Crisis y contradicciones

Lo sabemos, pero queremos ignorarlo. En ocasiones con celebraciones tradicionales; en otras planeando que en corto tiempo pasaremos a una “nueva normalidad” que se parece más a película de ficción; en algunas, haciendo cálculos absurdos de cómo bajaremos económicamente y cuándo empezaremos la recuperación, y para llegar al máximo, que pronto tendremos la vacuna milagrosa y ya tendremos lo que se ha ido y quizá ya no volverá: reuniones masivas, besos prolongados, fiestas amplias y hasta la posibilidad de tener un maestro que nos guíe con paciencia y tiempo.

No soy aguafiestas, pero saldremos de ésta parafraseando al directorio telefónico: con mucho tiempo, dinero y esfuerzo. Es más, incluso podría ser temporal, ya que vienen otros virus de no sabemos dónde (Juan Ramón de la Fuente, El Universal, 22 de junio).

Todo ello, claro, se dio por nuestra forma de depredar todo a nuestro paso. Saqueamos los recursos naturales por décadas, sin nadie que pusiera frenos porque los que obtenían ganancias económicas y políticas dejaban hacer y dejaban pasar muchas de nuestras acciones inconscientes y hasta criminales: qué tal comerse los huevos de tortuga para aparentemente tener más sexo, como presume un mal actor publicitando un condón, blanquillos que en realidad aumentaban nuestro colesterol. Y no hace poco las trasnacionales- permítaseme el término ya pasado de moda- se opusieron y hasta repartieron dinero entre los legisladores para evitar el etiquetado de los productos azucarados y grasientos; y por qué no pasar en estos momentos de grave mortandad anuncios a cada momento en la televisión- que se ve más por el tiempo encerrados y la falta de internet- de una bebida de cola muy deslumbrante, aunque terriblemente dañina.


Y eso que no estamos hablando de la quema del Amazonas, de las decenas de miles de hectáreas que perdemos al año en México por el corte de árboles para los muebles  de los ricotes, de la depredación de la selva en Centroamérica, del saqueo del oro en Sudamérica ligado a las antes guerrillas (je, je) hoy convertidas en narcos, de la pesca en Japón que elimina especies, de Chernóbil y los nuevos destrozos en Rusia por conseguir petróleo.

Claro, el vecino del norte es junto con Inglaterra, España, Francia, Alemania y otras potencias las reinas de la devastación mundial. Y son lo que ahora nos ponen las reglas del juego para no endeudarnos, tener balanzas de pagos equilibradas y superávit en muchos casos, aunque ellos hagan todo lo contrario para salir adelante y que otro pague el pato.

Y las cosas están peores en África. La codicia por los diamantes y el coltán- región que tiene el 80 por ciento del producto indispensable para celulares y equipos de cómputo- es irrefrenable. No obstante que hasta películas: Diamante de sangre, y series de televisión nos digan que debemos sumarnos a la defensa de esos productos y de los habitantes de esas naciones. Algo que ya nos había advertido Ryszard Kapuscinki en varios libros, autor al que citan algunos periodistas sin haberlo entendido, menos tratado.

En fin, que estamos en momentos realmente graves y los gobernantes de las naciones no saben qué hacer más que tratar de salvarse ellos, sin pensar en la humanidad toda. Por eso ya hay quienes piensan que la vacuna milagrosa vendrá, pero sólo para algunos millones y los demás que mueran para edificar otro mundo con robots. Y otros más como los millonarios Doug Hurley y Bob Behnken, ya viajaron al espacio gracias al proyecto de Elon Musk, Space X. ¿Vivirán en Marte?

Nuevamente estamos en las contradicciones que apuntaba Carlos Marx en El Capital, aunque en condiciones más críticas: unos cuantos quieren ser los favorecidos y los demás, miles de millones que mueran por ineficaces al capital.

Una prueba más reciente es Donald Trump, quien prohibió hasta 2021 que los inmigrantes lleguen a Estados Unidos.

La contradicción, seguramente, explotará y será brutal.

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@jamelendez44