Domingo, abril 11, 2021

Chiribiquete y naledi

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A lo largo de este año, producto de mis intereses académicos e informativos en general, me he topado con varios descubrimientos arqueológicos y paleontológicos  recientes que me hacen reflexionar sobre lo que sabemos sobre los orígenes de la humanidad y lo que denominamos “ser humano”. Me refiero concretamente a dos productos periodísticos que fueron publicados recientemente en el portal de la BBC y que hablan de dos temas que se encuentran aislados entre sí, pero que juntos se integran al punto que me interesa abordar en este texto. El primero, se trata de la entrevista realizada al arqueólogo Carlos Castaño- Uribe sobre sus hallazgos en los años ochenta del siglo pasado en la región selvática de Chiribiquete en la Amazonía colombiana: una colección de murales en los riscos y los peñascos de la región, con pinturas rupestres (unas 75 mil encontradas hasta el momento) que, de acuerdo con diversos investigadores tendrían una antigüedad de 20 mil años. Estos hallazgos apenas se van dando a conocer debido a que los especialistas querían mantener alejados lo más que se pudiera a los flagelos que afectan las zonas arqueológicas y a las reservas ecológicas: el saqueo, la rapacidad  de empresas dedicadas a la explotación del entorno y el turismo desmedido. Sin embargo, suponen una revolución de pensamiento, como el mismo Carlos lo estipula en su libro “Chiribiquete, la maloka cósmica de los hombres jaguar”: La evolución cultural de las sociedades indígenas del continente americano está siendo profundizada de nuevo, a partir de hallazgos en varios puntos geográficos y ecosistémicos. Una infinidad de sitios y disciplinas están bajo el escrutinio de los investigadores que, con sus datos, enriquecen el espectro de lo que hemos mantenido como dogma en la arqueología. Hemos empezado a entender que las simples bandas de cazadores no eran ni tan simples ni tan itinerantes como se había supuesto y que, como en el caso de Chiribiquete, quizás habían llegado con un modelo cosmogónico y espiritual más elaborado de lo que se había presupuestado”. En efecto, esta región, lo mismo que Pedra Furada en Brasil, cuestionan las teorías que se tenían hasta hace algunos años sobre el poblamiento de América. La más aceptada es que el ser humano habría llegado a América migrando desde Asia por el estrecho de Bering y de ahí habría iniciado su expansión hasta la Patagonia. Esta teoría venía acompañada por los hallazgos de la huella del hombre en diversidad de sitios en el continente siendo los más antiguos los de Clovis, en Nuevo México en torno a los 13 mil años antes de Cristo. Sin embargo, estos fechamientos, en conjunto con otros en Brasil, en México y en Chile no sólo ponen en duda que la cultura Clovis sea la más antigua, sino la llegada misma al continente como ya expuse en mi entrega de esta columna el pasado 23 de julio. Ahora se piensa que podría haber sido desde múltiples vías el poblamiento. Sin embargo, las resistencias por parte de algunos sectores de la Academia no se han hecho esperar. 

Por otro lado, hace unos días el mismo portal de la BBC dio a conocer una hallazgo sorprendente en Sudáfrica: “Un nuevo lote de restos humanos hallados en las profundidades de una cueva de Sudáfrica podría cambiar lo que sabemos hasta ahora de la evolución humana. La datación de los huesos de esta especie conocida como Homo naledi, que incluyen un cráneo adulto casi completo , revela que tienen una antigüedad de entre 335.000 y 236.000 años. (…) el Homo naledi es mucho más joven de lo que se esperaba y, por tanto, habría vivido al mismo tiempo que los individuos más tempranos de nuestras especie, el Homo sapiens”. Por supuesto, encontrar restos tan antiguos es importante; empero acaso lo es más el hecho de que su hallazgo en esta cueva sugiere que los restos fueron depositados ahí deliberadamente por su grupo, lo que implica un comportamiento cultural. Un homínido como el nalediaparentemente tenía un tercio del tamaño del cerebro que tenemos nosotros por lo que se descartaría que tuvieran un comportamiento tan claramente culturalPor tanto, para mí lo que hay que preguntarse ahora es ¿qué entendemos por ser humano? ¿Sólo el hombre moderno es capaz de construir lo que nos define como seres humanos, es decir, la cultura?

A su vez, en un agudo reportaje publicado en El Espectador se hace una ácida crítica a los principales medios internacionales como The Guardian o CNNque lanzaron la noticia de los hallazgos en Chiribiquetecomo si se hubieran dado el día anterior e inclusive omitieron los nombres de los arqueólogos colombianos que descubrieron los murales y el tiempo que llevan estudiando la zona. “Según las notas de prensa- se afirma en el reportaje– el ‘descubrimiento’ es tan impresionante, que el canal Channel 4 produjo y grabóel documental Misterios de la jungla: reinos perdidos del Amazonas, que se estrenará este sábado 12 de diciembre para el público inglés. Ella AlShamahi arqueóloga (sin experiencia en temas amazónicos) y presentadora del documental aseguró que el sitio es tan nuevo que aún no tiene nombre’”. El asunto, según el reportaje , es que no sólo el conocimiento científico se encuentra colonizado sino también su difusión. Es tanto como decir que si uno de estos medios no da la noticia de la existencia del sitio, éste prácticamente no existe, tan terrible como suena. La discusión, por tanto, radica en comprender cómo se establecen las condiciones del conocimiento, quién las formula y quién determina la forma que se da a conocer. ¿Por qué un grupo de académicos son los que determinan que un ser humano es humano, que una herramienta es una herramienta y que una expresión es más o menos humana? A estas alturas es una ingenuidad pensar que el conocimiento es impoluto y que se produce al margen de lo político, de nacionalismos o regionalismos o de sentimientos de superioridad de una especie sobre la otra sustentados en interpretaciones cómodas de los procesos evolutivos.No extraña que la resistencia a aceptar evidencias de los hallazgos o la premura por darlos a conocer o dictaminar su pertinencia sea occidental, especialmente por las academias norteamericanas. Es fundamental que los docentes e investigadores de las diferentes disciplinas encargadas de estudiar, reflexionar y enseñar estos temas desde las humanidades y las ciencias en general, empecemos a cuestionarnos estos temas a partir de estos hallazgos y no apostemos demasiado a las “certezas” que nuestras disciplinas supuestamente nos brindan. Es imperativo combatir el colonialismo también en estos espacios. Es más ¿deberíamos seguir hablando de disciplinas en un mundo que nos ha demostrado de forma contundente que lo que se necesita es lacomprensión de la complejidad y la diversidad desde múltiples ópticas? También es necesario empezar a construir una historia de América desde nosotros, con nuestros ritmos y atendiendo a nuestras evidencias, usos y costumbres y metodologías. Parece difícil y seguramente lo será pues tenemos mucho de ese colonialismo inserto en nuestras fibras académicas y sociales con mucha fuerza. Sin embargo, hacerlo resulta fascinante.

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