Lunes, septiembre 20, 2021

Contra la fragmentación y descomposición del tejido social

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¿Cómo enfrentamos la fragmentación y descomposición del tejido social comunitario?

El espacio territorial capitalista se ha desarrollado en México y el mundo bajo dos tendencias.

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Primero expulsando a sectores de la población trabajadora hacia las periferias continentales como desechables y urbanas, despojando a los pequeños productores y a las comunidades originarias rurales tanto de sus fuentes de trabajo, sus bienes comunes y sus lugares históricos de vida. Se interviene el territorio con megaproyectos como centrales eléctricas, mineras y agroindustrias, proyectos inmobiliarios, infraestructuras de transporte, trenes y autopistas y despojando el espacio para nuevas áreas comerciales, de ocio y turismo de lujo.

Segundo, se van creando zonas de acumulación intensiva y zonas excluidas según los intereses de los grandes capitales individuales que se apoderan de las ubicaciones más ventajosas.

En esos espacios, se reproducen alienaciones o enajenaciones con las que el capital y sus Estados descomponen a la sociedad.

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Las relaciones de producción son también relaciones de dominación (leyes, normas, disciplina, la enajenación ponerse del lado del explotador o querer ser como él). Se generalizan las jerarquías de un sistema de explotación y opresión: dirigentes y dirigidos, maestros y “alumnos”, jefes y subordinadas, gobernantes y gobernados, mandos y obedientes, independientes y dependientes. Se confunde la autoridad necesaria de responsables o coordinadores y voceros al servicio del bien común con el autoritarismo y burocracias que dirigen para el orden, la represión, la reproducción de la explotación y la discriminación que desprecian al pueblo trabajador. Se asumen como “naturales” las discriminaciones y exclusiones del sistema en los espacios de los explotados, las capas oprimidas y excluidas. Por ello crecen los feminicidios, el maltrato a hijos, los abusos sexuales, el racismo, los sicarios, los esquiroles y traidores al pueblo.

Surgen así zonas de acumulación intensiva que modifican la vida en los territorios originales de regiones enteras y modifican sus relaciones sociales en una guerra social del capital contra sus comunidades y organizaciones.

El tejido social comunitario rural y urbano (el originario y el logrado con la lucha) sufre amenazas, criminalización de la protesta, acoso, y francas rupturas e imposiciones del capital legal y delincuencial, no solo en los bienes económicos sino en los modos, gobiernos y culturas vitales de los pueblos, las organizaciones y las personas.

Tenemos así tanto una ruptura como una yuxtaposición de las relaciones de producción, de clase, patriarcales, de culturas, generaciones y formas de relación con el medio natural.

Por la vía del uso que hace la clase dominante de las técnicas y tecnologías se simulan igualdades no solo ante la ley formal, sino también por segmentos de las clases: los equipos de trabajo asalariado, los consumistas, los amigos en las redes de series, facebook, twitter y demás redes digitales, las familias se separan como sectas de los “unos” y “otros”, etcétera. Aparentemente homogéneos, no estamos unidos y no luchamos [email protected] por la vida libre y comunitaria.

¿Qué tareas políticas nos sirven para cambiar esta situación de un modo revolucionario?

