Miércoles, junio 23, 2021

Checo Pérez gana el GP de Azerbaiyán

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Con sus minaretes islámicos y sus castillos medievales, sus largos puentes y su arquitectura llena de arabescos y detalles preciosistas, la ciudad de Bakú parece un escenario de las Mil y Una Noches contemporáneo. Allí, en sus calles, se corre el GP de Azerbayuán de Fórmula 1. En años anteriores, Sergio Pérez había subido dos veces a su podio. A la tercera fue la vencida. Para ello hizo falta una carrera cuasiperfecta por parte del tapatío. También que Max Verstappen viera truncada la victoria que ya saboreaba por la reventazón de su rueda trasera izquierda y el choque que lo marginó de una carrera para concluir la cual restaban apenas cinco vueltas (46/51). Y que, una vez tomada por los comisarios la decisión de llamar a pits a todos los coches mientras se limpiaba la pista. No es lo habitual, no lo habían hecho minutos antes, cuando Lance Stroll tuvo un percance muy similar y la colorida procesión continuó su marcha detrás del auto de seguridad. En un primer momento, tal decisión se antojó contraria a los intereses del mexicano, que con la defección de Verstappen pasaba del segundo al primer lugar, y favorable a Lewis Hamilton, que gracias a la inesperada nueva largada tendría la oportunidad de rebasar a Checo cuando que, anteriormente, éste había conseguido alejarse poco a poco del tenaz asedio del inglés, echando mano de una gran pericia y un coche más a punto.

Pero el sprint programado para las tres vueltas faltantes iba a resolverse en favor del mexicano, que dejó acelerar a fondo a Lewis en el corto trecho que separa la parrilla de la primera curva, y lo vio salirse de ruta al no poder controlar la frenada, para encaminarse a la victoria con firmeza y aplomo ejemplares. Frente a las cuales tampoco valió el esfuerzo de otro campeón del mundo, Sebatian Vettel (Aston Martin), que hizo una gran carrera para quedar segundo, mientras Pierre Gasly (Alpha Tauri) rebasaba con el último aliento al ferrarista Leclerc –que había sido pole—y le arrebataba el tercer acceso al podio. En un GP atípico, cuajado de incidentes y emociones, también puntuaron Norris (McLaren), Alonso (Alpine), Tsunoda (Alpha Tauri), Sainz (Ferrari), Ricciardo (McLaren) y Raikkonen (Alfa Romeo). Jornada negra para Mercedes, al sumarse el abandono de Hamilton al rezago de Bottas hasta el puesto 12 después de haber largado 10º, lo que ya constituía un fracaso.

Igualó a Pedro Rodríguez. El legendario volante capitalino, muerto por accidente en Nurenberg durante una carrera muy menor (10.07.71) había sido, hasta ayer, el único mexicano vencedor en dos GP de F1: Sudáfrica (01.01.67) y Bélgica (14.06.70). Con la victoria de Sergio Pérez en Azerbaiyán son ya dos los paisanos en cuyo honor han sonado dos las notas de nuestro himno al concluir una carrera oficial de Fórmula 1. Y es probable  que no haya sido ésta la única victoria de Sergio Pérez como piloto de Red Bull, dada la potencia del Red Bull y el punto de madurez del volante nacido en Guadalajara.             

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El Cruz Azul histórico. Ahora que el Cruz Azul consiguió romper con 24 años de frustraciones me vino a la memoria la ejemplar trayectoria de aquel equipo que habría de conseguir su primer título de liga cuando apenas llevaba cuatro años en Primera División y jugaba en el diminuto estadio “10 de diciembre” de Jasso, Hidalgo. De hecho, tampoco eran los cementeros un veterano en Segunda cuando dieron el salto a Primera. Su directiva, con Guillermo Álvarez Macías a la cabeza, había reforzado convenientemente un plantel en el que figuraban aún como titulares algunos de los chamacos que en 1964 habían logrado el ascenso, casi al mismo tiempo que el campeonísimo Guadalajara ganaba por última vez dos torneos largos consecutivos y, para celebrarlo, alistaba una gira por Europa, lujo jamás soñado por ningún equipo nuestro.

Verde es la esperanza. Si el Cruz Azul acaba de proclamarse campeón superando a un equipo de uniforme verdiblanco, su antecesor de hace 52 años también dio la vuelta olímpica luego de derrotar a un contrincante vestido con esos mismos colores. Fue en el Nou Camp leonés, luego de vencer 2-3 a los verdolagas locales con anotaciones de Fernando Bustos, Toño Munguía y autogol de Efraín Loza. Era el domingo 2 de febrero de 1969, antepenúltima jornada de liga, y los entrenaba Raúl Cárdenas, que seguiría en su puesto  hasta coronar la famosa seguidilla de tres títulos consecutivos del período 1971-74. Los jugadores que venían del ascenso eran Héctor Pulido, Fernando Bustos y José Luis “El Gorras” Guerrero, y se les sumaron, también de la cantera, los juveniles Sánchez Galindo, Prado y Hernández Pat. Para ese torneo, Cruz Azul se había reforzado con los internacionales Gustavo Peña (Oro) y Antonio Munguía (Necaxa), con el añadido del atlantista  Marco Antonio Ramírez, dos tapatíos procedentes del Nacional, Alatorre y Juan Manuel Alejándrez, y el pequeño pero incisivo delantero centro del Morelia Lupillo Flores.

