Comisión de Justicia del PAN se prepara para ratificar triunfo de Zaldívar en la capital

Todo indica que en esta semana la Comisión de Justicia del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PAN determinará como válida la elección de Jesús Zaldívar Benavides como presidente del Comité Municipal del partido en la capital, toda vez que habrían sido desechadas las supuestas pruebas que su contraparte –encabezada por Eduardo Alcántara Montiel– presentó para argumentar un fraude en la asamblea del pasado 26 de agosto.

Más allá de lo que determine la Comisión de Justicia panista, un factor que ha pesado en contra de Eduardo Alcántara es la desconfianza que en el CEN del PAN sienten hacia Genoveva Huerta Villegas, la presidente del partido en Puebla, de quien se tiene una idea clara que luego de quedar huérfana políticamente hablando del grupo morenovallista, se alió con destacados actores de Morena que despachan desde importantes oficinas del Poder Ejecutivo.

En el círculo de Marko Cortés, el presidente nacional del PAN, se recibieron reportes de que la campaña de Eduardo Alcántara no solamente estuvo apoyada por Genoveva Huerta –lo que rompía el principio de equidad en el proceso electoral del blanquiazul– sino también por operadores políticos de Morena, que habrían ofrecido canonjías gubernamentales.


Nadie ha podido presentar pruebas concretas contra Genoveva Huerta, que pudiera generar un proceso de destitución por supuesta traición al PAN. Sin embargo, la manera de sancionar a la dirigente desde el punto de vista político es que no se le permitió abogar a favor de Eduardo Alcántara en el proceso de impugnación que inició contra el triunfo electoral de Jesús Zaldívar.

Las sospechas contra Genoveva Huerta comenzaron desde el proceso electoral de gobernador de este año, ya que desde el Comité Directivo Estatal del PAN se cancelaban muchos actos de campaña del entonces aspirante a la titularidad del Ejecutivo, Enrique Cárdenas Sánchez.

Y esa situación se percibió no necesariamente por una queja de Enrique Cárdenas, quien vivió extraviado en la contienda electoral de este año, sino por los observadores que el CEN del PAN mandó a Puebla para evaluar el desempeño del partido. Fue cuando se detectó que la dirigente estatal era el principal factor para que las actividades de esta fuerza política siempre se hicieran con desgano y desorganización.

La fallida impugnación

Eduardo Alcántara y su equipo, encabezado por Pedro Gutiérrez, basaron su impugnación en el supuesto hallazgo –en un sanitario de un Italian Cofee– de un conjunto de boletas oficiales que se usaron en la asamblea del 26 de agosto y que aparentemente estaban marcadas a favor del aspirante contrario a Jesús Zaldívar.

De acuerdo con su dicho, el número de papeletas era similar a la diferencia de votos con que Zaldívar le ganó oficialmente a Alcántara. Por tanto, decían que se había “rasurado” la elección para hacer un fraude.

Dicho argumento –dicen los enterados– no procedió por dos razones:

Primera: sólo se habrían acreditado entre 30 y 40 boletas que aparentemente se encontraron fuera de la asamblea, que en nada es un número cercano a la ventaja de votos que consiguió Zaldívar.

Segunda: la presidente del PAN, Genoveva Huerta, informó que se habían mandado a imprimir 5 mil boletas para la asamblea municipal del 26 de agosto. Con base a este número, la gente de Alcántara calculó que había un margen de papeletas para argumentar que habían desaparecido muchas de dichas impresiones.

Con lo que no contaron, es que el equipo de Zaldívar y los representantes electorales del PAN realizaron un conteo de boletas, previo a al inicio de la asamblea en cuestión, y surgió que en realidad había 4 mil 6 papeletas, no las 5 mil que decía Genoveva Huerta.

Y al final se ha demostrado que no faltan papeletas entre los votos válidos, los anulados y las boletas que no se usaron.

Eso no da cabida a la versión del grupo de Alcántara de que se sacaron de las urnas las boletas que le daban el triunfo a este candidato.

O eso es lo que parece.