Atlixco. Miguel Jaén Medina, arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), destacó un hecho considerado fascinante:
Aunque el Popocatépetl es percibido como una de las montañas más antiguas de México, en términos geológicos es relativamente reciente en comparación con su vecino, el Iztaccíhuatl.
Durante una ponencia en el marco de los 30 años del despertar de esa montaña, ocurrido en diciembre de 1994, además planteó una interesante y clave pregunta: “¿hasta dónde debería preocuparnos la constante actividad de Don Goyo?”
La respuesta cobró relevancia al analizar los asentamientos humanos en Atlixco, particularmente en torno al emblemático cerro de San Miguel.
Dijo según estudios históricos y arqueológicos las comunidades prehispánicas quienes habitaron la región, conocidas como los atlixcas, orientaron sus asentamientos, en la zona de Los Solares Chicos y Grandes, hacia el propio Popocatépetl.
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Jaén sentenció este patrón no era casual: “la orientación de sus estructuras refleja una profunda reverencia hacia el volcán, acompañada de un claro entendimiento de su potencial destructivo.
“Los pueblos de esa época tenían muy clara la idea de los efectos mortíferos alcanzados por esta montaña en un momento determinado”, explicó Jaén Medina.
Ubicó esta relación simbólica y práctica entre Atlixco y el Popocatépetl persiste hasta nuestros días. “Desde la fundación del pueblo hasta la actualidad el respeto y el culto al volcán son constantes”, acotó.
Compartió un ejemplo contundente de esta conexión se encuentra en las exploraciones arqueológicas realizadas en la plazuela de la danza del Atlixcáyotl, ubicada en el cerro de San Miguel.
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“Los hallazgos indican el teocalli o centro ceremonial estaba orientado directamente hacia el volcán, y eso refuerza la idea de una veneración ancestral hacia el coloso”, admitió.
En resumen, manifestó Jaén, la historia de Atlixco está profundamente entrelazada con la actividad del Popocatépetl. “Este vínculo no sólo evidencia la capacidad de adaptación y respeto de los antiguos atlixcas hacia su entorno, también nos invita a reflexionar sobre nuestra relación actual con este imponente volcán, cuya actividad es una presencia constante en la vida de quienes habitan sus alrededores.


