Miércoles, enero 14, 2026

Celebrar a Fuentes

Numeralias van, numeralias vienen. Del 68, cincuenta años. Otros tantos de Carrington, Arreola, Ibargüengoita, Pita Amor… y del mismo Carlos Fuentes, pese a que lo conmemorado no termine en cinco o cero, abarque una década o no, qué más da. Para celebrar a Fuentes cualquier excusa es bienvenida. Los seis años de su muerte, el 15 de mayo de 2012, los noventa de su nacimiento, el 11 de noviembre de 1928, o los sesenta de que publicará ese canónico libro llamado La región más trasparente, o las remembranzas que sobre su vida y obra hace Elena Poniatowska en Ficción y realidad, un misceláneo y logrado libro coordinado (desde la Universidad Autónoma Metropolitana) por Álvaro Ruiz Abreu, que nos advierte sobre “los retos de la novela contemporánea”.

Escribe Poniatowska:

“Tuve el privilegio de conocer a Fuentes antes de que se hiciera escritor porque íbamos a los mismos bailes en las embajadas y en las casas de Las Lomas y lo observaba sentarse al lado de madres y chaperonas de las hijas que pronto sacaría a bailar y preguntarles si su bolsa era de Hermes o de Cartier y su perfume Chanel número 5, el mismo que Marilyn Monroe usaba de camisón”.

Los años en que la rebeldía de ese joven llamado Carlos Fuentes se gestaba ya.

“Voy a descubrir el lenguaje”, le dijo a su entonces compañera de baile.

“¿El lenguaje?”, preguntó Elena.

“—Sí, voy a perder la inocencia, el lenguaje me va hacer suyo, la palabra me hará vivir y viviré sólo para ella, seré su dueño.

No le entendí bien y sólo acerté a preguntarle:

—¿Y yo?

—Me temo que nunca vas a perder la inocencia, eres una ingenua, pareces monjita”.

1958

No tendría que pasar mucho tiempo para que Fuentes publicara La región…, recuerda Poniatowska, libro que en su “profética” defensa Fernando Benítez sostuviera: “cualquiera que sea el destino del libro mexicano ya no lo espera el miserable y caduco ninguneo”.

Un afán y dos logros tuvo Fuentes, continúa la crónica de Poniatowska.

Afán “totalizador” radicado en la inconmensurable empresa de “cambiar el destino de México al reflejar su sortilegio y su podredumbre”.

“México, por medio de Carlos Fuentes, es un truco de prestidigitación, el encuentro de civilizaciones, el enfrentamiento entre el roto de la colonia Roma —que podría ser Archie Burns— y el caifanazo o el musafir de la Bondojito. Fuentes tiene prisa. Las imágenes pasan rápido, a los diálogos hay que pescarlos al vuelo, no vaya a esfumarse todo. Carlos carrerea a Enrique Creel: “Oye, vámonos de putas porque me faltó el capítulo 13”. El país es México y Carlos va a exponerlo como los muralistas a la historia patria, la superficie del maíz, y el agua quemada —símbolo prehispánico del sacrificio— todo junto pero no revuelto, porque todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar”.

Logros. Inaugurar la literatura como profesión y prestigiarla, “hacerla glamorosa, divertida y respetada”.

“Si todo sirve para escribir sabiéndolo acomodar —subraya Poniatowska—, Fuentes democratiza la literatura, la pone a circular, la vuelve objeto de cambio. Los lectores recurren a Fuentes-autor no sólo para informarse sino para verse retratados y, en ese reflejo, encontrarse a sí mismos. La literatura tiene que ver con la vida real y la vida está en los libros”.

Hasta antes de la irrupción del fenómeno Fuentes, añade la autora de La noche de Tlatelolco, los mexicanos permanecíamos “a la orilla, rumiando sus rencores pensando que si el glorioso visitante en turno nos lo requería, no tenían por qué acudir al banquete. Fuentes vio a los famosos y ¡zas!, en menos de lo que canta un gallo ya estaba enfuentizándolos. Me viene a la cabeza este trabalenguas que asocio con Fuentes: “Perejil comí y me emperejilé ¿cómo me desemperejilaré?”. Después de leer La región más transparente uno piensa que jamás volverá a desenfuentizarse, porque nada tan arrebatado e insaciable como verlo moverse dentro de la piel de sus personajes”.

Asamblea escritural

Reflexiones similares a las de Poniatowska se incluyen también en Ficción y realidad, libro surgido de un salón de clases de la UAM Xochimilco a partir de dos premisas: dar espacio para que los propios escritores expresen sus puntos de vista y ceder la palabra a profesores, críticos e investigadores a fin de que dialoguen mediante códigos con los escritores y las obras, según advierte el propio Ruiz Abreu.

El resultado es siempre una benéfica asamblea donde ficción y realidad se proyectan potencializadas, desde los particulares puntos de vista para conformar un todo dinámico y no concluido, a partir siempre de la observación del género novelístico.

Conclave que Sheyla Valdovinos, autora del ensayo “Macho viejo y Café cortado: lecturas para la vida”, refiriéndose a títulos de Hernán Lara Zavala y Mónica Lavín, compendia bien:

“De cuando en cuando los lectores agradecen la escritura profunda y sensible de sus autores, que pensándolo o no, los acompañan cotidianamente a esa bella vida, a veces feroz y llena de interrogantes que, en compañía de las letras, se hace más emocionante, clara y llevadera. De alguna manera, la realidad del lector empatiza con la ficción de cada una delas historias contadas y entrelazadas por sus narradores.

Ninguna historia personal es singular, todas están siempre latentes en las mentes y corazones de la humanidad, así piensa el cerebro humano. Todo el día vivimos y respiramos historias —incluso los sueños están construidos por éstas—, y no se trata simplemente de entretenimiento, las utilizamos para simular, para ensayar y permitirnos experimentar situaciones o sensaciones, sin tener que correr los riesgos relacionados con vivirlas. Por esa razón la literatura funciona muchas veces como una guía, de ahí nace su poder”.

Ficción y realidad incluye textos de Héctor Aguilar Camín, Juan Villoro, Mónica Lavín, Hernán Lara Zavala, Jacobo Sefamí, Raquel Serur, Sara Poot Herrera, Edith Negrín, Laura Hernández Martínez, Ana Rosa Domenella, Araceli Soní Soto y José Luis Miyamoto.

***

Álvaro Ruiz Abreu, coordinador, Ficción y realidad. Los retos de la novela contemporánea, UAM, México, 216 pp.

@mauflos

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