  1. La masificación política de trabajo de base: que la organización territorial y los espacios de lucha aporten y contribuyan a la consolidación política del pueblo trabajador a partir de sus necesidades, aumentando su formación organizativa y política. Animar su propio desarrollo político en su territorio o espacio, profundizando la conflictividad de clase o anti patriarcal y ecologista, avanzando desde lo reivindicativo y el trabajo solidario hacia respuestas que superen las contradicciones de la acumulación y las luchas sociales. Construyamos movimientos y no solo activismos.
  2. Despliegue territorial: Situemos los problemas y conflictos locales en función de perspectivas mayores, sean regionales, interregionales, nacionales o internacionales, que ataquen las raíces que se manifiestan en cada conflicto.
  3. Crear órganos de lucha y de poder popular: Avanzar en la creación y consolidación de órganos de lucha territorial hacia órganos de poder del pueblo trabajador, como lo prueban los pueblos en Chile, Colombia, Ecuador, Bolivia, Kurdistán y regiones de México; con claridad programática y capacidad de dirección política y social, independientes del poder.  (Concejos de gobierno, concejos ciudadanos, asambleas de delegados, comités de lucha, comités de base, asambleas barriales, ollas populares,  escuelas  de educación y salud comunitarias, redes de brigadas, etc.)
  4. Trabajar por la convergencia política de proyectos y programas entre las organizaciones territoriales y los espacios de articulación donde se desarrollan, para fortalecer el tejido político-social del movimiento popular.

Contra la fragmentación y descomposición político social superaremos el clientelismo, el corporativismo, y las vidas violentas y enajenadas.

La “Independencia” y el país que queremos

Los mexicanos tenemos historia, por más que los explotadores, los opresores, los vendepatrias y los intereses extranjeros nos la hayan querido esconder o destruir. Es a partir del rescate de esa nuestra historia que hemos de construir nuestro futuro. La historia de la opresión y el saqueo de nuestro pueblo es la misma desde hace más de quinientos años; es una historia continua, un proceso en el que sus etapas son más inventadas que reales. Eso sucede porque es más sencillo entender la historia por partes, aunque partirla muchas veces confunde.

Así, nos han inculcado decir que tenemos “independencia” desde que la lucha de Hidalgo, Morelos y Guerrero se la arrebataron a los españoles; decimos que tenemos “libertad” porque derrotamos la dictadura de Porfirio Díaz, o decimos que tenemos “democracia” porque no hay reelección y porque México tiene un gobierno “representativo”. Pero resulta que los conservadores españoles, criollos y mestizos siguieron vendiendo la patria hasta traer nuevos emperadores. Los norteamericanos tomaron el lugar de los españoles, el PRI—gobierno tomó el lugar de Díaz y los partidos del sistema de dominación sólo se representan a ellos mismos. Pensemos en los 30 millones que votaron por AMLO que son una parte del pueblo trabajador cansado del puñado de poderosos que comanda el capital financiero, pero dice AMLO que es un “gobierno de todos” y los nuevos abrazos de Acatempan se dan en Palacio Nacional y en los foros empresariales, mientras no se cumplen acuerdos con maestros, indígenas, trabajadores y familiares de [email protected], a pesar de tantas mesas de negociación simulada.

Sabemos que el país que querían los luchadores mexicanos de antes no se ha logrado, y que como pueblo organizado hemos de rescatar el pensamiento de los antiguos y agregar el nuestro, para hacer la Patria y el Mundo de mañana.

Miguel Hidalgo, además de su prolongado trabajo de enseñanza a los campesinos e indígenas, no sólo condenó la esclavitud, sino que decretó la pena capital contra los tratantes y los compradores de esclavos. Allá por 1808, igual que hoy lo afirman los grupos reaccionarios que criminalizan, desplazan y despojan a quienes se oponen a sus proyectos de muerte, la idea del gobierno virreinal contra la que lucharon los insurrectos e insurgentes era que la autoridad procede de Dios y nunca del pueblo. Hidalgo, como precursor —y por su convivencia con los indígenas— afirmaba que toda autoridad dimana del pueblo, se instituye para su beneficio y que los mandatarios del Estado deben ejecutar lo que el pueblo desea.

