Sábado, mayo 25, 2024

Colectivos de Puebla coinciden que lo posible es la articulación y la organización

Los cacomixtles resisten, reclaman su derecho a la tierra, al agua y a la vida digna

“En el nombre del paxtle, del ixtle y de los siete anillos del cacomixtle”, es la frase que algunos pueblos originarios suelen decir cuando se topan a esta especie nativa que es parecida a un gato, pero con la cola anillada, larga y esponjada, pues consideran es de buena suerte su encuentro.

“En el nombre del paxtle, del ixtle y de los siete anillos del cacomixtle”, también fue el grito de batalla de los más de 15 colectivos que se reunieron días atrás como parte de El tiempo de los cacomixtles, táctica (re) (des) organizarnos, una activación del Colectivo Acción Directa Autogestiva (ADA) y Técnicas Rudas para visibilizar, mapear las problemáticas y riesgos de los proyectos artísticos, culturales, sociales y agroecológicos, las esperanzas que hay en ellos y lo que sí es posible: la articulación y la organización.

La activación, que ocupó el Espacio cotidiano, un cubo expositivo del área de Proyectos de arte contemporáneo de la licenciatura en Arte Contemporáneo de la Universidad Iberoamericana de Puebla, propuso también la creación de un mapa colectivo en el que se situaron cada uno de los colectivos participantes: Barrio Gráfico, Salvajes Viajeras, Los Tamalistas, La Fábrica, el Centro de Bienestar Xonaca, Casa Conejo, El callejón del Gañán, granja La tierra, Tianguis Alternativo, Vabieka, Libélula, Casa Olinka, Colectivo La 15, Komuna Antripatriarcal, Técnicas Rudas y Colectivo ADA. 

El tiempo de los cacomixtles, señaló Itzell Sánchez, miembro de ADA, señaló que era un ejercicio de mapeo comunitario, de reconocimiento, de nombrarse desde la poesía y desde lo que se está viendo es posible. Lo anterior, porque se reconoce la realidad que “es terrible”, con la violencia, los homicidios, los feminicidios, las desapariciones, el crimen organizado, el despojo, el extractivismo, la contaminación, la violencia patriarcal y del narcoestado, la pobreza y la discriminación.

También, continuó la artista y activista, la activación giraba en torno a reconocer la importancia de nombrarse desde lo que está siendo posible, de los esfuerzos colectivos que construyen realidades más allá de lo establecido, como dicen los zapatistas, que hay “otros mundos posibles”. 

“Nos negamos a reproducir las narrativas hegemónicas, (porque) existen otras narrativas, otra historia, otro tiempo, entonces llegó el momento de hablar de los cacomixtles”, dijo rodeada de la multiplicidad de colectivos y saberes.

En su mensaje, Itzell Sánchez mencionó que los cacomixtles, palabra que viene del náhuatl tlacomiztli, que significa mitad gato, dijo que son una especie que estaban aquí desde antes que estuvieran las iglesias, Casa Aguayo –sede del poder Ejecutivo-, Ciudad Judicial, Secretaría de Cultura, la Volkswagen, la Coca Cola o la Bonafont –empresa de agua señalada por la extracción abusiva de mantos acuíferos en la región de Cholula-.

“Muchos cacomixtles se vieron obligados a salir de sus casas cuando construyeron Angelópolis –la zona comercial de alta plusvalía- y también la Ibero –sede de la activación artística-, pero a pesar de haber sido despojados de sus tierras no se van, resisten, andan dentro del territorio, reclamando su derecho a la tierra, al agua, y a la vida digna. Te los puedes encontrar en cualquier parte, en cualquier tiempo, siempre sigilosos, siempre con estrategia, siempre adaptándose, siempre entre las grietas”, dijo Sánchez de manera enérgica y al mismo tiempo conmovida.

Por tanto, dijo que a ellos, los colectivos y los que trabajan de manera colectiva y horizontal, les gusta pensar que los cacomixtles comparten un poco de su esencia insurrecta. “Nos enseñan que no es tiempo de capitalismo, es tiempo de esparcir semilla, de comprometer todo el cuerpo para moverse, de reclamar el derecho a existir y habitar este territorio (…) La realidad se tornará llena de fortuna, amor y positividad”. 

