Lunes, enero 19, 2026

Comienza una liga Muy-X

Destacamos

Vamos a pasar piadoso velo de silencio sobre lo del sábado en Atlanta, un episodio más del concacafkiano culto al balón cuadrado, con México pasando angustiosamente sobre Trinidad y Tobago, potencia indiscutible, gracias a un gol que entró por puro milagro, luego del tropezón, machucón y rebanada de Raúl Alonso, otro que está en el Tri porque Dios es grande y el Chepo practica un refinado masoquismo. Con decir que Layún fue el mejor del equipo está dicho todo.

Hecho lo cual, habrá que referirse al naciente torneo Apertura 2013, pues, nos guste o no, la marcha futbolística del país sigue descansando en la liga de Primera División, con sus altas y bajas inevitables. Aunque sea una liga que no funciona como tal –desde que los minitorneos la suplantaron–, con clubes que son en realidad franquicias abiertas al mejor postor –o a la impunidad de gobiernos derrochadores y irresponsables–, con equipos que sólo por milagro pueden llegar a serlo –basados como están en la sustitución compulsiva de planteles seismesinos– y con una crítica “especializada” antojadiza o de plano inexistente. Pero, en fin, debe ser lo que nos merecemos –minicampeones y pseudodescensos incluidos–, y es de lo que corresponde hablar y comentar durante la mayor parte del año. De modo que armémonos de valor y vamos ahí.

 

El Puebla

 

Sería precioso incluir a nuestra bienamada franja –que sigue sin ganar en casa– entre los animadores del minitorneo recién estrenado. Poder referirnos a Manolo Lapuente –¿cuánto hace que un entrenador del Puebla no repetía en la temporada siguiente?– como ese hechicero cuyas pociones mágicas y vasta experiencia bastarían para devolver al equipo a niveles protagónicos y, en fin, presentar una cara optimista en estos principios de campaña. Pero… Lo impide la ausencia de una directiva confiable, de un proyecto futbolístico visible y de un plantel pensado para ganar y proporcionarle al hincha espectáculos atrayentes y resultados satisfactorios.

Esa es nuestra cruz. Que por muy buena voluntad que uno tenga, resulta imposible encontrar motivos para la esperanza. Pareciera que los directivos –cualesquiera que sean, en medio de la mareante danza de prestanombres y opacidades al uso–, una vez comprobado que los abnegados seguidores del Puebla se acostumbraron a conformase con poco, esta vez hubieran decidido pasar de ese poco o poquísimo a la categoría de casi nada, que es más o menos lo que, a primera vista –y ojalá me equivoque– promete el “nuevo” plantel franjado, carente de un solo nombre medianamente ilusionante entre las incorporaciones recientes, sin ningún resultado alentador que ofrecer durante la pretemporada, y con un cociente inicial que, según es ya habitual, sólo promete la repetición de pasadas zozobras durante las jornadas definitorias del próximo descenso.

Aunque, a buen seguro, los propietarios –que en una de ésas saben de futbol lo mismo que yo de waterpolo– ya tienen en agenda la posibilidad de adquirir al próximo equipo de Primera A que conquiste el ascenso. Como lo hicieran hace poco el gobernador de Veracruz con La Piedad o el de Chiapas con el San Luis.

 

Por cierto

 

Maravillas del futbol mexicano: hace un par de meses jugaban entre sí, por un puesto en Primera División, La Piedad y Toros Neza, hoy formalmente desparecidos como tales. ¿En qué situación quedan los seguidores de ambas escuadras, vendidas y trasladadas como franquicias a otros lares, luego de haberlas respaldado con su entusiasmo, sus ilusiones y su dinero durante quién sabe cuánto tiempo? ¿Estarán pensando, tal vez, en la defunción de una época en que valía la pena apasionarse por un club determinado, y se solía heredar ese apego a hijos y nietos?

 

Copa Libertadores, primera final

 

Al menos, los hinchas del Olimpia de Asunción no están en tan penosa situación. Cuentan ellos con un equipo fundado hace 112 años, que ha sido tres veces campeón de América y que el miércoles, en su estadio Defensores del Chaco, los puso locos de contento al vencer 2–0 al Atlético Mineiro –con todo y esa afamada estatua de sal llamada Ronaldinho–, en el partido de ida por la Copa Libertadores. Para mayor drama, el decano de los clubes guaraníes tuvo que resistir un regular meneo en los primeros minutos, antes de que el uruguayo Alejandro Silva pusiera a funcionar el marcador (22’) y diera la vuelta a la tortilla, que en lo sucesivo tuvo un marcado sabor paraguayo. Es decir, que el partido se torno tenso y forcejeado, sin que la pizarra volviera a modificarse. Hasta que, en el colmo del suspenso, porque se jugaban minutos de descuento, un tiro libre, lanzado con gran precisión por Wilson Pittoni, batió de nuevo la meta de Víctor para permitir que, la próxima semana, el once dirigido por Ever Almeyda viaje a Belo Horizonte para jugar la vuelta con la relativa tranquilidad que infunde un 2–0 favorable.