José María Morelos, que fue peón de campo y quizá por eso pudo ver el sentido económico de la historia, también tuvo ideas muy avanzadas para su época, como las referentes a los derechos humanos, la división de poderes, la separación de iglesia y Estado y la libertad del comercio, ideas que marcaron la Constitución de Chilpancingo. Decretó que la esclavitud se proscriba para siempre, y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales, distinguiendo a un americano de otro sólo el vicio y la virtud; también determinó que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados, y que éstos sólo lo sean en cuanto al uso de su ministerio. Es muy notable que haya dicho que en la nueva legislación no se admita la tortura. En su definición de Patria para los más desposeídos, Morelos dijo que se quite la infinidad de tributos que agobian a los pobres y que se señale a cada individuo un cinco por ciento en sus ganancias u otra carga igual de ligera, que no oprima. Finalmente, el visionario Morelos soñó con que como toda buena ley es superior a todo hombre, las que dicte el Congreso deban ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia y de tal suerte se aumente el jornal del pobre que mejore sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto.

Así, un día, Morelos le ordenó a Vicente Guerrero —quien antes de entrarle a la guerra de Independencia se dedicaba a la arriería— que les hablara en mexicano a los naturales, diciéndoles que eran libres y que, si querían, podían seguir sus banderas libertarias.

Así lo hizo y consiguió que los indígenas de Tixtla se incorporaran a sus filas. Los ideales de Vicente Guerrero fueron la independencia y la libertad; en esos días, el pueblo no quería sólo la independencia formal de España, sino democracia, garantías individuales, libertad de imprenta, libertad de cultos y gobierno representativo; quería que surgieran sus instituciones y leyes y no fueran imitación del extranjero, sino que de sus necesidades y circunstancias de la Nueva Patria.

Es hora de gritar rebeldía y de construir desde la resistencia

Si la mayoría explotada, oprimida y despreciada por los políticos, por los partidos, por los gobernantes, recuerda que la constitución es un pacto social y que su artículo 39 la hace responsable de darse el gobierno que considere más adecuado para su bienestar, entonces es necesario mostrar a los poderosos la fuerza de la razón y trabajar por autogobernarnos en comunidades, barrios, escuelas, centros de salud, en la casa misma. La autodeterminación comienza haciéndonos de un pensamiento propio no colonizado, ni clasista ni racista, menos aún patriarcal ni depredador. Un pensamiento con memoria histórica crítica. Por ejemplo, la nación que surgió de la independencia no reconocía, ni reconoce realmente a los pueblos originarios, ni el peso del coloniaje en las metas de “progreso” o “crecimiento” y ”austeridad “ a costa de negar la vida de todos y todas y armonía con la naturaleza.

La libertad, los derechos, no se mendigan, se reclaman, se exigen y se lucha por la conquista de lo que por derecho pertenece al pueblo.

Ellos los que se dicen dueños de este país, los políticos y los grandes capitalistas celebran y echan las campanas al vuelo, queman cohetes y luces de colores, porque han arrebatado al pueblo sus derechos para beneficio de unos cuantos, pero los más de 75 millones de mexicanos pobres, las dos terceras partes de los asalariados formales que apenas cobran menos de 2 salarios mínimos según la ENOE del INEGI 2021 ¿qué celebran? Sí, hay que conmemorar a [email protected] luchadoras heroicas y seguir su ejemplo: construir el poder para ese pueblo desde abajo y hasta las últimas consecuencias en el que reside la soberanía nacional, pues la libertad la hacen sus hombres (y mujeres) libres como nos lo dijo Bolívar.

Nueva versión del texto aparecido en Comunera 36, Septiembre de 2018. Periódico El Zenzontle. Casa de Los Pueblos- México. Con base en materiales del Colectivo del periódico El Zenzontle: La lucha de Clases en 1810  de José Uriel Aréchiga Viramontes, y El país que queremos, versión ilustrada.

Todos los años en septiembre,

cuando empieza la escuela

acuden las mujeres de las barriadas a las papelerías

y compran los libros de texto y los cuadernos

para sus hijos.

Desesperadas rebuscan sus últimos centavos

en los monederos raídos,

quejándose

de que el saber cueste tanto.

Y no sospechan

lo malo que es el saber

que les espera a sus hijos.

Bertold Brecht: 1937

[email protected]

[email protected]

www.elzenzontle.org

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