Se sabía que a Sergio Canales el Cuauhtémoc le sienta de perlas, aquí ha dejado para el recuerdo varios goles de bandera –como aquellos a la franja y al América– y el viernes cuajó su primer triplete con la camiseta del Monterrey, por supuesto que a favor de gruesos dislates de la defensiva del Puebla, un Puebla que debe ser el peor tratado de la historia por su propia dirigencia, que no es otra que TV Azteca, tan cáncer de la (in)cultura televisiva del país como del futbol nacional en complicidad con Televisa.
Resulta que, sorpresivamente, la franja, dominada y todo, había inaugurado la pizarra gracias a una fuga en solitario de Emiliano Gómez, que se hizo un traje de torero con los veteranos Ramos y Moreno y le puso un bombón a Ricardo Marín para que fusilara a Mele (30´). Pero de poco sirvió el esfuerzo de ambos, pues su cuadro bajo iba a incurrir casi enseguida en par de penaltis tan inobjetables como tontos –barrida de Pachuca sobre un Oliver Torres al que ya se le escapaba el balón antes de que pudiera centrarlo, y grosero empellón de Fedorco a la espalda de Berterame en otra jugada sin peligro. Los dos cobros fueron impecables (Canales, 38´; Lucas Ocampo, 45+4´), y aun le perdonó el árbitro López la segunda amarilla a Fedorco, capitán en funciones de la desvaída Franja.
También corrió con suerte Canales cuando un disparo suyo desde fuera del área –luego de maniobrar a su gusto sin que nadie le estorbara– pegó en un defensor y adquirió el efecto que batiría por tercera vez a Julio González (63´); en cambio la acción que vino a continuación –servicio maliciosamente suave de Ocampos y zurdazo diagonal y bajo del asturiano al primer poste– tuvo la precisión de una obra maestra (67´). A partir de ahí aflojó el acelerador la visita y se encontró el Puebla con uno de esos goles en que la pelota rebota por todos lados hasta que alguien la empuja a la red, en este caso el joven Baltazar (84´), para aminorar las cifras de la goleada, que quedó en un discreto 2-4.
Y muy necesitado de la chamba debe haber estado Hernán Cristante para aceptar la oferta camotera, pues bien sabía lo que le esperaba: un equipo dizque “renovado”, es decir, formado por muchachos que nunca han jugado juntos, extraídos los mexicanos de la mal llamada liga de Expansión –liga de extinción sería un nombre más adecuado–, y como complemento una legión foránea de trotamundos de medio pelo a merced del apetito de divisas de los traficantes que los representan. Los resultados están a la vista y son la lógica consecuencia de lo dicho: de toda su larga trayectoria en Primera éste es el Puebla peor integrado, sin el menor respeto de sus directivos por su público y su historia. Fruto perfecto –perfectamente putrefacto– de la multipropiedad y de la supresión del ascenso–descenso, entre otras cosas.
Jornada 7. Algo pasa que, últimamente, los América-Pachuca escapan a la normalidad por caminos retorcidos. En España se diría que están gafados, en Argentina que tienen mufa, en Italia se hablaría de jettatura y en nuestro país que les cayó la sal. El caso es que si hace menos de un año fue el único partido oficial en décadas que no puso pasar por televisión, el del sábado en Ciudad de los Deportes se tuvo que jugar sin público por disposición del gobierno de la ciudad, respondiendo a la denuncia de los vecinos a los que se había privado del acceso a las calles aledañas al viejo coliseo que Neguib Simón erigió en 1945–46 como parte de un nunca consumado proyecto del que solamente alcanzó a materializar dicho estadio y la plaza de toros México. La puerta cerrada decretada castigó los abusos de la directiva azulcrema, que en combinación con al alcaldía Benito Juárez acordó el cierre de la vía pública a la circulación con motivo de un encuentro femenil de la Liga Mx entre sus aguiluchas y el Santos el jueves anterior.
