Competencia y animalidad o cooperación y humanidad

El complicado escenario global que se vive a causa de la pandemia del Covid–19, entre muchos aprendizajes, muestra una vez más el rostro voraz de la animalidad del capitalismo neoliberal, depredador y bárbaro que acumula sin límites, que venera a su dios, el dinero y las ganancias, que crea enfermedades para luego vender medicina, o vende armas para luego hacer guerras, matar, destruir y despojar a los demás; que destruye la naturaleza para que una minoría rapaz siga acumulando riqueza. Ese patrón perverso se repite a diario en una sociedad salvaje como la nuestra, que vive en constante violencia como resultado de la competencia sin límites, donde los más débiles son materia muerta que deben ser incorporados o eliminados, y los “competentes”, que se valen de toda estratagema para triunfar, merecen vivir por ser los que dinamizan la economía. Esa es la lógica brutal del capitalismo neoliberal.

La competencia es el fundamento de la economía capitalista de mercado y se pretende que sea el motor de todo el sistema de producción y consumo, poniendo arriba al más apto y más fuerte que termina venciendo. La competencia ha invadido prácticamente todos los espacios entre naciones, regiones, empresas, escuelas, familias e individuos. Para ser eficaz, la competencia debe ser agresiva, atrayendo y dando ventajas para luego apoderarse del rival, todo se mercantiliza en ella y todo es oportunidad de ganancia. Los valores humanos que no tienen precio, como la gratitud, la cooperación, la amistad, el amor, la compasión y la devoción, se han arrinconado y han deshumanizado al hombre; sin embargo, con esos valores seguimos respirando humanamente lejos del juego de intereses. A medida que prevalece sobre los valores, la competencia provoca cada vez más tensiones, conflictos y violencias.

Que admirable la admonición del poeta y rey Netzahualcóyotl, “Amo el canto del cenzontle, pájaro de cuatrocientas voces… pero amo más a mi hermano el hombre”. Sin embargo, la animalidad del hombre, sin menoscabo del maravilloso reino animal, es contraria a la naturaleza benigna del hombre, eso me lleva a recordar una frase de Roberto Carlos en su canción El progreso: “Yo quisiera ser civilizado como los animales.”


Inconcebible la animalidad del hombre mezquino, deshonesto e indiferente; del empresario que explota a su trabajador, trafica y saquea a la naturaleza sin límites; del político perverso que traiciona, miente y prostituye; del gobernante que roba, subyuga y empobrece a su pueblo o el país que inventa culpas para invadir y apoderarse de la riqueza natural y humana de otras naciones; por eso, “yo quisiera ser civilizado como los animales.”

La autodestrucción de la raza humana, nos debe conducir a un mayor grado de conciencia que ponga al centro del desarrollo y de todo proceso al ser humano y a la naturaleza, aún estamos a tiempo.

El modelo económico alternativo para contrarrestar esta barbarie es la economía solidaria, movimiento mundial que rescata valores como la cooperación, la hermandad, el interés colectivo y el cuidado, construida desde abajo con justicia y equidad. Que vayamos juntos, que nadie se quede atrás, ni uno ni dos, sino todos como uno (Popol Vuh, libro sagrado Maya).