Confesiones de encierro 4/4

“Fíjate, –me dijo–, no es que te pelees con el marido que no soporta que hagas las cosas a tu gusto, no; no es que batalles con tu hijo que se encierra en su recámara y no escuchas ni su voz; tampoco es que adviertas que tu hija deambula por la casa pegada al celular para ponerse de acuerdo, en clave, para salir, ¡no!

“Este encierro nos ha puesto a prueba en todo: qué tanto podemos convivir tiempo completo con los más cercanos; qué tanto aguantamos nuestras propias mañas difíciles de cambiar ¡y las de los demás! Una amiga me decía que es la economía, que está detenida, que mucha gente se quedó sin trabajo y no tiene qué comer ni cómo pagar deudas. Es la economía, es el encierro, son las relaciones cercanas, pero…

“El dúplex junto al mío lo convirtieron en dos departamentos independientes y viven dos chavas, cada uno en el suyo. Comparten la entrada y una vive abajo y otra arriba, son vecinas por accidente. Hace unos días vi sentada en el escalón de afuera a una de ellas. Yo pasé y, a lo lejos, le pregunté si algo se le ofrecía, me dijo esperaba a su vecina que le abriera. Pasó una hora y ahí seguía. Llamaba por celular pero no contestaban. Pasó otra hora y la chamaca estaba angustiada pero no quise intervenir: marcaba y marcaba y nada. Pasó otra hora, ¡iban tres!, y después de un rato, la puerta se abrió: ¡la vecina estaba dentro! Sorprendida la chamaca le dijo que se había preocupado al pensar que le habría pasado algo, que le llamó más de 20 veces. La vecina reía burlona y dijo: ‘¡No tienes por qué preocuparte por mí!’ Y ésta le dijo: ‘¡Tienes razón, nunca más lo haré! Gracias por abrirme’.


“¿Sabes qué amiga? Es la economía, el encierro con la familia y la falta de privacidad, son las relaciones más cercanas pero también son las relaciones más lejanas, ¡hasta quien no nos importa, lo repudiamos!”