La violencia es acción intencionada que daña de forma física, emocional, sexual, económica, social, etc., con el objetivo de someter o controlar a la persona violentada. Los índices de violencia contra las mujeres van aumentando en el mundo, pese a contar con marcos legales para prevenir y erradicar la violencia, y ante el retroceso de los mismos en ciertas regiones del mundo. La prevalencia de la violencia de género hacia las mujeres es alarmante.
Estamos en un mundo doliente, las violencias estructurales se profundizan enmarcadas en la crisis climática. Las Naciones Unidas reconocen que el 80% de personas desplazadas por el cambio climático son mujeres. Los desplazamientos forzados van de la mano con el aumento del riesgo de vivenciar violencia, deteriora la salud física y emocional, riesgo de ser víctimas de trata de personas, y afecta el acceso a información, recursos y servicios para el desarrollo integral, fragmentando el tejido social.
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Las mujeres migrantes y refugiadas, se ubican en mayor riesgo de sufrir violencia sexual, matrimonios precoces, y empobrecimiento. Existen casos donde han sido víctimas de crímenes, y no han podido denunciar por temor a represalias. Incluso, casos donde han denunciado y esto no ha modificado el resultado que las condena.
En las regiones rurales, la crisis climática también ha profundizado las disparidades de género, impactando de forma violenta la vida de las mujeres. Las prácticas y modos de vida se van modificando, y las afectaciones del clima sobre los cultivos afectan a campesinos y campesinas, pero son las mujeres y las niñas quienes han tenido que trabajar más para obtener recursos para sus familias, incorporándose como trabajadoras domésticas, lavanderas, etc., sin dejar las labores que realizan dentro de sus grupos domésticos. Actividades que también resultan más complicadas, por ejemplo, el acarrear agua cada vez debe hacerse desde sitios más lejanos. Asimismo, las mujeres que dependen económicamente de sus parejas, se ubican en mayor riesgo de vivir violencia doméstica, pese a su papel central en los trabajos reproductivos, en el cuidado y manutención de las semillas criollas, etc.
Aunado a lo anterior, son también las mujeres quienes de forma activa participan en la defensa del territorio. Labor que resulta peligrosa. Mujeres defensoras de los derechos humanos, que protegen la Madre Tierra, el agua, y sus comunidades, frecuentemente son amenazadas, demandadas, e incluso asesinadas por su activismo ambiental. La impunidad ante todas estas formas de violencia posibilita la producción y reproducción de la misma.
Ante este panorama resulta urgente impulsar acciones climáticas basadas en la comunidad y lideradas por mujeres. Establecer estrategias económicas para que las mujeres puedan acceder a recursos, servicios y fondos, desde un enfoque de equidad de género, generación, etnia, etc. Promover acciones climáticas para el cuidado y restauración de la Madre Tierra, desde una perspectiva integral, coordinada, e intercultural, que posibilite desmantelar las violencias estructurales y fácticas que prevalecen en el mundo. Es fundamental transformar el actual modo de producción para crear condiciones para la justicia social.
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