Así las cosas, y a pesar de la ausencia de público, los televisos vencieron 2-0 y treparon al subliderato como acompañantes del Cruz Azul. Al partido le faltaron ritmo y chispa, cosa natural si consideramo que se jugaba a puerta cerrada, y la diferencia pudo estar en los porteros, siempre alerta Malagón, con par de intervenciones decisivas, y regalando sin pudor la segunda anotación Moreno, que salió hasta casi la media cancha dejándole el campo abierto al galo Saint-Maximin, quien anotó por primera vez con la casaca mostaza.
Velorio en el Akton –uno más– con motivo de la visita y triunfo del Cruz Azul (1-2) sobre un Guadalajara que lucha y quiere pero no puede, sobrado de ganas pero huérfano de calidad e ideas. Ni siquiera jugadores que tuvieron lo suyo, como los excruzazulinos Romo y Alvarado, escapan ya a la vorágine rojiblanca. Y el Tala Rangel tampoco estuvo fino para reaccionar a tiempo ante los esquinados remates de Paradela (2´) y Rotondi (45´), con lo cual tuvo el cemento para lapidar a los pupilos de Gabriel Milito, otro que debe estarse mesando los cabellos al grito de “en que lío me vine a meter…”. Su paisano Berizzo, en cambio, encontró un oasis en Querétaro, donde su León, jugando contra diez desde finales del primer tiempo, no tuvo inconveniente en cascarle un 3-0 al once local, tan colero como Chivas y Puebla, estancados los tres con 4 puntos en lo profundo de la tabla. Apenas un puntito menos que Atlas, que perdió ayer en CU para respiro de los Pumas, que se encontraron con un gol de última hora del inglés Aaron Ramsey (1-0). También con 5 puntos, el Necaxa visitaba anoche a Xolos y su diamante juvenil Gilberto Mora.
Otro que no ve una, el Santos, cayó de nuevo, en casa y ante Tigres (0-1), a pesar de las proezas de Carlos Acevedo que hasta un penalti atajó; no necesitaron de mucho los felinos para desquiciar a una de las defensas más endebles de la liga. Ahora, la U de Nuevo León tiene los mismos 13 puntos que el Toluca, vencedor indiscutible en San Luis (1-3), y que el Pachuca, derrotado por el América en partido sin público.
Con estos resultados, el Monterrey se mantiene como solitario líder del torneo con 15 puntos, con América y Cruz Azul pisándole los talones (ambos con 14).
Piastri rompe la F1. En el léxico coloquial de las carreras un coche se rompía cuando por problemas mecánicos o eléctricos dejaba en la cuneta a su conductor. Y eso fue lo que le pasó ayer, allá por la vuelta 65/72, a Lando Norris, que manejaba en un cómodo segundo puesto detrás de su intratable coequipero Oscar Piastri cuando ocurrió la avería de su McLaren.
El sorpresivo abandono del inglés tuvo un triple efecto: catapultó a la segunda posición a Max Verstappen para felicidad de sus paisanos, que repletaban el circuito de Zandvoort; permitió que el novato francés Izack Hadjard, piloto del día, se estrenara en el podio luego de sacarle todo el jugo posible –y un poco más– a su Racing Bull; y, lo único desalentador, abrió una brecha entre los dos hombres de McLaren probablemente insalvable para Norris, cuya mala suerte obró en favor de Piastri, candidato casi amarrado al título de campeón en este 2025 (puede usted agregar que, de paso, estropeó bastante las expectativas abiertas a un GP de México si la persecución de Lando a Oscar se hubiera mantenido como estaba).
Mal día para los Ferrari –Leclerc y Hamilton abandonaron luego de colisionarse con sendos terceros–, nuevo descalabro de Sainz, cliente de la cola, ligero repunte del che Colapinto tras la áspera admonición que Briattore le dedicó a media semana (quedó 11º) y buen rescate de puntos por Stroll y Alonso, mucho mérito para las cafeteras con ruedas que Aston Martin ha puesto en sus manos.
Así las cosas, de completar los diez primeros en el GP de Holanda corrido ayer se encargaron, del cuarto al décimo: Russell (Mercedes), Albon (Williams), Bearman (Haas), Stroll y Alonso (ambos en Aston Martin), Tsunoda (Red Bull) y Ocon (Haas).
Cristante se estrena con la Franja


