“Gracias a las mujeres de la patria. Que se
organizaron en todo Chile para defender los
derechos que tanto les ha costado alcanzar. Desde el
derecho a voto hasta el derecho a decidir sobre su
propio cuerpo”.
Con estas palabras el nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, de 35 años, elegido este 19 de diciembre, iniciaba su discurso de agradecimiento ante miles y miles de compatriotas que llenaron una larga franja de la Alameda, principal vía de Santiago, para festejar el triunfo de la elección más importante desde la caída del dictador Pinochet.
La referencia a las mujeres es sincera y oportuna por cuanto, ahora sabemos, ese contingente de nuevos votos (un millón 200 mil). que se sumó en la segunda vuelta, en su gran mayoría corresponde a mujeres y jóvenes que, ante la arremetida misógina de la derecha extrema, concurrieron a las urnas. Como señaló un estudio, las mujeres vienen forjando su libertad desde 1811, cuando se aprobó la ley del vientre, llamada así para indicar que las hijas e hijos nacidos de madres esclavas eran libres, primer paso para abolir la esclavitud en 1823.
Al terminar su intervención Boric señaló, “Esta noche debemos celebrar, pero lo haremos con tranquilidad. Vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Les pido que cuidemos este triunfo, que desde mañana tendremos mucho por trabajar para reencontrarnos, sanar heridas, y caminar hacia un futuro mejor”. Este símbolo, emotivo y electrizante del mensaje, que los más adultos recordaron de inmediato pues, a pocos metros de ese lugar, en 1970, finalizaba con esas palabras su primer discurso como presidente electo Salvador Allende.
En la primera vuelta celebrada el 21 de noviembre de este año, Gabriel Boric alcanzó el segundo sitio, a una distancia de casi 147 mil votos respecto del vencedor, de extrema derecha, José Antonio Kast, lo cual representaba una dura tarea por delante para las esperanzas populares, por cuanto solo restaba un mes para la elección definitiva. Pero, ¿qué hizo Boric para ganar, con la votación más alta en la historia del país, frente a ese discurso del miedo usado por la derecha? ¿Qué motivó a tantos y tantas sufragantes nuevos y nuevas aparticipar en la elección?
Desde luego, tanto Boric como Kast se preocuparon de capturar los votos de los candidatos que habían sucumbido en la primera vuelta e hicieron esfuerzos en ese sentido, con resultados muy dispares. Kast hizo un viaje a Estados Unidos para reunirse con el senador ultraderechista Marco Rubio y algunos empresarios, lo que solo acentuó su posición política de extrema derecha y su adhesión por el país del norte. Otro error fue pactar con el candidato perdedor Parisi, una suerte de alianza restando importancia a que dicho sujeto está demandado por una pensión alimenticia para sus hijos, y creyendo con ello que sus votantes posteriormente lo apoyarían, cosa que no ocurrió. Los partidos de la derecha tradicional no estaban a gusto con este candidato que se rodeaba de un círculo estrecho, que se jactaban de haber llegado a ese lugar gracias a su nacionalismo, anticomunismo y desprecio por los inmigrantes. Por su parte Boric necesitaba convencer a los votantes de centro y centro izquierda que no votaron por él en la primera vuelta. El problema con esta
franja de electores es que respondía a los partidos clásicos, que estuvieron en el poder 20 años sin que la desigualdad crónica del país hubiese cambiado. Por lo mismo, Boric evitó invocar a los partidos y concentró su llamado en las mujeres, en los jóvenes y adultos que votaron por Yasna Provoste (la candidata de la DC apoyada por los socialistas y radicales). A Parisi lo trató como un personaje indeseable para las madres y sus hijos, lo que sedujo a los votantes jóvenes. Pero principalmente amplió su equipo de campaña incorporando figuras del mundo artístico, intelectuales y profesionales destacados que se identificaban con los partidos de centro izquierda.
Pero la disputa principal no estuvo en la captura de esos votos perdidos, sino en el proyecto de sociedad que se ofrecía a la gente. Nuevamente, las chilenas y los chilenos se vieron en la disyuntiva de optar por ese país seguro, sin delincuentes, ordenado, estático y sin comunistas que ofrecía una vez más la derecha para mantener las cosas tal cual están o, por un país esperanzado en donde los niños y niñas, hombres y mujeres crezcan y vivan respirando la brisa del respeto a la diversidad, el respeto de los derechos humanos y al
medio ambiente, y el derecho a la educación y salud universal. Así, la pelea electoral se canalizó entre el miedo o la esperanza.
Kast cometió errores muy bobos, como traer al país a uno de los opositores del presidente Maduro para que hablara de la crisis de Venezuela, a modo de predicción fatal para los votantes de Boric. Así, aunque Kast hizo concesiones al durísimo programa que había elaborado inicialmente, nunca logró la credibilidad básica para empatizar con la gente. Por el contrario, Boricconsolidó su credibilidad al incorporar en su equipo a una figura de gran protagonismo y adhesión nacional: Izkia Siches, la joven madre y presidenta del Colegio Médico que se había enfrentado con valentía al gobierno, por las torpezas que cometió al inicio del combate al Covid. Izkia, conectó de inmediato con la gente y en 20 días recorrió las regiones, con su bebé y alegría a cuestas. También incorporó al Senador socialista Carlos Montes, uno de los pocos parlamentarios respetados que activó el despliegue territorial en la Región Metropolitana de Santiago.
También Boric se encargó de aclarar que sí estaba preocupado por el crecimiento de la delincuencia, que en ello no va a titubear en las decisiones futuras y que fortalecerá a la policía en su equipamiento y dotación. También debió aclarar que las medidas económicas de su programa, como el alza de impuestos y el término de las Afores, se examinarían nuevamente. Pero lo más importante, como señala un analista, Boric logró conectar a la gente en lo emocional. Su llamado a la esperanza tuvo la magia de congregar a miles de
mujeres, jóvenes y adultos también que, hartos de las payasadas del actual gobierno de derecha, buscan un mejor país para ellos y sus hijos. La llegada de Michel Bachelet, figura aun excepcionalmente gravitante en las emociones de miles de chilenas y chilenos y su apoyo explícito a Boric agregaron la dosis que faltaba para la fiesta.
¿Dio Boric un giro, entonces, al centro? No, sus propuestas de cambio estructural se mantienen firmes. Su relación con el Partido Comunista es de colaboración estrecha, especialmente con sus parlamentarios(as) jóvenes. Su primera acción pública fue asistir al almuerzo que le cursó el Presidente Piñera –hay que respetar las tradiciones, qué diablos–, pero después visitó a la Convención Constitucional, ese órgano en el que tantas esperanzas ha puesto la mayoría del país y, con el cual, obviamente, comprometió su más decidido apoyo.
De esta manera, para Chile se abre un período virtuoso que es resultado neto de las demandas ciudadanas: un gobierno con un Presidente que viene desde las luchas estudiantiles invocando cambios profundos para el país y una Convención Constitucional que, por fin, reemplazará la Constitución de Pinochet. Chile está ante uno de esos momentos cumbres de la Historia, qué duda cabe.


