Consumismo vs. frugalidad

¿Realmente para vivir necesitamos tantas cosas que consumimos? ¿Es una necesidad, un capricho o la búsqueda de estatus, orgullo vanidoso, adicción o la inclinación por usar lo fácil? “Si diferentes gustos no hubiera, lo feo no se vendiera”, para ello, el mercado perversamente crea en el consumidor la necesidad de comprar.  Hoy, predominan productos de caducidad programada, atractivos y de urgente actualización. Productos desechables inundan el planeta.

El consumismo proviene del griego y el latín, significa gastar o destruir, es la acumulación de bienes no esenciales, se puede prescindir de ellos. La destrucción como raíz del consumismo, es el pecado que en sí mismo lleva la penitencia: un ambiente deteriorado, altos niveles de contaminación, escasez de agua, calentamiento global, especies en extinción, daños a la salud pública y aparición de nuevas enfermedades; por otro lado, fabricantes con afán de riqueza y una sociedad dominada por la desigualdad.

El consumismo, término creado por la antropología social, inicia en el siglo XX en el occidente de Europa como consecuencia directa de la lógica interna del capitalismo y la aparición de la mercadotécnica como herramienta para dirigir y controlar al consumidor. En sus inicios, la adquisición obsesiva de riqueza se convirtió en el criterio fundamental para alcanzar el estatus de “hombre exitoso”; se otorgaba mayor prestigio y poder al individuo que lograba acumular la mayor fortuna; cuando ésta se hacía mayor la clase alta capitalista recurrió al consumo y al despilfarro ostentoso para ostentar su riqueza.


La industria comenzaba a saturar el mercado de mercancías y los capitalistas resultaban insuficientes para adquirirlas, había que manipular los hábitos a la clase media y baja; que la publicidad indujo a dejar de ahorrar para gastar y adquirir bienes y servicios cada vez en mayor cantidad.  Ningún mercado que quiera enriquecerse puede sobrevivir con limitantes; para ello, el mercado cambio de estrategia: si hay un límite de bienes imprescindibles, entonces había que crear la necesidad de bienes prescindibles. El incremento de la oferta generó una transformación de los hábitos de consumo; así nació el consumismo, utilizado para asemejar la “felicidad personal” con la compra de bienes y servicios; o sustituyendo el “pienso, luego existo” por el “compro, luego existo”: “El consumo es la vida en su adecuada y saludable conexión con lo que somos o necesitamos ser en cada coyuntura o en cada momento; o en todo caso, con lo que aspiramos ser en un futuro razonablemente cercano. El consumismo, en cambio, es el hijo predilecto de una fantasía que altera o distorsiona nuestra propia realidad o nuestra propia imagen, convirtiéndonos en esclavos, en un remedo de lo que somos o en la imagen de lo que nunca seremos” (Diario La Nación).

Consumir es vivir en la frugalidad, permite sostener la economía local y global; en cambio, el consumismo, esclaviza, depreda, destruye el planeta y al individuo; sin duda, el Estado mexicano debe regular la engañosa mercadotecnia que nos hace confundir los deseos con la necesidad.