 De grietas, humor femenino, disidencia, amor a la tierra y colectividad

Uno a uno los colectivos que se dieron cita en El tiempo de los cacomixtles expusieron, a manera de mural, las palabras, frases ideas y realidades que tienen en contra: apatía del público, ingobernabilidad, falta de recursos económicos, proyectos y descanso, individualismo, etiquetas, inseguridad, precariedad, desarticulación, robo de equipo, saqueo de ideas, privilegios de algunos, entre otros más.

A un lado aparecieron algunas estrategias: el descansar cuando sea necesario, el tener prácticas de cuidado, el evitar la tercerización, el hacer uso del cuerpo y la acción más que de las obras, e incluso, el terminar con el modelo de las carreras de arte.

Luego, de manera rápida, tomaron la palabra para exponer sus proyectos. Comenzó Esmeralda, de Barrio Gráfico, un taller ubicado en la 8 norte 402 formado hace cinco años que busca hacer accesible la gráfica, acercando la obra y el artista al público, lejos de la frialdad de un museo, privilegiando el trueque y la difusión popular del grabado.

Siguieron Paula y Santos de La 15, colectivo con 16 años de trabajo, de habitar el espacio que hace proyectos de arte, educación y tecnología que propone como “grietas para hacer currículas ocultas”, que “hacen unas cosas para hacer otras”, que ha colaborado con sus pares primero en el barrio de San Miguel, luego fuera del cubo blanco y ahora en la calle. 

Tomó la palabra Martín, de Casa Conejo, espacio autogestivo ubicado en el oriente de la capital, que el próximo 15 de abril cumple siete años de ser un espacio de arte, “refugio de los estudiantes de la Universidad Tecnológica de Puebla”, que es también taller y galería. 

Siguió el Centro de Bienestar Xonaca, que en voz de Carlos, uno de sus integrantes, es un espacio comunitario, lo suficientemente céntrico y al mismo tiempo alejado para no ser apoyado, que ocupa la llamada Casa del obispo del siglo XVIII, que fue luego un restaurante, un predio abandonado y retomado por los vecinos, que luchan por mantenerlo y activarlo con teatro, música, artes plásticas y deportes, como lo será el Festival de primavera del próximo 19 de abril.

Apareció Daniel, de los Tamalistas, quienes desde hace 20 años impulsan un taller de construcción de calaveras monumentales que luego desfilan en torno al día de muertos; seguido de Verónica e Irasema, de Vabieka, un festival gestado en 2018 para exponer el humor femenino, el que “una mujer es hacedora de humor y no objeto de humor”, que cumplirá su quinta edición en mayo próximo.

Se sumaron Majo, del Colectivo Huitzil Urbano, el CHU, que trabaja en la colonia Granjas de San Isidro con una biblioteca en la que se fomenta la lectura; el Callejón del Gañán, espacio nombrado en honor del Gañán, el perro que fue compañero del fundador Héctor, que fomenta la lectura a través del cine, la fotografía, la música y los libros; y Laura, promotora de Hombros Abiertos, proyecto de ilustración científica en el espacio público.

Al centro del espacio aparecieron Celeste y Gema. La primera, fundadora de Libélula espacio creativo ubicado en la 7 Oriente 9, que gira en torno a la danza y el movimiento, que cuestiona la idea de los cuerpos hegemónicos y el entrenamiento casi militar de la disciplina, que apuesta por la autodefensa, la libertad y el trueque. La otra, impulsora del laboratorio artístico que facilita el aprendizaje de diversos estilos de danza, que busca el encuentro entre mujeres, que es autogestivo, taller y también busca el trueque.

Tomó la palabra Marianne, quien desde la academia acompaña luchas y movilizaciones sociales de defensa del territorio, que busca ser un espacio que “no drene ni imponga” sino que sea orgánico en su activación; Selene, de granja La tierra, que tiene 21 años de promover la autonomía y la permanencia de tecnologías limpias, que con sus redes, talleres, su bosque comestible y sus trueque busca la autonomía del sistema económico actual; y el Tianguis Alternativo, espacio sabatino con 18 años que impulsa la producción y el consumo agroecológico, colectivo y autogestivo.

No faltaron Alma, del propio Espacio cotidiano que es de estudiantes pero se abre a la comunidad artística; Hugo, de La Fábrica, espacio gestado en 2017 que podría cerrar, no obstante, “sus obreras” continuarán y en el futuro retomarán el proyecto; Dawn, periodista de Ojala.mx, un portal feminista e internacional; y la cooperativa Onergia, que impulsa la educación y la formación  de las mujeres, para desmasculinizar el rubro energético.

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