siempre (van nueve renuncias de secretarios en su gobierno). Ante reporteros seleccionados, el gobernador Barbosa, fijó su mirada en la cámara y repitió que él no tiene por qué exponer ante nadie sus razones para “destituir” a un titular de una secretaria supongo porque cree que el Estado es él. Repitió y enfatizó además su poder incuestionable ante los reporteros rematando con “¿de acuerdo?” , “¿vale?” y “ ¿me entienden?”. Pero más inquietante aún se declaró “un profesional” y le exigió a Julio Glockner “prudencia” así como un comportamiento “profesional” como el suyo porque “uno y dos”, y repite “dos”, él puede dejar de ser “Profesional ¿Sale?”. Y anunció una auditoría a su gestión.

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El gobernador Barbosa debe saber que todos los que ejercen dinero público están siempre sujetos a auditorías. No a auditorías a modo, ni a auditorías ya preparadas para salvar irregularidades o desfalcos, así como que las auditorías no son instrumentos represivos para descalificar o defenestrar enemigos políticos o funcionarios incómodos. Sino que los funcionarios públicos deben ser auditados porque el dinero es público y se debe ejercer ni arbitraria ni patrimonialmente sino para el bien común como lo sabía y asumió Julio Glockner cuando aceptó ser un secretario de Cultura. El más obligado de ser auditado, además, es en primer lugar el mismo gobernador, Miguel Barbosa, principal ejecutor en la asignación y usos del dinero público que se reparte, para el bien público, en las secretarías ejecutivas de su gobierno.

El problema entonces, según yo veo, no es que haya solicitado una auditoría a la gestión de Julio Glockner en su año como secretario de Cultura sino que el gobernador y “profesional” Barbosa amenaza con una auditoría, dejando él de ser “profesional. “¿Sale?” si considera que no hay “prudencia” de parte de Julio, pervirtiendo así (como lo hicieron gobernadores del PAN y el PRI antes) un recurso institucional para la rendición de cuentas y responsabilidades en el sector público al utilizarlo como un instrumento para silenciar a los que desde adentro se atreven a darnos a conocer aspectos de su mal gobierno.

 

 

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