Eso sí, de la calidad del juego poco hay que decir.  Predominaron los nervios y el pelotazo, y el futbol estuvo ausente. Con un agregado un si es no es nostálgico: este Atlético Mineiro es el mismo –igual de disfuncional y huérfano de estilo– al que Xolos de Tijuana debió eliminar en su propio  estadio MIneirao, de haber acertado Riascos en el cobro de aquel penal de último minuto, tan mal ejecutado que el guardameta Víctor se lo desvió casi sin querer.

 

Dilma calla a Blatter

 

El presidente de FIFA, muy suizo él, divulgó esta profunda reflexión a mediados de semana: “Las manifestaciones y problemas surgidos durante la Copa Confederaciones nos hacen pensar que tal vez nos equivocamos al confiarle a Brasil la organización de la próxima Copa del Mundo”. El tipo, claro, está pensando en el dinero, por cuanto perturbaciones sociales como las recientes –o incluso peores– pudieran afectar los ingresos calculados por Zürich, que ellos mantienen en riguroso secreto, seguramente para no espantarnos con los multimillonarios montos que se embolsa su insaciable transnacional cada cuatro años, luego de obligar a los países sede a realizar ingentes gastos a cambio de ese engañoso juego de espejos que es el cultivo de la imagen nacional.

Pero no pasaron ni 24 horas para que Joseph Blatter encontrara justa respuesta. El boletín gubernamental fue breve pero contundente: “Brasil es un país democrático, donde los ciudadanos tienen derecho a manifestarse y a que sus demandas sean atendidas. El normal desarrollo y la seguridad de nuestros visitantes a la Copa del Mundo 2014 están garantizados, como lo estuvieron durante la pasada Copa Confederaciones”.

Claro que, retórica y dignidad gallardamente defendida aparte, habrá que esperar a ver qué sucede cuando lleguen los días del mundial próximo y los Juegos Olímpicos de 2016.

 

El Barça y Tito Vilanova

 

La pasada liga de España, ganada por el Barcelona igualando la marca de 100 puntos implantada un año atrás por el Real Madrid, estuvo dedicada por directiva y plantel al jugador Éric Abidal y el director técnico Tito Vilanova, unidos por la coincidencia de una grave enfermedad, valientemente resistida. Abidal, obtenida el alta y jugados incluso algunos partidos más como blaugrana, se ha incorporado al Mónaco; pero Tito, que estaba entrenando al equipo con toda normalidad, recibió este viernes esta pésima noticia: su cáncer está de vuelta, y lo obliga a someterse a un tratamiento cuya intensidad y riesgo son incompatibles con el desempeño de su cargo. Por tanto, el Barça tiene que buscar a toda prisa un nuevo entrenador justo cuando casi todos –salvo Bielsa, Heynckes y el “Tata” Martino–, tienen contrato vigente con sus equipos.

La dimensión del problema, su honda resonancia humana, sobrepasa con mucho el mero interés por saber quién será el próximo director técnico del equipo que revolucionó a fondo el futbol de este siglo XXI. Es como si una voluntad oscura estuviese empeñada en amargar los logros y alegrías de un tiempo de abundancia, con el advenimiento de una era duramente adversa, que se inició con el alejamiento de Guardiola para recrudecerse con la humillación a que el Bayern sometió al equipo culé en la pasada Champions. Y ahora con un golpe que apunta a la sensibilidad profunda del equipo, su directiva y sus seguidores.

Definitivamente, 2013 está enfrentando al Barça a un viacrucis que nadie esperaba ni ninguna institución tendría por qué merecer. Máxime si se considera lo mucho que el Barcelona –este Barcelona en particular– le ha regalado al futbol en general. Como demostración práctica y estética de que el juego puramente físico e industrializado puede no ser el destino inexorable y último del deporte rey.

 

El Tour 100, para Chris Fromme

 

Ayer festejó París el final de la versión número 100 del Tour de Francia, que es para aquel país y sus habitantes mucho más que una prueba ciclística: un rito, una leyenda, la expresión máxima que el deporte pueda alcanzar. Vencedor fue Chris Fromme, británico nacido en Kenia y, por tanto, el primer africano en ganar la mítica carrera. Más allá de la atinada estrategia y los apoyos de su equipo, la superioridad de Fromme fue rotunda y así lo reconoce todo mundo.

Al portador del mallón amarillo lo acompañaron en el podio un colombiano, Nairo Quintana –Colombia sigue siendo cuna de grandísimos trepadores– y el español Joaquín “Purito” Rodríguez, con su paisano Alberto Contador como la gran decepción del evento. Y fue cosa de ver y gozar la celebración parisina de esta centésima edición de la mítica carrera que cada mes de julio recorre Francia, y que de acuerdo al calendario no coincidió con su centenario, pues la primera versión de Tour se corrió en 1903 y en el camino se perdieron los años ominosos de las dos grandes guerras europeas del siglo XX.

Por vez primera, los ciclistas arribaron de noche a la plaza Charles de Gaulle y el Arco del Triunfo, antes de ascender hasta la plaza de la Concordia. Los aclamó una multitud incalculable y jubilosa, que disfrutó la fiesta a plenitud hasta bien entrada la madrugada.

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