Con la política actual la economía nacional no tiene condiciones de crecimiento

Las políticas monetaria y fiscal no actúan a favor del crecimiento económico. Priorizan los objetivos de estabilidad cambiaria y baja inflación, a costa de relegar el crecimiento y la generación de empleo. Perfectamente se puede bajar la inflación, con crecimiento económico y empleo.

El libre comercio y los tratados de libre comercio han actuado en detrimento de la producción, el empleo nacional y de los salarios, debido a que no tenemos condiciones de competitividad frente a importaciones, lo que ha incrementado el déficit de comercio exterior y la dependencia de la economía a la entrada de capitales para financiarlo.

El gobierno con la política de austeridad fiscal, gasta menos de lo que recauda y trata de ahorrar más para pagar la deuda. Al gastar menos el gobierno, restringe la demanda, las ventas de las empresas y su producción, como la generación de empleos, lo que disminuye el ingreso de empresas e individuos y del propio gobierno, pues al disminuir el ingreso nacional, recauda menos impuestos, por lo que sigue el déficit fiscal y el crecimiento de la deuda. Ello lo obliga a seguir contrayendo el gasto, generando un círculo vicioso recesivo.


La austeridad fiscal, junto al mayor crecimiento de importaciones respecto a exportaciones, acentúan los problemas financieros y de deuda del sector privado, lo que termina restringiendo consumo e inversión y por ende la actividad económica. La deuda del sector privado es insostenible si prosigue el déficit del sector externo y la austeridad fiscal, pues tal situación acentúa los problemas financieros e impiden condiciones de pago de la deuda.

La incertidumbre respecto a la firma del T–MAC, como por la desaceleración de la economía (por la austeridad fiscal y las altas tasas de interés) y por el menor crecimiento del comercio mundial, han postergado la toma de decisiones de inversión por parte del sector privado, lo que contrae más la actividad económica. Aunque se ratifique el T–MAC en los Congresos de EUA y Canadá, ello no impulsará la inversión y el crecimiento en el país, debido a que dicho acuerdo comercial es más adverso al país que el presente TLCAN.

Las empresas y familias continuarán viendo restringido el crecimiento de sus ingresos, al proseguir el déficit de comercio exterior y los recortes presupuestales. Esta política fiscal, aunado al bajo poder adquisitivo de la mayoría de la población y la baja competitividad derivada del peso fuerte y dólar barato, no genera expectativas de crecimiento del mercado interno, ni de las exportaciones, lo que frena las decisiones de inversión. En tal contexto las empresas no demandan crédito, ni los bancos prestan, pues no hay perspectivas de recuperar los créditos.

El bajo crecimiento económico y de la productividad, la desindustrialización, la pérdida de soberanía alimentaria en granos básicos, el alto subempleo, los bajos salarios, la creciente pobreza, la desigualdad del ingreso, evidencian que no hay progreso alguno en la economía nacional. El problema se acentúa, debido a que no hay perspectivas de que ello se revierta, al continuar la política económica que ha originado tal situación.

Los recortes presupuestales y las altas tasas de interés han disminuido ventas y las ganancias de las empresas, por lo que no hay viabilidad de que éstas retomen el crecimiento de la inversión.

No hay viabilidad de aumentar el consumo y el mercado interno, pues ello requiere de mayor generación de empleo bien remunerado, como de incremento de salarios, mejor distribución del ingreso y más gasto público, situación que no acontecerá mientras siga el libre comercio, las altas tasas de interés y la austeridad fiscal. No hay viabilidad de que el gobierno deje de lado su política de austeridad y proceda a incrementar el gasto público a favor del sector productivo y del empleo para reactivar la economía, debido a que no quiere ser mal visto por las Calificadoras Internacionales, que se oponen al gasto deficitario.

El gobierno no debe continuar con la política neoliberal que nos ha llevado al estancamiento y a los problemas de pobreza y violencia que enfrentamos. El gobierno no tendría problema de trabajar con gasto deficitario si lo canaliza a impulsar la producción nacional para satisfacer la mayor demanda que genera el mayor gasto público, lo que evitaría presiones sobre precios e importaciones. Asimismo, si emite deuda en su moneda, no tendría problema para refinanciarla. El déficit fiscal no es malo si la economía no está creciendo, debido a la caída de demanda derivada del menor consumo de las familias, como por la filtración de demanda que se da hacia importaciones por el libre comercio y el dólar barato. Así como el gobierno tiene déficit fiscal derivado del pago de la deuda, perfectamente puede trabajar con gasto deficitario para impulsar la demanda y la inversión productiva, para incrementar productividad y encarar los rezagos productivos para reducir el déficit de comercio exterior e impulsar el crecimiento económico y ello no seria inflacionario, ni incrementaría la deuda, debido a que el mayor crecimiento se traduciría en mayores ingresos tributarios que reducirían el déficit fiscal impulsor del crecimiento.