Históricas formaciones. La alineación del cuadro que se coronó en tierras leonesas aquel mediodía de cinco decenios atrás fue la siguiente: Alatorre; Ramírez, Peña, Sánchez Galindo y Alejándrez; Pulido, Munguía y Prado; Bustos, Flores y Hernández Pat. Casi treinta años después, el 7 de diciembre de 1997, un Cruz Azul muy distinto conseguía ser campeón en el propio Campo Nuevo de León –quitémonos la manía de nombrar nuestros parques utilizando vocablos en lengua extranjera–, sin sospechar que estaba iniciando una sequía que duró hasta el domingo pasado. Los cementeros que Luis Fernando Tena entrenaba en el torneo Invierno 97 alcanzaron la final luego de eliminar al Atlas (5-1 global) y al Atlante (1-1 y 1-0), y el encuentro jugado en el estadio aledaño a la Plaza México lo habían ganado los azules al León por 1-0 gracias a un penalti ejecutado por Benjamín Galindo con su maestría habitual. También de penal, como muchos nostálgicos recordarán, fue el tanto decisivo, tras aquel inexcusable patadón del arquero argentino Ángel David Comizzo a la altura del rostro de Carlos Hermosillo que le costó la roja al guardameta leonés y le dio la corona a la Máquina una vez cobrada la infracción por el propio agraviado. Ese tanto, anotado en la prórroga de desempate (100´), quebró la igualada conquistada para los locales por Missael Espinoza –auténtico golazo (53´)–, y el encuentro y el torneo terminaron en el momento mismo en que el lanzamiento de Hermosillo hundió la red, pues estaba vigente la disparatada ocurrencia de la FIFA malamente bautizada como gol de oro, un remedo de la solución que en los patios escolares y las vecindades de nuestra infancia respondía a la frase “el que mete gol gana”.

Esa postrera alineación de un Cruz Azul campeón de liguilla –ya que no liga, como sí lo fue la primera de todas en el lejano año 69– era la siguiente: Oscar “Conejo “ Pérez; Lupe Castañeda, José Luis Sixtos, Juan Reynoso (peruano) y Omar Rodríguez; Carlos Barra, Joaquín Moreno, Benjamín Galindo y Héctor Adomaitis (argentino); Juan Francisco Palencia y Carlos Hermosillo. Otros elementos destacados del campeón que se coronó el 7 de diciembre de 1997 eran Julio César Yegros (paraguayo), Héctor Altamirano y Agustín Morales. Jorge Campos, en cambio, solamente alineó en una ocasión durante ese torneo.

Política nacionalista.  Como habrá notado el lector, el Cruz Azul campeón del Invierno 97 sólo alineaba a 2-3 extranjeros por partido y el resto eran nacidos en el país. Y si viajamos otros tres decenios atrás, el primer campeón cementero estaba compuesto íntegramente por elementos nacionales, en franca competencia con el Guadalajara –inalterable en su decisión de contratar solamente mexicanos–. Pero hay un dato adicional, digno de ser pensado y sopesado con atención: no estaban solos la futura Máquina Azul y el Rebaño Sagrado en ese propósito de ser competitivos utilizando exclusivamente jugadores del país –terminaron campeón y subcampeón en aquella Liga del 68-69–; simultáneamente, otros cuatro equipos de Primera División (competían 15) mantenían idéntica política: Pumas de la UNAM (quedó 4º), Atlas (6º ) y León (7º ); sólo Jabatos del Nuevo León, el de nómina más modesta, hizo un mal torneo y acabó descendiendo a Segunda División.

¿Hemos progresado? Bajo ese énfasis afirmativo por el jugador nacional, y considerando la posición de nuestro país en el concierto mundial, ¿era entonces menos que ahora el futbol mexicano? Un debate perfectamente válido que por lo tanto habría que abordar.

Si lo hacemos desde la perspectiva de las dos Copas del Mundo más cercanas, tanto a 1969 como a este 2021, resulta que México fue 11º en Inglaterra 66 y 6º en México 70. Hoy, con nuestros equipos —más franquicias que clubes– cuajados de foráneos por decisión del sacrosanto Consejo de Dueños y su regresiva regla del 8/10, resulta que el Tri, tan promovido por las televisoras y sus jilgueros, ocupó en Brasil 2014 la novena posición, y fue 10º en Rusia 2018. Y en cuanto al incesante trasiego de foráneos tan en boga actualmente, no se puede comparar la media docena de connacionales colocados más o menos bien en clubes europeos con el aluvión de medianías extranjeras que hoy padece nuestro balompié. Ya sin el roce que suponía su participación en la Copa América y la Libertadores debido al servil entreguismo al dólar de los teledirectivos actuales.

A  la fecha, el Cruz Azul suma siete títulos de Liga, dos de liguilla, tres de Copa y fue por dos veces Campeón de Campeones. Y pensar que en 1969, cuando se coronó por primera vez, el reglamento de Segunda División solamente admitía jugadores nacionales, y el de Primera un máximo de tres extranjeros por partido…

Chucky, descartado. A falta de mejores temas, los panelistas de la tele le han dado vuelo en estos días a la peregrina ocurrencia de que Hirving Lozano entraría en los planes de Carlo Ancelotti, flamante reemplazo de Zidane al frente del Real Madrid. Naturalmente, Carletto negó el improcedente rumor sin darle mayor importancia. Lo que conduce a suponer que el Napoli seguramente está considerando desprenderse del Chucky, en vista de lo cual el representante del jugador decidió “calentar” su devaluada posición en el mercado propalando la versión de que lo pretende uno de los gigantes de Europa.

Ergo, Lozano terminará firmando con algún club menor, seguramente fuera de Italia, España o Inglaterra, las tres ligas más señeras del concierto mundial.

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